domingo, 13 de noviembre de 2011

El poder y su beneficio

Silvio Berlusconi no se ocupó de arreglar Italia, pero sí sus televisiones El Congreso italiano allana el camino a la salida de Berlusconi La era Berlusconi en imágenes VÍDEO: Berlusconi en estado puro Pablo Ordaz Roma 12 NOV 2011 - 18:27 CET14 Archivado en:Silvio BerlusconiItaliaUnión EuropeaEuroMonedaEuropa occidentalEuropaFinanzasEconomía Berlusconi / OLIVIER HOSLET (EFE)
Un día de abril de 2006, Silvio Berlusconi convocó a la prensa a la sede del Gobierno para lanzar una diatriba terrible contra los jueces, la banca, la prensa y las grandes empresas. Llegó a pedir, con el rostro inyectado en sangre, que la ONU enviara observadores internacionales a Italia para evitar que los comunistas robaran las elecciones. Unos minutos después, cuando se apagaron los focos y las imágenes de su enfado viajaban ya hacia los telediarios de todo el mundo, Il Cavaliere -enganchado al aplauso como a una droga- desveló divertido a los periodistas presentes que todo había sido una representación. Las imágenes que ahora, en el ocaso de su reinado, los medios ofrecen como resumen de su trayectoria al frente del Gobierno de Italia se parecen más a las de un actor secundario que a las de un mandatario de primer nivel. Ninguna descubre su verdadero rostro. El de un empresario voraz que utilizó hábilmente el teatro y la política para consolidar su fortuna y, sobre todo, evitar la cárcel. De cantante en cruceros a primer ministro Nacido en Milán el 29 de septiembre de 1936, hijo de empleado bancario y ama de casa, estudiante en los Salesianos, licenciado en Derecho, cantante de cruceros, fotógrafo ocasional en bodas, bautizos y funerales, millonario desde los 30 años gracias al negocio inmobiliario, a la televisión y al intercambio de favores con el poder -no importaba que este fuera socialista o democristiano--, Silvio Berlusconi no tenía necesidad, a sus cincuenta y muchos años, de complicarse la vida por Italia. Salvo que esa complicación fuese, en realidad, la cuadratura del círculo. La manera de blindar a sus empresas, ahorrarse cientos de millones en multas y, gracias a las ventajas del cargo y a un sinfín de leyes confeccionadas a la carta, evitar la cárcel. No se puede descartar tampoco que su entrada en política estuviera -tal como declaró- inspirada además por un deseo sincero de evitar que la marea roja llegase al poder, pero de esto último no hay pruebas, y de lo otro, muchas. "Mi hija pequeña", declaró Berlusconi en 1993 apuntando ya maneras del gran populista en que estaba a punto de convertirse, "dice que su papá arregla televisiones. Ahora le diré que no tendré tiempo de seguir arreglando televisiones porque tendré que arreglar Italia".
Las imágenes que ahora, en el ocaso de su reinado, los medios ofrecen como resumen de su trayectoria al frente del Gobierno de Italia se parecen más a las de un actor secundario que a las de un mandatario de primer nivel El chascarrillo resultó ser falso. Berlusconi, a la vista está, no se ocupó en absoluto de arreglar Italia -los datos, no solo económicos, son espantosos--, pero sí siguió arreglando sus televisiones. De hecho, sus ansias de poder político se despertaron ante la decadencia de su gran padrino, el socialista Bettino Craxi, poderoso presidente del Gobierno entre 1983 y 1987. La amistad, llamémosle así, que logró forjar con Craxi define muy bien el carácter y la trayectoria del presidente que ahora se va. Gran olfato para los negocios y mejor para los amigos. En primer lugar, Silvio Berlusconi empezó a convertirse en un magnate, y no en un simple promotor inmobiliario, con la construcción de la urbanización Milano 2. Aunque al principio le resultó difícil encontrar compradores para los 4.000 pisos construidos de una tacada, en cuanto lo consiguió multiplicó el negocio creando un canal de televisión privado para los residentes en la urbanización. La proverbial ayuda del todopoderoso presidente Craxi hizo el resto. Le otorgó licencia para convertir aquella especie de vídeo comunitario en Canale 5, la principal emisora de televisión italiana. El trato no pudo ser mejor. Craxi convertía en supermillonario a Berlusconi y éste se convertía a su vez en el principal financiador del Partido Socialista. La colaboración mutua, esa amistad sincera, superaba el descaro. Valga un ejemplo. Entre 1983 y 1984, Berlusconi amplió su poder televisivo comprando nuevos canales -Italia 1, Rete 4-y poniéndolos en conexión con una gran red de televisiones locales bajo el dominio de la sociedad Mediaset, frente a la cual situó a su gran amigo Fedele Confalioneri, el mismo que le acompaña al piano cuando el joven Silvio cantaba en los cruceros por el Adriático. La RAI -la televisión estatal-demandó a Mediaset porque sus tres canales se dedicaban a emitir en interconexión en todo el territorio nacional, lo que contravenía la legislación vigente. Tres jueces a la vez -de Roma, Pescara y Turín- condenaron a Meidaset a cerrar sus instalaciones, pero inmediatamente Bettino Craxi acudió en socorro de su amigo y derogó, por decreto, las leyes que fastidiaban a Berlusconi. El escándalo fue sonado. La primera piedra sobre la que se edificó una catedral de descaro y sinvergonzonería. Cuando, a principios de los noventa, la Operación Manos Limpias empezó a descubrir la podredumbre sobre la que estaba sostenida la Primera República, Bettino Craxi tuvo que huir a Túnez -donde murió el año 2000- con su reconocida culpabilidad a cuestas. Berlusconi, el gran superviviente, no solo se salvó de la redada, sino que comprendió rápidamente un detalle que marcaría hasta nuestros días la política italiana: ¿qué necesidad hay de pagar a los políticos para qué hagan las leyes que necesito si las puedo hacer yo mismo desde el poder? Hasta ese momento, la desfachatez consistía en que todo el mundo sabía en Italia de la existencia de "un partido de Berlusconi", esto es, un grupo de parlamentarios que, con independencia de su adscripción política, cuidadaban los asuntos del empresario en el Congreso y el Senado. Nada comparado con lo que estaba por venir. La llegada de Berlusconi a la política se produjo con un discurso del que se recuerda sobre todo una frase: "Italia es un país que amo". Hablaba de su padre, del hombre hecho a sí mismo, del esfuerzo de los emprendedores, del éxito que había logrado con sus empresas y que estaba dispuesto a trasladar al resto al resto del bello país. Vende ilusiones y una buena parte del electorado, cansada del ambiente viciado de la política tradicional -tan viciado que ni se da cuenta del peligro que se les venía encima-termina por comprar la mercancía. El gran populista que llevaba dentro había terminado por fin de romper el cascarón. De hecho, no mucho antes, cuando el cierre judicial de Canale 5, una multitud de consumidores de telebasura -también ese mérito hay que colocar en el casillero del gran estadista-salió a la calle su dosis diaria de droga. Ahí tenía dispuesta a su infantería para llevarlo al poder, incluso para sostenerlo una vez demostrado que, ya en Palacio Chigi, se olvidaba de sus promesas insignias -bajar los impuestos, favorecer a los pequeños empresarios, subir las pensiones mínimas- y en cambio sacaba a relucir sus verdaderas preocupaciones. Valga otro ejemplo. Para las elecciones de 2001, los carteles de la campaña de Berlusconi lo retraban con un casco de albañil y una lema: "Un presidente obrero". Pero la primera medida fue eliminar un delito, el de presupuesto falso, por el que habían sido condenadas algunas de sus empresas. Lo que viene a continuación ya es más conocido. Y aún más triste. Antes de destaparse como un viejo verde capaz de utilizar su inmensa fortuna y la maquinaria del Estado para celebrar orgías, Berlusconi era el gracioso oficial que, durante las cumbres internacionales, se dedicaba a poner los cuernos al ministro español Josep Piqué, a hacer rabiar a Angela Merkel o a definir a Barack Obama como "joven y bronceado". Si algún día la tuvo, todo eso dejó de tener gracia cuando todos los diarios del mundo dan cuenta de que, en las bacanales del presidente de Italia, hay implicadas menores de edad y un harén de jovencísimas prostitutas. Ya Berlusconi no solo tiene que responder ante la justicia por el abuso de poder relativo a sus empresas sino también por otro tipo de abuso más ruín, más rastrero. Los sectores que siempre le habían apoyado -los empresarios, la Iglesia, ciertos intelectuales orgánicos-empiezan a huir de él como de la peste. Es ya, oficialmente, una vergüenza para Italia. El viejo caimán -como lo bautizó para siempre Nanni Moretti-se defiende atacando. Es cosa de la prensa. De los jueces. De los comunistas. En su etapa final ya no lo cree nadie, pero aún dispone de un cajón lleno de secretos y de una fortuna de alrededor de 9.000 millones de euros para seguir comprando voluntades. Su caída es dramática, pero lenta. Tan lenta que, si no llega a ser porque Italia bordea el precipicio de la bancarrota, es muy posible que Il Cavaliere aún siguiera un tiempo más escondiéndose de los jueces tras las cortinas del Palacio Chigi. De convicciones religiosas, un día proclamó que estaba "ungido por Dios". Como el mismo diablo.

EL FIN DE UNA ERA EN ITALIA : La crisis barre a Berlusconi del poder

El primer ministro presenta su dimisión al presidente Giorgio Napolitano, tras la aprobación en el Congreso del proyecto de Ley de Presupuestos para 2012, que incluye algunas de las medidas de ajuste exigidas por la UE El Parlamento acelera el adiós a Silvio Berlusconi Berlusconi en estado puro La era Berlusconi, en imágenes La UE destaca que Italia "necesita reformas, no elecciones" Monti, el ‘gentleman’ tecnócrata PABLO ORDAZ | ROMA 12 NOV 2011 - 17:51 CET229 Archivado en:Silvio BerlusconiMario MontiItaliaCrisis financieraGiorgio NapolitanoRecortes presupuestariosDimisiones políticasPDLPD ItaliaEuropa occidentalEuropaConflictos políticosPartidos políticosFinanzasPolítica Silvio Berlusconi saluda a la salida de su residencia en Roma para dirigirse a presentar su dimisión al presidente Napolitano / FILIPPO MONTEFORTE (AFP)
Los italianos nunca olvidarán el sábado 12 de noviembre de 2011. Minutos antes de las diez de la noche de un día interminable, y después de agarrarse desesperadamente a un poder que no supo ostentar con dignidad, el magnate de la comunicación Silvio Berlusconi, de 75 años, dimitió finalmente como primer ministro del Gobierno de Italia. No lo hizo por haber perdido la mayoría parlamentaria ni por estar inmerso en cinco procesos judiciales por inducción a la prostitución de menores y fraude fiscal. Solo aceptó marcharse después de que la Unión Europea (UE) y los mercados pidieran su cabeza al presidente de la República, Giorgio Napolitano, a cambio de tender la mano a una Italia en quiebra. Solo cuando ya parecía irreversible la dimisión de Silvio Berlusconi, los italianos han salido a la calle a celebrarlo. Antes, no se atrevieron. Diecisiete años de contacto casi continuo con su forma tramposa de hacer política hacían temer cualquier maniobra de última hora. De hecho, tras anunciar el pasado martes que dimitiría después de aprobar los presupuestos de 2012 con los ajustes exigidos por Bruselas, todavía hizo un amago de quedarse en el poder hasta la celebración de elecciones anticipadas. Solo la acción contundente del presidente Napolitano logró inmovilizarlo en su decisión y acelerar su salida del poder. Pero Berlusconi, genio y figura, mantuvo la tensión hasta el final. Después de que el Congreso aprobara de forma definida los presupuestos de 2012 con las enmiendas de Bruselas, él siguió protagonizando en su palacio particular y en la sede del Ejecutivo una interminable sucesión de misteriosas reuniones con el objetivo, se supone, de dejar a algunos de sus hombres guardándole las espaldas en el nuevo gobierno técnico. Un nuevo Gobierno que el presidente de la República, urgido por la desastrosa situación económica del país, pretende que sea de consenso, si bien esta es una palabra que lleva décadas arrumbada en la política italiana. Las últimas horas fueron prueba de ello. Aunque Giorgio Napolitano nombró el miércoles senador vitalicio al prestigioso economista Mario Monti, de 68 años, en un gesto inequívoco para impulsar su candidatura a presidir el gobierno de emergencia, varios partidos políticos —entre ellos el Pueblo de la Libertad (PDL) de Berlusconi— intentaron torpedearla. No se sabe aún si para eliminar a Monti, un nombre que despierta un respeto casi unánime, o para intentar captar cuotas de poder en su gabinete. Otros partidos como la Liga Norte de Umberto Bossi, pareja de hecho de Berlusconi en sus sucesivos gobiernos, se mostraron radicalmente opuestos a la opción de un gobierno técnico y pidieron la convocatoria de elecciones anticipadas. Las opciones de centro y de izquierdas, en cambio, trasladaron desde el primer momento a Napolitano su decisión de facilitar con su voto la salida a la crisis política, si bien, al percatarse del gallinero que se montó en las últimas horas, Pierluigi Bersani, líder del Partido Democrático, advirtió: “Un gobierno de consenso no puede ser un Vietnam”. Un Vietnam sí parece el PDL. La pérdida de poder, aun antes de producirse oficialmente, desunió de un tajo una armonía ficticia, solo unida alrededor del jefe gracias al dinero y los favores. Su delfín, Angelino Alfano, secretario general del partido, se le rebeló sin disimulo. Dos ministros, el de Defensa y el de Exterior, se agarraron a descalificaciones, y la base del partido, desorientada, utilizó la página web para dirimir sus diferencias. Berlusconi, por una vez en su ya dilatada carrera política, callaba. En un silencio que, viniendo de Il Cavaliere, daba mala espina. Tanta que hasta última hora de esta tarde los italianos no salieron a la calle para celebrar su renuncia. El político amenaza con desenfuchar el respirador del nuevo Ejecutivo Pero, ay, cuando salieron... Miles de personas se distribuyeron entre los vértices de una tarde histórica: Palacio de Montecitorio, sede del Parlamento, Palacio Chigi, sede del Gobierno, Palacio Grazioli, la casa de Berlusconi en Roma, también famosa por sus fiestas nocturnas, y finalmente el Palacio del Quirinal, sede la presidencia de la República y residencia, por tanto, de un viejo comunista de 86 años que en la última semana ha demostrado que los italianos tenían razón cuando veían en él un punto de referencia, un político de altura en medio de la mediocridad reinante. Al tiempo que en el Quirinal los ciudadanos cantaban el Aleluya, en la puerta del Palacio Chigi un grupo de personas abucheó con fuerza a Berlusconi. Il Cavaliere comentó, siempre teatral: “Siento una amargura profunda”. Una amargura de cocodrilo por cuanto unos minutos después, durante la reunión con la cúpula de su partido para cerrar filas ante el posible apoyo a Monti, volvió a salir el fullero que lleva dentro: “No os preocupéis, que a este Gobierno le podemos desenchufar el respirador en cuanto queramos”. La amenaza latente que sobre la política italiana seguirá pendiendo mientras Berlusconi, ahora bloqueado por la coyuntura, se considere todavía una opción política. Tal vez por eso, sabedores del peligro que encierra Berlusconi y de los procesos que enfrenta, la asociación Justicia y Libertad —integrada por los intelectuales italianos de más prestigio— pidió hoy que en las ventanas de las casas flamee a partir de ahora una bandera italiana que recuerde que Berlusconi se ha ido con una deuda pendiente. Una deuda pendiente con Italia, a la que no supo representar con dignidad. Una deuda pendiente con los italianos, que sentían vergüenza de viajar al extranjero y soportar sonrisas a lo Merkel y Sarkozy. Una deuda pendiente con las mujeres italianas, por haberlas tratado como objetos. Una deuda con la mejor juventud, que tiene que elegir entre el paro o la emigración porque el mérito perdió su batalla frente al enchufe. Y una deuda muy importante con la justicia, a la que ninguneó, torpedeó y burló desde el poder. Al, desde esta noche, ciudadano Berlusconi le perseguirán todas sus deudas.

viernes, 19 de agosto de 2011

Al menos 47 muertos en un atentado suicida en Pakistán


La explosión se ha producido en una mezquita próxima a la ciudad de Peshawar, al noroeste del país
AGENCIAS - Islamabad - 19/08/2011
Al menos 47 personas han muerto y otras 70 han resultado heridas en un atentado suicida registrado en una mezquita de la región tribal paquistaní de Khyber, según informan las autoridades locales. La explosión se ha producido durante el rezo del viernes en un templo de la zona de Jamrud, en las afueras de la ciudad de Peshawar y a pocos kilómetros de la frontera afgana. Se trata de una región especialmente azotada por los ataques de los talibanes aliados a Al Qaeda.

Centenares de personas han acudido para la oración a la mezquita, cuyo techo se ha derrumbado tras la deflagración, que se produjo a las 8.45 hora española. Ante la escasez de centros médicos en la zona, muchos de los heridos han sido trasladados a Peshawar, capital de la provincia. En Khyber se halla el principal paso terrestre que une Pakistán con Afganistán y por el que transita el grueso de los suministros para las fuerzas internacionales desplegadas en el país vecino.

Según fuentes locales, un suicida ha irrumpido en la mezquita de Al Medina a través de una ventana durante la oración e hizo estallar la carga explosiva que portaba. El canal televisivo Express asegura que el atacante tenía entre 15 y 16 años y ha recordado que el atentado tiene lugar días después de que las tribus de Jamrud negaran la entrada a los talibanes. En este sentido, el ataque pudiera deberse a una venganza de los islamistas radicales contra las tribus de la zona.

A causa de su valor estratégico, el área está plagada de grupos talibanes y bandas criminales que luchan por imponerse y lucrarse del comercio. Esta zona es también escenario de tensiones sectarias y de guerras intestinas entre diferentes organizaciones islamistas radicales. A ello se suma que, desde hace unas semanas, el Ejército pakistaní lleva a cabo una operación contra los integristas en la vecina región tribal de Kurram. Hasta la fecha, la estrategia de las Fuerzas Armadas es combatir a determinados grupos y atraerse el favor de otros para doblegar así los talibanes, que pasan con frecuencia de un lado al otro de la frontera.

Estados Unidos, por su parte, presiona a Pakistán para que elimine la amenaza que suponen la red Haqqani y otros grupos integristas locales para sus tropas destacadas en Afganistán, aunque Islamabad parece reticente a comprometerse plenamente en la lucha antiterrorista. Las zonas tribales de la provincia de Waziristán, fronteriza con Afganistan, son el principal feudo de los talibanes en Pakistán, pero el Ejército sigue sin lanzar allí una ofensiva, en particular en la demarcación norteña, la que está más controlada por los insurgentes. La colaboración en materia antiterrorista entre Washington e Islamabad sufrió un varapalo tras la operación de EE UU en territorio paquistaní que acabó con la vida de Osama Bin Laden el pasado 2 de mayo.

Pakistán es uno de los países más azotado por el terrorismo integrista ya que el movimiento talibán ha puesto de mira en los últimos años al Gobierno de Islamabad, por su alianza con EE UU. Desde 2007 han muerto más de 4500 personas en el país por atentados de islamistas radicales y grupos terroristas vinculados a la red Al Qaeda.


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Había una vez una dacha en Crimea

En aquel lugar de Ucrania había veraneado el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, y su familia en agosto de 1991


PILAR BONET | Moscú 19/08/2011


Lucía un sol espléndido, el mar era transparente y la brisa de la montaña llegaba acompañada por el rumor aletargante de los grillos. Podía ser el paraíso y sin embargo, el ambiente resultaba opresivo, o tal vez éramos nosotros, los visitantes, quienes transmitíamos nuestra desazón a la dacha Zaría de Forós, aquel lugar de Crimea donde el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, su esposa Raísa y su familia habían veraneado en agosto de 1991.

Habían pasado catorce años de aquello y EL PAIS preparaba un reportaje dedicado a los palacios de zares y príncipes y las residencias de líderes comunistas, que salpican la península de Crimea. El servicio de Intendencia de la presidencia ucraniana nos había dado permiso para visitar Zaría o la "dacha número diez", pero la víspera de nuestra concertada visita, a Forós llegaron de repente invitados del presidente Víctor Yúshenko, que pasaron la noche en la dacha y que tardaban en marcharse. Se trataba de un adinerado jeque árabe acompañado de una nutrida comitiva, que acabaron marchándose en un yate.

La dacha Zariá se alza en un territorio de más de 40 hectáreas con 1,350 kilómetros de playa particular reservada. Cubierta por un tejado de cuatro vertientes, el edificio está construido en torno a un patio interior rodeado por una escalera. El lugar, nos dijeron, se conservaba tal como estaba cuando era una residencia oficial de veraneo para el líder soviético. No se trataba de un confortable hogar moderno, sino de un lugar representativo, oficialista y poco acogedor. Lámparas de lágrimas reflejaban su luz sobre aparatosos muebles lacados. En el salón, una chimenea forrada de malaquita y un enorme televisor; en el despacho que fue de Gorbachov, libros de referencia, de arte y de sociología, y, en la sala de deporte, una bicicleta fija.

El jeque y su séquito durmieron en los aposentos que habían sido de Raísa y Mijaíl Gorbachov y se bebieron todo el whisky en la terraza. Cuando se fueron, las doncellas abrieron las ventanas, sacudieron colchones y almohadas y cambiaron la ropa de cama. Algunas trabajaban ya en esta dacha en época soviética como nuestro acompañante, Stanislav Spateruk, antiguo oficial del KGB, que dijo haber estado en ella el 19 de agosto de 1991. ¿Estaba prisionero Gorbachov aquel día? "Hubiera podido marcharse si hubiera querido. ¿Quién se lo hubiera podido impedir?", contestó.

En el jardín, protegida por una lona manchada de humedad, había una pantalla de cine al aire libre, que parecía un resto arqueológico de una civilización desaparecida. Descendimos a la playa en una escalera mecánica de dos tramos cubierta con un material transparente que dejaba entrar la luz, y se deslizaba, como una oruga de plástico y metal, por un paisaje de sauces, pinos y sabinas. Abajo había una piscina cubierta de 25 metros, una pista de tenis, una cabaña-vestuario, una gruta, una terraza, dos playas, y un embarcadero. Por entonces, y pese a aquellas comodidades, ninguno de los dirigentes de Ucrania había querido vivir en aquel lugar que parecía embrujado y congelado en el tiempo. Gorbachov dijo el pasado miércoles que él nunca había vuelto allí.



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miércoles, 23 de marzo de 2011

Geopolítica de la Multipolaridad


La UE también tiene que hacer su revolución
DJÉMILA BOULASHA 07/03/2011
Las revoluciones tunecina y egipcia dan fe de la existencia de un profundo abismo entre las dos orillas del Mediterráneo. Mientras millares de manifestantes ávidos de libertad rendían un pacífico homenaje a valores como la dignidad y la democracia, la Unión Europea se ha quedado "sin voz". Europa, a la que pensábamos vigorizada por el Tratado de Lisboa, se ha mostrado incómoda por los cambios.

Sin embargo, esos acontecimientos suponen para la Unión la oportunidad de emprender una verdadera revolución en su política exterior, de desempeñar un papel en las mutaciones mundiales en igualdad con otros actores. El porvenir del Mediterráneo y los intereses de la Unión merecen algo más que el de ser una eterna comparsa.

La Unión debe dotarse de una visión a largo plazo de las relaciones euromediterráneas. Su política de vecindad se acaba de quitar la máscara. Con el pretexto de la muralla contra el islamismo, la Unión ha consolidado regímenes viciados, supergendarmes encargados de tranquilizar la orilla sur encauzando sus flujos migratorios. Esa complacencia ha alimentado el autoritarismo de los poderes establecidos y contribuido a sentar las bases de los extremismos, al tiempo que propiciaba la huida de millares de personas hacia Europa.

¿Habremos de recordar que a finales de 2010 la Unión tenía previsto recompensar a Túnez con un "estatuto avanzado" de cooperación, puesto que no existían para ello "dificultades específicas"? ¿Acaso puede continuar todavía la Unión sus negociaciones con Libia hacia un acuerdo global de cooperación sin tener en cuenta las aspiraciones democráticas de su población?

En ese teatro de sombras, el papel diplomático de la Unión ha resultado ser política y moralmente contraproducente. Cuando se firma un pacto con el diablo, no puede esperarse otra cosa que perder el alma. La ética, la firmeza y el valor deben guiar a la diplomacia europea a rechazar cualquier compromiso de ese género. ¡Los instrumentos existen, pero nunca han sido utilizados! La Unión debe recurrir al carácter condicional democráticamente estipulado en los acuerdos bilaterales, y suspenderlos en caso de violación de los derechos humanos. Debe explorar la utilización de nuevos instrumentos disuasorios: bloqueo de los activos de los regímenes corruptos, iniciativas sobre los "bienes mal adquiridos", "responsabilidad democrática de las empresas"...

Vuelta hasta ahora hacia el Este, la Unión debe reequilibrar su atención hacia el Sur: sus prioridades en política exterior deben reorientarse para dar al Mediterráneo más importancia en lugar de que solo sea brevemente mencionado en los anexos. La idea, recientemente relanzada por el Parlamento Europeo, de un banco euromediterráneo de inversiones (como lo es el BERD para la Europa del Este) permitiría complementar tal reorientación. Además, habría que asegurarse de que las financiaciones, en consecuencia, se consagren a proyectos que beneficien a las poblaciones y no a la cadena de corrupción, y que se orientarán a la integración de la región.

La transparencia y el rigor en las relaciones contractuales con los socios de la Unión son indispensables. El Parlamento Europeo puede desempeñar ahí un papel clave; dotado del poder de control democrático, puede ejercer un derecho de vigilancia sobre los instrumentos de cooperación exterior y asegurarse de la mejor utilización de sus fondos. Como vigía de la Unión en materia de derechos humanos, debe servir de acicate contra las derivas antidemocráticas de los socios de la Unión.

La Unión debe sostener el desarrollo local y la modernización del espacio público: emergencia de una sociedad civil, cooperación sindical; cooperación de las autoridades locales, como Arlem (Asamblea Regional y Local Euromediterránea), del Comité de las Regiones, que ha apostado por la democracia local; transferencias tecnológicas...

La Unión deberá experimentar necesariamente un cambio de mirada: salir de su visión centrada en la seguridad y privilegiar una visión, compartida con el Sur, de un codesarrollo duradero.

Las poblaciones de la región no están condenadas al fatalismo oriental y a las dictaduras. La prueba son estos florecimientos mediterráneos: la democracia también es factible en esa parte del globo. La democracia no es un virus que contamina. Al contrario, los levantamientos han permitido curarse de los regímenes autoritarios, una enfermedad demasiado frecuente.

Esas revoluciones deben interpelar a Europa sobre lo que ocurre en su seno. Debe mostrarse lúcida y valerosa, segura de su divisa "unidos en la diversidad", y abordar de manera diferente la inmigración mediterránea. ¿Acaso no es esta, más que un riesgo, una baza para su envejecida demografía y para su economía? ¿No es hora ya de promover las sinergias con los inmigrados?

Esas poblaciones no están formadas por súbditos sino por ciudadanos, dotados de un ardiente deseo de vida, de sueños, de entusiasmo y de valor que solo piden el respeto a su humanidad. La Unión no puede permanecer sorda ante ello, a riesgo de convertirse en la sepulturera de los valores que la conforman.


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Libia: escepticismo anuncio de alto el fuego



Domingo 20 de Marzo de 2011 20:28
Un portavoz de las fuerzas rebeldes a Gadafi en la ciudad de Tobruk dijo no estar interesado en ningún anuncio de cese del fuego por parte del gobierno libio, informó el corresponsal de la BBC Kevin Connolly.

Los rebeldes recordaron que el viernes Gadafi también anunció un cese del fuego, para pocas horas después atacar a las ciudades rebeldes de Misrata y Bengasi.

Las tropas leales a Gadafi sostienen que los ataques se produjeron luego de que los mismos rebeldes rompieran el cese del fuego.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, sin embargo, dijo que sinceramente esperaba y le pedía al gobierno libio que mantuviera su palabra.

Por lo pronto, fuego antiaéreo se ha escuchado y visto en el cielo de la capital Libia este domingo por la noche, y algunos testigos también han reportado explosiones cerca de una de las residencias de Gadafi.

Un portavoz del Pentágono dijo que no se descartaban más ataques en contra de posiciones militares libias, de considerarse necesario, pero dijo que Gadafi no era uno de los objetivos de los ataques de la coalición.

El vice almirante William Gortney, director del estado mayor conjunto de Estados Unidos, también dijo dudar de cualquier promesa de Gadafi, luego de que el viernes atacara ciudades rebeldes después de haber anunciado otro cese al fuego.

Geoplítica de Conflictos: El Contra ataque

Gadafi contrataca: "Lucharemos hasta el final"
El dictador reaparece en su palacio destruido para arengar a sus partidarios. -Cuarta noche de bombardeos a objetivos militares en Trípoli.- Los tanques del dictador abren fuego contra la población en Misrata y dejan 40 muertos.-Duros enfrentamientos entre tropas leales y rebeldes en Ajdabiya. -La insurgencia, incapacitada por indisciplina y falta de armas
JUAN MIGUEL MUÑOZ / ÁLVARO DE CÓZAR | Zueitina (Enviado especial) / Trípoli 23/03/2011
Barack Obama, el presidente de EE UU, aventura que Gadafi podría simplemente escurrir el bulto y esperar a que pasen los bombardeos. Su secretaria de Estado, Hillary Clinton, especula en la cadena ABC sobre la posibilidad de que el dirigente libio y sus principales colaboradores preparen su exilio, eso contando con que la forma en que se comporta el coronel es "un tanto impredecible".

¿Y qué hace mientras Gadafi? Ajeno a tantas disquisiciones sobre su futuro, el libio volvió a comparecer a última hora de la noche de ayer en la televisión estatal para asegurar que nadie le moverá de su jaima. "Lograremos la victoria al final (...). No nos rendiremos, les derrotaremos por todos los medios", gritaba, proclamando a los cuatro vientos que su régimen está "preparado para la lucha, sea corta o larga". El coronel habló desde el edificio destruido dentro de su complejo palaciego por un misil de la alianza el día 21 rodeado por cientos de sus partidarios que cumplían el doble papel de entusiastas espectadores y escudos humanos ante el temor de nuevos ataques aliados.

Efectivamente, poco antes las baterías antiaéreas habían comenzado a escucharse de nuevo, tras una fuerte explosión en Trípoli, en la cuarta noche de bombardeos. El Pentágono anuncia que los aviones de la coalición internacional han salido 336 veces y disparado en 108 ocasiones desde el comienzo de la ofensiva el sábado, pero no por ello disminuye la furia con la que las tropas del dictador golpean a sus enemigos internos.

Ofensiva contra Misrata

El coronel quizá dijo una verdad anoche: no contempla la rendición. Es imposible discernir qué decisiones adoptará un dirigente de su calaña, pero es seguro que observa complacido las fisuras en la alianza internacional y, consciente de que el proceso judicial en La Haya no tiene vuelta atrás, el tirano, ya sin salida decorosa, juega la carta de la crueldad. Asedia ciudades, masacra civiles, y corta el suministro de agua y luz a urbes como Misrata, la tercera población de Libia, cuyos 300.000 habitantes padecen el cerco desde hace un mes y ataques con artillería pesada desde días atrás.

Decenas de civiles han muerto en Misrata, entre ellos cuatro niños que fallecieron ayer despedazados cuando su familia huía de la ciudad en coche. Gadafi ataca a una insurgencia incapaz de entablar un verdadero combate porque su armamento es raquítico y su despliegue, anárquico. Daba lástima ayer hablar en el frente con Jamal Zuaye, un coronel de la aviación que se alistó a la rebelión y al que los milicianos no hacían caso. Zuaye era la viva imagen de la impotencia. Las fuerzas del régimen han utilizado incluso a ciudadanos como forzados escudos humanos con la intención de evitar ataques de los bombarderos británicos.

Gadafi, el golpista que se alzó al poder hace 41 años no ignora que, incluso sin poder utilizar sus aviones y helicópteros, su Ejército es infinitamente superior a los insurrectos libios. Y sin escrúpulos para castigar al pueblo que dice le adora, ha provocado una catástrofe en Misrata, 200 kilómetros al este de Trípoli. Médicos consultados por Reuters aseguran que operan en los pasillos, en el suelo, de la clínica a un sinfín de heridos de bala y metralla. Muchos se quedan sin atención.

La zona de exclusión aérea decretada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es papel mojado cuando los tanques del dictador se parapetan en el centro de una ciudad. "Falta personal, camas y medicamentos", lamentaba un doctor desde Misrata. Zintan, a poca distancia al oeste de Misrata, sufre la misma suerte.

El 22 de febrero Gadafi prometió morir como un "mártir". Conquistó con brutalidad Zauiya, al oeste de Trípoli, el 10 de marzo. Sus tropas cruzaron el desierto expulsando a los milicianos de las instalaciones petroleras de Ras Lanuf y Brega, ya en el oriente de Libia. Los leales al coronel se apoderaron de Ajdabiya y avanzaron 160 kilómetros hasta Bengasi, capital del alzamiento el 17 de febrero. Los bombardeos de los pilotos franceses frenaron su marcha, y los uniformados de Gadafi retrocedieron el domingo.

A las afueras de Bengasi, todavía humea la chatarra de los tanques y blindados que el autócrata desplazaba para, había dicho, "aniquilar a los traidores". Aún arde un inmenso depósito de nafta en Zueitina, un pueblo sin asfaltar que acoge una de las cuatro grandes estaciones eléctricas del país. Otras aldeas cercanas llevan días sin luz porque dos de los tres tendidos eléctricos fueron derribados. Atrincherados ahora los soldados del dictador en las calles de Ajdabiya, los insurgentes intentan forzar su retirada de esta arenosa localidad de 100.000 vecinos.

Desorganización entre los rebeldes

En nada ayuda a los sublevados su propia actitud. "Quieren luchar y es muy difícil que obedezcan órdenes. No podemos ni rescatar a los muertos, ni disponemos de armas para enfrentarnos a los tanques y misiles de Gadafi, que ha tomado Ajdabiya. Después de los bombardeos de la aviación francesa, creció nuestro ánimo para pelear, pero no hay cadena de mando", admite el coronel Zuaye, cuya esposa y cuatro hijos se esconden en esta ciudad. ¿Comunicaciones entre los rebeldes? "No tenemos", sentencia. Las camionetas llenas de milicianos se dirigen a Ajdabiya cuando les viene en gana. Y se prodigan en un ejercicio tan inútil como ridículo: montados en camionetas disparan a menudo al aire sus fusiles y ametralladoras, bien lejos de sus enemigos. Tal vez, lo único que hacen correctamente es repartir bocadillos de judías con salsa y agua. ¿Se puede luchar en estas condiciones?

No es posible lanzarse a la batalla cuando suceden incidentes como el ocurrido ayer a las puertas de Zueitina, a media decena de kilómetros del frente. Un hombre con uniforme aparentaba dar órdenes; decía ser vecino de Ajdabiya. De pronto, se acercó otro individuo de esta población que afirmó no conocerle. Y brotó la sospecha. El que ejercía de oficial acabó trasladado a Bengasi para comprobar su identidad. Todos creen, y pueden tener razón, que espías de Gadafi se infiltran en sus filas.

"Estamos convencidos de que Gadafi tiene suficiente dinero, oro y diamantes para librar la guerra", comentaba a este diario Mustafá Gheriani, portavoz del Consejo Nacional, el Gobierno de los alzados, que rechazan que militares foráneos pisen su tierra, aunque recen para que los cazas aliados machaquen a las tropas de Gadafi. "No a la intervención extranjera", rezan carteles colgados en avenidas de Bengasi. Y el lema añade: "Podemos hacerlo solos". En absoluto parece que así pueda ser. Defenestrar al odiado régimen exigiría un buen suministro de armamento de países occidentales, mucho adiestramiento y disposición de los insurrectos a someterse a una pizca de disciplina.


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Geopolítica de Conflictos

El estancamiento del conflicto en Libia acrecienta el riesgo de partición
La victoria no está al alcance del régimen, pero tampoco de los rebeldes

IGNACIO CEMBRERO - Rabat - 23/03/2011
"Estancamiento" tras los ataques de la coalición contra los leales de Muamar el Gadafi. Esa descripción de la situación sobre el terreno en Libia la hizo, entre otros, el general Carter Ham, jefe del mando unificado de Estados Unidos para África (Africom).

"Estancamiento" tras los ataques de la coalición contra los leales de Muamar el Gadafi. Esa descripción de la situación sobre el terreno en Libia la hizo, entre otros, el general Carter Ham, jefe del mando unificado de Estados Unidos para África (Africom). "Las fuerzas de tierra del régimen tienen poca capacidad para reanudar sus operaciones" sin apoyo aéreo y conquistar Bengasi, añadió.

La victoria de la oposición "es el escenario que todo el mundo desea, pero es también el más improbable", comenta a este corresponsal el almirante Jacques Lanxade, exjefe de Estado Mayor de la Defensa de Francia. Esa Armada Brancaleone que defiende Bengasi carece de capacidad, por mucha ayuda material que reciba, de emprender una ofensiva.

¿Entonces ni vencedores ni vencidos? "El conflicto puede desembocar en un callejón sin salida", reconocía en la cadena de televisión CBS el almirante Mike Mullen, jefe de Estado Mayor Interarmas de Estados Unidos.

Solo si alguno de los fieles de Gadafi perpetrase un atentado o si la coalición le aniquilase físicamente se superaría el impasse. Si nadie asesinó al líder libio cuando parecía más en apuros, después de que amagara la sublevación en Trípoli, es poco probablemente que surja ahora algún voluntario para acabar con su vida cuando ya ha consolidado su poder en la capital del país.

La segunda hipótesis tampoco tiene visos de concretarse. El ministro francés de Exteriores, Alain Juppé, fue sincero al declarar: "No contemos cuentos: es evidente que el objetivo de todo esto es permitir al pueblo libio elegir a su régimen (...)", pero no por eso se intentará eliminar al líder.

Los responsables estadounidenses lo repiten hasta la saciedad: Gadafi no es su blanco. Prueba de ello es que cuando la coalición atacó el recinto presidencial de Bab el Azizia en Trípoli no destruyó viviendas, sino un puesto de mando militar.

Y, sin embargo, el derrocamiento de Gadafi es "la única fórmula que permite evitar a corto plazo el riesgo de partición del país" en dos, aseguró en una entrevista François Heisbourg, exdirector del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres. "Ya estamos de hecho en la partición", recalca Lanxade.

Hasni Abidi, director del Centro de Estudio e Investigación del Mundo Árabe y del Mediterráneo, con sede en Ginebra, constata además que el actual reparto del territorio entre Gadafi y los sublevados "corresponde grosso modo con la antigua frontera entre la Tripolitania y la Cirenaica". "Gadafi se acomodaría más fácilmente a esta solución que a una capitulación", asegura. Al este está el petróleo [de Libia] y al oeste, el gas", argumenta.

El dictador iraquí Sadam Hussein aceptó también, en 1991, perder el control de parte del país a causa de la instauración de una zona de exclusión aérea sobre Irak. Renunció a las tres provincias kurdas a cambio de mantenerse en el poder 12 años más.

La partición de Libia asusta porque es sinónimo de una situación de caos prolongado a las puertas de Europa, acaso incluso de una nueva Somalia. "No creo que debamos hacer nada que pueda alentar la partición o la división de ese país", declaraba Robert Gates, secretario de Defensa. "Sería una fórmula de inestabilidad".

La partición espanta pero tiene raíces históricas. Como tantos otros países africanos, Libia es una creación artificial compuesta de tres regiones -Tripolitania, vinculada a Túnez; Cirenaica, con nexos con Egipto, y Fezzan, con lazos con Argelia- que el colonizador italiano fundió en un Estado al que otorgó la independencia en 1951. Convirtió a Idris, emir de la Cirenaica, en rey de Libia.


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Geopolítica de conflictos: Despliegue Naval de la OTAN en el Mediterraneo

La OTAN inicia el despliegue naval en el Mediterráneo para asegurar el embargo a Libia
Alemania retira sus buques del embargo naval.-España aporta una fragata, un submarino y un avión de reconocimiento.-París promueve un directorio político de la coalición con presencia de la Liga Árabe
R. MARTÍNEZ DE RITUERTO / A. JIMÉNEZ BARCA | Bruselas / París 23/03/2011
La OTAN comenzará este miércoles a realizar patrullas navales en aguas del Mediterráneo para hacer efectivo el embargo de armas decretado por Naciones Unidas contra el régimen de Muamar el Gadafi, según han confirmado fuentes de la Alianza Atlántica a la BBC. Se trata de la primera vez desde el inicio de los bombardeos aliados que fuerzas de la OTAN participan en la misión internacional en Libia, mientras siguen los debates sobre su grado de implicación en la campaña militar.

En este despliegue naval no participará Alemania, que ha vuelto a expresar con hechos su desacuerdo con la misión militar aliada en Libia. Después de abstenerse de la votación de la ONU contra Gadafi, el Gobierno de Angela Merkel ha comenzado a retirar sus barcos adscritos a la OTAN en el Mediterráneo. Son dos fragatas y dos buques de la Armada, que estarán a partir de hoy bajo mando nacional. Berlín también ha ordenado volver a casa a los 70 militares que participaban como técnicos especialistas en aviones de reconocimiento AWAC de la Alianza para controlar el espacio aéreo en el Mediterráneo.

España contribuirá al embargo con la fragata Méndez Núñez, que ayer partió del puerto de Rota (Cádiz) rumbo al país magrebí, y el submarino Tramontana, que había hecho lo propio el día anterior desde Cartagena (Murcia). También participará en el operativo el avión C-235 de vigilancia marítima, que ha salido esta mañana de la base aérea de Getafe.

Los buques y navíos aliados "realizarán operaciones de seguimiento, información y en caso necesario de detención de busques sospechosos de transportar armas ilegales o mercenarios", resumió ayer el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen.

Los embajadores aliados alcanzaron ayer otro acuerdo que aún tendrá que materializarse. Dieron el visto bueno al plan militar para establecer una zona de exclusión aérea en Libia. Rematar el acercamiento de posiciones con un acuerdo político sobre esta intervención parece cuestión de horas en vista del anunciado acuerdo entre Obama y Sarkozy. La idea de la OTAN, según Rasmussen, es "ayudar en la aplicación" de una exclusión aérea. Ayudar entendido como aportación complementaria aún por definir.

Más sanciones a Libia

En paralelo a la intervención militar la presión contra el régimen libio se incrementa. Hoy la UE ha anunciado un nuevo paquete de sanciones, el cuarto desde que se inició la crisis, que incluirá a la compañía nacional petrolera NOC y sus filiales, han informado fuentes comunitarias. La decisión se adoptará formalmente en las próximas horas y entrará en vigor mañana con su publicación en el Diario Oficial de la Unión.

Además de bloquear los activos de la NOC, los Veintisiete harán efectivas otras de las medidas aprobadas recientemente por el Consejo de Seguridad de la ONU y ampliarán las sanciones contra personas vinculadas al régimen, reforzarán el embargo de armas y prohibirán los vuelos de empresas libias en Europa.

Francia tomó ayer de nuevo la iniciativa en la crisis libia. Su ministro de Exteriores, Alain Juppé, aseguró en la Asamblea Nacional que ha planteado a su homólogo británico la creación de una dirección política que asuma el control de la intervención. "A iniciativa del presidente de la República se lo he propuesto a nuestros colegas de Reino Unido, que están de acuerdo", precisó Juppé. "Será una dirección política que reunirá a los ministros de Asuntos Exteriores de los Estados que participan y los de la Liga Árabe". París redondeó la jornada al anunciar anoche el Elíseo que Barack Obama y Nicolas Sarkozy se habían puesto de acuerdo sobre el modo en que las estructuras de la OTAN serán utilizadas para apoyar a la coalición internacional.

A falta de conocer los detalles de lo pactado entre los presidentes de EE UU y Francia, se sabe que la primera reunión de esa especie de Gabinete multinacional de crisis se celebrará pronto en Bruselas, Londres o París. Como nace con vocación de permanencia, los ministros se seguirán reuniendo "periódicamente".

Francia da este paso cuando ya se oyen críticas de distintos aliados sobre la falta de un mando unificado, piden otros que la OTAN asuma el control y Estados Unidos anuncia que en cuestión de días se colocará en un segundo plano en Libia. En este sentido, Barack Obama declaró ayer que está "absolutamente convencido" de que, pese a todas las dificultades, Estados Unidos será capaz de transferir el mando de la operación militar en Libia en el plazo previsto, que el presidente norteamericano repitió que será de "días, más que semanas".

EE UU asegura que la coalición funciona

En una conferencia de prensa celebrada en San Salvador junto al presidente salvadoreño, Mauricio Funes, Obama se refirió a su conversación de las últimas horas con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y con el primer ministro británico, David Cameron. Informó de que habían llegado a un acuerdo para que la OTAN tuviera un papel relevante en el próximo mando del ataque, aunque no ofreció detalles sobre la conformación de ese mando.

Obama dijo que los esfuerzos militares avanzan a buen ritmo, que la zona de exclusión aérea ya está impuesta y que "se ha evitado lo que pudo ser una catástrofe en Bengasi". El presidente norteamericano recordó que, una vez que el mando sea asumido por otros países, "no van a ser nuestros aviones los que mantengan la zona de exclusión aérea ni nuestros barcos los que vigilen el embargo de armas". Admitió que "mientras Gadafi se mantenga en el poder, persistirá la amenaza contra la población civil".

Reaparición de Gadafi

Mientras su presidente aseguraba que está "convencido" de que el problema diplomático entre los aliados se resolverá, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, abría una nueva vía en las especulaciones sobre el futuro de Gadafi al declarar, en una entrevista a la cadena ABC, que el dirigente libio y sus principales colaboradores podrían contemplar el exilio. La jefa de la diplomacia norteamericana indicó que algunas personas, "supuestamente en nombre de Gadafi", han comenzado a entablar contactos en el extranjero, aunque ella misma ha reconocido que podría ser "teatro". Clinton ha admitido que la forma en que se comporta el régimen de Libia es "un tanto impredecible".

Ajeno a estas especulaciones sobre su futuro, el dictador volvió a comparecer a última hora de la noche en la televisión estatal para asegurar que nadie le moverá de su jaima y animar a sus partidarios a que sigan luchando. "Lograremos la victoria al final (...). No nos rendiremos, les derrotaremos por todos los medios", gritaba Gadafi, quien ha declarado que su régimen está "preparado para la lucha, sea corta o larga". El coronel habló desde el edificio destruido dentro de su complejo palaciego por un misil de la alianza el día 21, rodeado por cientos de fieles con el doble papel de entusiastas espectadores y escudos humanos ante el temor de nuevos ataques.

El incierto papel de la OTAN

Con respecto a la OTAN, Alain Juppé mantiene la misma postura que desde el principio ha mostrado Francia: la estructura atlántica podrá asumir un papel de apoyo a la coalición, pero no más allá. "A partir de esta dirección política, utilizaremos las capacidades de planificación e intervención de la OTAN", precisó el ministro en lo que parecía darle la razón el comunicado del Elíseo.

Francia explica su resistencia a que la OTAN asuma el mando por la oposición de plano de los países árabes, un criterio que no todos los aliados comparten. Ese repudio bloquearía la, para Sarkozy, imprescindible participación árabe en el acoso a Gadafi, crucial para que la operación no sea vista como una intervención puramente occidental. Según France Presse, una conversación telefónica mantenida el lunes por Juppé con Amr Moussa acabó con las reticencias del secretario general de la Liga Árabe sobre la interpretación que se está haciendo de la resolución de la ONU, bombardeos de las defensas antiaéreas de Gadafi incluidos.

Juppé aseguró que la campaña libia terminará en cuanto Gadafi ordene "un alto el fuego" y sus tropas "vuelvan a los cuarteles". En la misma Asamblea Nacional, el primer ministro, François Fillon, defendió encendidamente la operación. "No es una guerra, es una intervención de ayuda al pueblo libio", aseguró. Descartó que en el futuro los soldados de la coalición invadan el suelo libio.


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martes, 22 de marzo de 2011

¿Qué estudia la Geopolítica?

Que dimensiones de la realidad son susceptibles de ser analizadas y comprendidas mediante la geopolítica?
El análisis geopolítico hace referencia a categorías de análisis de diversa naturaleza. Por una parte, intenta establecer las formas de relación entre los espacios geográficos, es decir los espacios y territorios, y los grupos humanos organizados en la forma de unidades políticas (comunidades, pueblos, naciones, Estados), y por el otro, pretende develar el sentido de la relación entre las distintas unidades políticas contemporáneas en el tiempo en el marco de dichos espacios o soportes.
Se trata, por tantos, de dos tipos de relaciones distintas.
Lo geopolítico releva de una determinada representación del espacio geográfico –y de las demás formas de espacio- que reside en la mente y hasta en el subconsciente individual y colectivo de los individuos y los grupos humanos organizados.
Solo podemos analizar geopolíticamente aquello que está en relación entre sí y aquello cuya relación es discernible al análisis.
Desde una perspectiva epistemológica, el análisis geopolítico opera mediante abstracciones, y las abstracciones científicas son generalizaciones que elaboran los individuos mediante el pensamiento, abstraídas del carácter concreto y directo de los fenómenos que son objeto de estudio. En otros términos, el punto de partida del análisis geopolítico, como el de todo conocimiento que se pretende científico, es la realidad objetiva.
En el proceso de abstracción, el análisis geopolítico no se aparta de la realidad, sino que penetra en su interior, partiendo del fenómeno observado para llegar a la esencia.
En el proceso del análisis geopolítico, el pensamiento arranca desde lo visible y concreto –es decir, desde los hechos políticos, sociales, económicos, culturales y estratégicos- para llegar a lo abstracto, desintegrando el fenómeno en estudio en sus partes y aspectos integrantes. Ello permite designar en sus características los elementos esenciales, al mismo tiempo que cada aspecto se examina por separado, para a continuación examinar esos distintos aspectos en su interacción. De este modo, en el proceso del análisis geopolítico se produce el desmembramiento del objeto de estudio, primer momento al que le sucede la explicación teórica de las particularidades del mismo, de manera de lograr las abstracciones más generales y útiles para el estudio del objeto de la investigación en su integralidad y en su dinámica evolutiva.
En el análisis geopolítico cabe distinguir a los factores permanentes o estructurales, tales como el territorio, el espacio y su interrelación; el espacio-tiempo; la posición, en términos de centralidad y periferia; la localización; las escalas del espacio-territorio; las redes, líneas y puntos dentro del espacio-territorio; el poder y la potencia insertos en los espacios y territorios; y las arenas del poder; de los factores dinámicos, tales como las tendencias centrífugas y centrípetas; la conciencia y representación del espacio-territorio; la apropiación del territorio y los espacios; las áreas de influencia; y la polaridad autonomía-dependencia.
En síntesis, lo geopolítico es relacional, es decir, está asociado al estudio de determinadas formas de relación espacio-hombre y hombre-hombre en el espacio, en términos que implican la apropiación (material, mental y virtual) de los territorios y espacios.
La problemática principal, la categoría de análisis articuladora de todo el análisis geopolítico reside en el poder en su relación con los espacios y territorios. Todas las demás categorías de análisis de la reflexión geopolítica encuentran su punto de conexión en la problemática del poder y en particular, en las formas cómo el poder se manifiesta y se despliega en territorios y espacios múltiples, diversos. La geopolítica podría ser sintetizada como una reflexión sobre la relación realmente existente entre las diversas formas de poder y los diversos tipos de espacios- territorios.
El problema del espacio y del poder es un problema geopolítico desde el momento en que reconocemos que todo espacio humanamente determinado es objeto de alguna forma de poder que tiene lugar en él y a través de él, y de que el poder encuentra en los espacios y territorios –en los espacios territorializados- su ámbito principal de ejercicio, sus arenas donde se despliega.
Es a partir de este postulado básico que se va a construir el análisis y la reflexión geopolítica. Las organizaciones humanas, pensadas y estructuradas como unidades políticas (es decir, como actores programáticos), al instalarse en un territorio, al construir territorio con su acción transformadora, está ejerciendo poder y está al mismo tiempo, configurando su propia “representación simbólica” del territorio construido, conquistado, planificado, ocupado, alcanzado, en términos de apropiación, de dominio, es decir, de poder.
El poder impregna la totalidad de los fenómenos geopolíticos. La geopolítica es la política del poder en la geografía.
La dinámica de la reflexión geopolítica reside en la interdependencia entre los factores estructurales y los factores dinámicos o coyunturales.
Entre los factores permanentes o estructurales, el territorio y su interrelación con el espacio determinan el marco físico y virtual en el que tienen lugar las relaciones políticas, sociales, económicas, estratégicas entre las unidades o actores políticos. A su vez, el espacio-tiempo se mueve en una dinámica de extensión y concentración que modifica constantemente los términos en los que se producen las relaciones geopolíticas. Además, la posición de cada unidad política en los espacios-territorios, pueden ser entendida en términos de centralidad y periferia, del mismo modo como la localización de cada actor dentro del conjunto del espacio-territorio determina el lugar que ocupa en la jerarquización de los actores y en la distribución del poder y las hegemonías.
Por otra parte, las escalas del espacio-territorio, determinan la amplitud, profundidad y extensión de las formas de apropiación y dominación que los actores ponen en juego en aquellos, del mismo modo como éstos, se constituyen en una compleja articulación de las redes, líneas y puntos dentro del espacio-territorio.
Como se ha visto el poder y la potencia insertos en los espacios y territorios, son los criterios centrales para entender las relaciones geopolíticas, en el contexto de las arenas del poder que se manifiestan en el mundo contemporáneo.
Por otra parte, los factores dinámicos, influyen coyunturalmente sobre los procesos geopolíticos, tales como las tendencias centrífugas y centrípetas; la conciencia y representación del espacio-territorio que tiene cada actor político; la apropiación del territorio y los espacios como resultantes de la acción programática de los actores o unidades, dando forma a la configuración de determinadas áreas de influencia, y en las que se manifiesta la polaridad autonomía-dependencia.
LOS FACTORES PERMANENTES O ESTRUCTURALES DEL ANÁLISIS GEOPOLÍTICO
El problema geopolítico del espacio
El núcleo central teórico del análisis geopolítico se ha centrado históricamente en el territorio y en su constituyente originario, el espacio.
La arqueología intelectual de la reflexión geopolítica, que nutre sus primeras raíces desde la Geografía y de la Geografía Política, comienza con una descripción y una tentativa de racionalización del espacio territorial. Friedrich Ratzel –a fines del siglo XIX- construía su argumentación geopolítica sobre la base de la condición humana constreñida, determinada por la naturaleza y daba origen al concepto de “espacio vital”, entendiendo que el espacio no es solamente un elemento físico.
La naturaleza determina al hombre y éste necesita de un órgano que le sirva como instrumento para establecer su dominio sobre aquella: el Estado. Los primeros geopolíticos son estatistas y organicistas llevando la reflexión hasta la noción de que el Estado es una suerte de supra-entidad viviente en el que el ser humano se realiza y que busca su realización plena en la geografía.
En la visión organicista y darwiniana desde la que nace la primera Geopolítica, el espacio es un ámbito geográfico susceptible de expandirse, al igual que las especies vivas. Otros autores de aquella época, como Kjellen orientan el debate geopolítico hacia las relaciones de poder más que sobre las relaciones de fuerza.
Existe, en efecto, una primera época del pensamiento geopolítico, que surge y se desarrolla dentro de una óptica marcadamente organicista y fuertemente determinista. Sus influencias intelectuales originarias más significativas, provenían de H. Spencer y de Ch. Darwin, y de las derivaciones sociales que resultaron de sus teorías sociológicas y biológicas.
Así, dos líneas intelectuales se sitúan en las bases de la primera reflexión geopolítica: por un lado, el desarrollo del “darwinismo social”, a partir de Ch. Darwin, en la segunda mitad del siglo XIX, incluyendo a H. Taine, G. Le Bon, L. Woltmann y V. de Lapouge; y por el otro, un cierto “bio-historicismo” que desarrollan F. List (1789- 1842), y A. de Gobineau (1816- 1882), el que se entronca con O. Spengler , A. Rosenberg (uno de los teóricos mayores del nazismo alemán), y con F. Ratzel. En List y Gobineau, la Geopolítica inicial se alimentó del racismo, y a través de A. Rosenberg, a su vez, contribuyó decisivamente a elaborar una visión ideológica racista de la Historia, a partir del supuesto “conflicto entre la raza aria y la raza semita”.
Inicialmente, autores como F. Ratzel, con su Politische Geographische y a continuación K. Haushofer, fueron construyendo un cuerpo teórico configurado en torno a conceptos tales como “espacio vital”, “heartland”, “rimland”, o la asociación entre “suelo, sangre y raza”, nociones que estaban construídas sobre la base de una visión organicista del Estado. Otros autores alemanes en la década de los treinta y cuarenta, dieron contenido a esta visión: L. Mecking, H. Schrepfer, H. Rüdiger, N. Krebs o R. Hennig, para nombrar a los más connotados, trabajaron sistemáticamente la nueva concepción geopolítica. Numerosos títulos aparecidos en la revista de Geopolítica creada en torno a Haushofer, la Zeitschrift für Geopolitik (revista que, desde 1932, estuvo influenciada y dominada por el Partido nazi), atestiguan el enfoque señalado.
Al mismo tiempo, desde los inicios de los años treinta, esta Geopolítica se asoció directamente con los proyectos expansionistas, racistas y belicistas del nazismo alemán, otorgándole una justificación integral, completa, y respaldándolos con un conjunto de fundamentos teóricos, ideológicos y políticos, por lo que sus postulados hicieron crisis junto con el derrumbe del III Reich, al término de la Segunda Guerra Mundial. Por ello puede afirmarse que dicha Geopolítica era nazi en su esencia y contenido.
Al analizar sus postulados, se puede descubrir que esta primera Geopolítica constituye una representación político-estratégica e ideológica del mundo, que tiende naturalmente a centrarse en una concepción totalizadora del poder, y en una idea absoluta de la Nación y del Estado, como si ambas fueran entidades totales y homogéneas. No solo es una geopolítica del poder, sino que es también una ideología geopolítica de la guerra. Hay que subrayar, además, que toda Geopolítica es una empresa intelectual esencialmente "patriótica", ya que intenta colocar al propio Estado, en el centro de las representaciones cartográficas del espacio territorial, de manera que la Cartografía termina graficando lo que los geopolíticos quieren que grafique...
Haushofer, afirmaba y proponía que la geopolítica que estudiaría “...las formas de vida política en los espacios vitales naturales...” debía constituirse en “... una conciencia geográfica del Estado...”, como si el Estado fuera una entidad biológica única y monolítica.
Las falencias intelectuales de aquella visión geopolítica no solo provienen de su incapacidad conceptual para interpretar la creciente interdependencia y complejidad del mundo moderno y del orden político, de las estrategias y formas políticas que hoy caracterizan a una sociedad en plena mutación de época, sino del hecho que las interpretaciones y asociaciones conceptuales organicistas, belicistas y racistas, son absolutamente insuficientes y se encuentran en una fase pre-científica de las Ciencias Sociales y del estudio de la relación "hombre- geografía".
Ya ha sido demostrado que los procesos orgánicos funcionan conforme a lógicas completamente distintas y con elevados grados de pre- determinación, mientras que los sistemas sociales y políticos están dotados de características de complejidad y azar, que aquel organicismo primitivo no puede explicar.
Le Geopolítica de la primera época, era profunda y radicalmente estatista, ya que concebía al Estado como un organismo absoluto y predominante en la escena geográfica y política.
La visión geopolítica tradicional se funda en el supuesto que concibe al Estado como un organismo vivo que nace, crece, se desarrolla, decae y muere, adolece precisamente de una lectura estrecha y limitada de la estructura estatal como si un actor político internacional o un Estado fuera una suerte de “unidad monolítica y coherente”. G. Sabine en su Historia de la teoría política pone de manifiesto que “...el argumento supuestamente científico de la Geopolítica no es más que una analogía biológica. Según dicha lectura, los Estados serían “organismos” y mientras viven y conservan su vigor, crecen; cuando dejan de crecer, mueren...” ( ) , lo que pondría de relieve que el “bienestar social parece equivaler a la supervivencia del más apto...”. Además de contener muchas ambiguedades lógicas, ésta confluencia de ideas y de pseudo- conceptos sociales y biológicos, ha sido una fuente de graves confusiones científicas.
Al contrario de lo que pretendía aquella geopolítica tradicional, el Estado no es un órgano viviente; es, por el contrario, una construcción política, jurídica, ideológica y territorial que se asienta en una sociedad históricamente determinada, es una estructura institucional compleja, que opera mediante resortes materiales y simbólicos de poder.
Espacio y territorio
El espacio, desde el punto de vista geopolítico, es un ámbito de acción, es un ámbito natural y potencial de acción del individuo, del grupo, en cuanto “actor programático” ( ). El espacio es un ámbito natural en cuanto contexto geográfico, en cuanto soporte material proporcionado por la naturaleza: el espacio es geografía y naturaleza no intervenidas, no transformadas.
Pero, la reflexión geopolítica se apoya sobre la relación existente entre el actor humano y la geografía, entre el actor humano y la naturaleza, en tanto en cuanto dicha relación supone un proceso de conocimiento y apropiación del espacio natural. Desde esta perspectiva, la lectura geopolítica hace siempre referencia a una estructura relacional que se manifiesta a dos dimensiones: la relación entre los actores y los espacios; y la relación entre los actores dentro de un determinado espacio. En cada dimensión la problemática relacional es diferente.
La reflexión geopolítica es básica y primordialmente, una reflexión relacional, un procedimiento teórico-conceptual dirigido a conocer e interpretar determinadas formas de relación que se producen en y con respecto a los espacios y territorios, situándolas en el tiempo.
Siendo ambas formas de relación una relación de poder, es decir, una relación asimétrica, sus elementos constitutivos determinan que la relación “actor-espacio” y la relación “actor 1-espacio-actor 2” están determinadas por una voluntad de conocimiento-dominación.
En geopolítica, los elementos constitutivos de una relación son:
a) los actores, aquí entendidos como sujetos dotados de programa, de voluntad, de proyecto;
b) la política de los actores o sea, el conjunto de sus intenciones y finalidades;
c) las estrategias que los actores ponen en juego para alcanzar sus fines, y que suponen estilos y formas de organización del espacio;
d) el espacio-tiempo respecto del cual sucede la relación geopolítica; y
e) los mediadores relacionales, es decir, los distintos códigos utilizados para explicar, describir, representar e interpretar la acción de los actores en los espacios.
El poder, que aquí no hemos mencionado como elemento constitutivo de las relaciones geopolíticas, es en sí mismo, una realidad inmanente a todo el proceso relacional.
El fenómeno humano más profundo que aprehende la teoría geopolítica, es la transformación por el hombre, del espacio geográfico en un territorio susceptible de ser habitado, utilizado, dominado, controlado. Es la territorialización.
La moderna geopolítica ha asumido que el espacio, como ámbito geográfico situado, constituye a la vez un factor estructural de poder y un territorio donde tiene lugar la presencia y la dominación humanas. Desde esta perspectiva, el espacio geográfico (terrestre o marítimo) ha sido definido a la vez, como encrucijada o arena del poder y de la disputa por el poder, y como fuente de recursos que se constituyen también en otros tantos factores de poder.
Esta lógica territorialista de la geopolítica se refiere a que los procesos políticos y económicos no tienen lugar en el vacío. Ellos siempre tienen una determinación histórica y geográfica, la que les fija sus límites y horizontes de alcance.
Desde el punto de vista geográfico o espacial, la Política puede ser definida y comprendida como una práctica localizada de poder y de dominación, de construcción de consensos y de resolución de conflictos, que siempre se sitúan en una determinada porción del territorio, el cual puede llegar a ser en sí mismo una encrucijada y una arena donde se encuentran estrategias y retóricas de los diferentes actores. Así como tiene su propia historia, la Política y las Relaciones Internacionales funcionan y construyen su propia geografía, su propia espacialidad.
Aún en medio de los procesos de deslocalización, propios de la modernidad, la post-modernidad y la globalización de las comunicaciones y los mercados en curso, deben reconocer la necesidad de una plataforma, de un soporte material, físico, sobre el cual se aplican el poder, las distintas formas de capital, la energía y la información.
Pero, para llegar a la dominación implícita en el poder y en la Política, cada actor debe ejercer un determinado grado de dominio y jurisdicción sobre un cierto espacio, sea este geográfico, económico, cultural o virtual. En los orígenes remotos del poder y de la Política, se encuentran las múltiples formas de acción voluntaria a través de las cuales, los hombres llegan a transformar dicho espacio.
Así surge el proceso de territorialización.
La territorialización es el complejo proceso histórico a través del cual los individuos, los grupos y las organizaciones humanas adquieren, controlan, dominan y transforman los espacios geográficos que consideran propios. En este proceso intervienen factores materiales objetivos (trabajo, energía), factores inmateriales (información), factores humanos (provisión de capital social, humano, cívico, tecnológico y financiero) y factores culturales (identidad, valores y tradiciones), de manera que los espacios geográficos donde se instalan los seres humanos, se transforman gradualmente gracias a una combinación histórica, única e irrepetible de todos éstos componentes. En síntesis se trata del proceso mediante el cual un grupo humano transforma un determinado espacio geográfico en un territorio propio y distintivo. Esta es la forma cómo los seres humanos inscriben su existencia individual y colectiva en la geografía que los sustenta.
La territorialización opera mediante el trabajo, mediante la incorporación de energía, trabajo, capital e información sobre los recursos naturales, sobre el espacio geográfico, y en función de los cuales, los individuos, los grupos, las familias y las naciones van ejerciendo y adquiriendo dominio sobre dicho espacio, convirtiéndolo en su territorio. Como se verá más adelante, una de las bases del dominio en materia territorial, reside en la ocupación material, real, de un determinado espacio geográfico, de manera que no solamente se manifieste la intención de apropiarse dicho espacio (lo que se materializa con estos actos concretos), sino que es preciso además, que esa porción geográfica esté vacante, y que los actos de apropiación y dominio reflejen un propósito de permanencia estable y duradera.
En el curso de este proceso de territorialización, es decir, de conquista material y simbólica de un determinado espacio geográfico, se va configurando la cultura y la identidad del grupo humano: el conglomerado se convierte en grupo, el grupo se transforma en una comunidad, cohesionada gradualmente por las experiencias colectivas comunes. A continuación, en su apropiación territorial las comunidades devienen en pueblos, y los pueblos tienden a configurar naciones. Al apropiarse de un lugar físico, el grupo humano hace su propia historia, va creando sus propios mitos, sus leyendas, sus tradiciones, va depositando en su memoria y en su subconsciente colectivo un patrimonio de valores y tradiciones, con los cuales las sucesivas generaciones de descendientes se continuarán identificando.
En algún momento, el individuo se piensa a sí mismo, en términos de geografía, es decir, en términos de lugares, de tierra y de mar. Los procesos de territorialización son entonces, a la vez, materiales y simbólicos. Materiales en el sentido de dominar la geografía, de apropiarse de ella, de controlarla, de ejercer en ella el poder, el dominio y las distintas formas de soberanía. Simbólicos en el sentido de ir depositando en el subconsciente colectivo, en la memoria colectiva, los hechos históricos fundantes y fundamentales, los acontecimientos relevantes y decisivos, los hitos que marcan una trayectoria común y compartida en el tiempo.
Es importante subrayar por otra parte, que la territorialización se produce tanto sobre los espacios geográficos terrestres, como sobre los espacios marítimos, en la medida en que éstos forman parte de la misma unidad geográfica y se integran bajo una misma unidad política. Modernamente sin embargo, el espacio geográfico y los recursos que en él existen no es en sí mismo un factor decisivo de poder, sino en tanto en cuanto se aplica a dicho territorio y a dichos recursos, la tecnología, la información y los capitales suficientes para que se conviertan en materias primas susceptibles de intervenir en los procesos económicos y en los flujos comerciales. Una forma concreta y actual de territorialización de los espacios geográficos, se manifiesta en su valoración económica.
En efecto, tal como se analizan más arriba, uno de los “cambios copernicanos” originados en la actual mutación tecnológica y geopolítica que tiene lugar, es la transformación de los espacios de dominación y poder. Según Alexis Bautzmann, “...los dos principales vectores de la globalización son el espacio cibernético y el espacio extra-atmosférico...los cuales se convierten... en instrumentos privilegiados del control global de los territorios...” ( )
La lectura geopolítica actual tiene que integrar dos ámbitos espaciales que escapan a la geografía física tradicional. El tradicional espacio geopolítico ha hecho implosión: el control, la dominación y el ejercicio del poder no dependen ahora sola o exclusivamente de la apropiación de recursos naturales existentes en espacios geográficos físicamente localizados, sino también de los espacios exo-geográficos, es decir, aquellos situados fuera y más allá de la geografía.
La implosión del espacio geopolítico
En las nuevas condiciones generadas por la actual revolución informática, el espacio geopolítico deviene virtual, inmaterial.
El computador y el satélite, vienen a cuestionar las nociones geopolíticas tradicionales. Al espacio geográfico tradicional, caracterizado y articulado en términos de extensión, anchura, altura y profundidad, se suman ahora dos espacios virtuales: el espacio cibernético o informático y el espacio extra-terrestre o sideral.
La virtualidad opera como criterio de reordenamiento del espacio geopolítico, se agrega a las dimensiones anteriores de extensión, anchura, altura y profundidad, complejizando la comprensión y la lectura del territorio, abatiendo los límites y fronteras físicas haciéndolas más permeables y relativizando su importancia política y jurídica.
La implosión del espacio-tiempo
En la noción clásica, propuesta por Einstein, “...todo cuerpo de referencia (sistema de coordenadas) tiene su tiempo particular; la especificación de un tiempo solo tiene sentido cuando se indica el cuerpo de referencia al cual hace relación dicha especificación.” ( ). Es decir, el tiempo es relativo en función de las coordenadas del espacio al cual hace referencia.
Pero, ¿qué sucede cuando el tiempo no permite hacer referencia a las coordenadas espaciales tales como distancia, anchura, extensión o profundidad, porque el espacio ha devenido virtual?
La virtualidad de los espacios cibernético y sideral, introduce además, una ruptura profunda en la concepción tradicional del espacio o el territorio en su relación con el tiempo.
Lo virtual puede ser permanentemente presente, dejando al pasado histórico en una categoría de “eterno retorno”: por la vía de lo virtual siempre podemos traer el pasado o el futuro al presente. Desde la perspectiva de lo virtual y de sus aplicaciones geopolíticas en el espacio relacional, el tiempo es esencialmente elástico.
La acción geopolítica virtual –por ejemplo- en la guerra informacional o guerra de la información, se realiza tanto en el pasado, como en el presente y en el futuro, pero instalados coetaneamente en el presente, de manera que nuestra comprensión del tiempo abarca tanto al pasado como al futuro en un solo instante: el presente. Es decir, la virtualidad permite, potencia y desarrolla la simultaneidad hasta límites desconocidos.
La virtualidad de las herramientas informáticas y su uso como instrumentos estratégicos, transforma además las dimensiones del tiempo y del espacio. La virtualidad se transmuta en instantaneidad: todo sucede ahora y aquí, aunque la distancia física pueda contarse en miles de kilómetros. La instantaneidad del “tiempo real”, atraviesa el espacio estratégico y transforma los límites de la acción (política, económica, estratégica) deviniendo actuales, siempre actuales.
En el espacio virtual sucede que siempre estamos en el presente, lo que implica una deshistorización del territorio y una desterritorializacion de la historia y, sobre todo, una negación del futuro como horizonte probable; desde esta óptica de la virtualidad, el futuro está muy lejos en la improbabilidad y el pasado ya ocurrió: todo está en presente y en el presente.
La virtualidad en la relación espacio-tiempo, implica la simultaneidad y la instantaneidad en la operación del actor estratégico o del actor programatico. Mientras el espacio tiende a reducirse a cero, el tiempo tiende a devenir solo presente, es decir, también cero. En la nueva relación geopolítica espacio-tiempo, solo existen el aquí y el ahora.
Veamos el asunto desde la perspectiva del conflicto.
El espacio en el conflicto o en la guerra, es decir el espacio bélico y estratégico, es algo más que el simple espacio geográfico, terrestre, aéreo o marítimo. Los planes de la guerra utilizan las características oceanográficas y climatológicas del territorio, del espacio o del mar como datos o “accidentes del terreno”, en función de sus propias exigencias estratégicas, operacionales y tácticas.
Por lo tanto, el concepto global de la guerra, es decir, la concepción estratégica de la guerra en cualesquiera terreno o espacio físico, determina la unidad, la profundidad y la propia orientación del espacio estratégico. Para la guerra, no existe espacio neutral, sino que todas las combinaciones tácticas y operacionales son posibles en todas las dimensiones físicas del mar como teatro: superficie, atmósfera, profundidades, espacio, borde costero, campo electromagnético.
En consecuencia, el espacio estratégico no es el resultado mecánico de una suma matemática entre los datos geográficos y oceanográficos y las posibilidades militares, sino que el espacio precede a la conceptualización estratégica, de manera que en función de sus exigencias y posibilidades, el terreno de acción puede extenderse o limitarse, y también pueden modificarse los instrumentos militares a utilizarse y el grado de intensidad del propio esfuerzo bélico.
Un concepto crucial para entender los roles estratégicos del espacio en la guerra, es la noción de cálculo. El estratega, en función de las directrices políticas que presiden la guerra, procede permanentemente a un juego dialéctico de estimaciones, percepciones y pronósticos, lo que produce una concepción del propio “juego estratégico” y del “juego del adversario”, y cuyos resultados - a la vez, finales y provisorios- son los cursos de acción.
El espacio (aéreo, terrestre, marítimo) como teatro de la guerra, es previamente, medido, dimensionado, delimitado, calculado, es decir, es objeto de cálculo estratégico, para que pueda ser utilizado en la forma más eficaz por las fuerzas propias, y de manera también de impedir o dificultar su uso por las fuerzas enemigas.
El cálculo estratégico hecho sobre el espacio de la guerra, sin embargo, siempre es una conjetura, una aproximación intelectual que se enfrentará a la realidad, y se calibrará en su calidad y sus defectos, solo en la prueba de fuego de la batalla y de la maniobra.
El cálculo estratégico ordena el espacio estratégico marítimo, y los teatros que lo integran, en función de un punto único y central: el centro de gravedad. Este lugar es calculable, y es el punto de equivalencia, en el que el poder político y su instrumento el poder naval, concentran la capacidad disuasiva y la potencia destructora de las fuerzas navales. El centro de gravedad -como se verá más adelante- es el objetivo único y central de la ofensiva y del ataque, y resorte último de la actitud defensiva, y permite determinar conceptualmente y al mismo tiempo, las fuerzas navales que van a ser puestas en juego (o en presencia) en un teatro, y el espacio donde ejecutarán la maniobra y sus combinaciones.
De este modo, el espacio estratégico no es una realidad concreta que se confrontaría con el concepto estratégico de la guerra en algunos de los espacios o teatros donde ella se produce realmente, o dominaría sobre éste.
En realidad, es el concepto estratégico (con sus derivaciones operacionales y tácticas) el que articula el espacio como teatro de la guerra, es decir, como teatro bélico, según se pudo estudiar anteriormente.
Finalmente, no debe olvidarse que todo espacio susceptible de devenir en teatro de la guerra, o de la batalla, está dotado de profundidad estratégica, y que es el ámbito geográfico percibido y calculado para la ejecución de la maniobra.
A su vez, como se ha analizado, el tiempo es una dimensión estratégica que reviste una significación aún mayor que el espacio, en el ámbito del conflicto y de la guerra.
La guerra en general -como lo ha subrayado Clausewitz- no consiste en un sólo golpe dado sin referencia a su duración, sino que consiste -en la práctica más objetiva y concreta- en una sucesión más o menos concatenada de maniobras, desplazamientos y combates (terrestres, aéreos, navales, submarinos, anti-submarinos, aero-navales, aero-terrestres, o de guerra electrónica) los que conceptualmente asumen la forma de una secuencia temporal continua de acciones de guerra.
La guerra crea su propio tempo, su propio ritmo, su propia secuencia temporal de eventos, los que suceden a ritmos distintos.
Siempre dentro de la concepción clausewitziana, se afirma que la duración en el tiempo estratégico, es originada por la acción del bando que se encuentra en la postura defensiva.
Esto se traduce en la noción de que el ritmo de la guerra es impuesto preferentemente por la postura estratégica defensiva, la que tiende a retardar la decisión mientras acumula fuerzas y recursos, desvía los golpes o se prepara para la contra- ofensiva, mientras que el bando o contendor que se encuentra en una postura estratégica ofensiva, actúa urgido por la celeridad del impulso, trata de acercar el momento de la decisión, y se despliega en el teatro con todas o con las mejores de sus fuerzas.
Aquel que responde el ataque, es decir, el defensor no solamente es el primero en crear la dualidad propia del combate o la batalla (el enfrentamiento entre dos fuerzas adversarias enfrascadas en la guerra), sino que además, tiene la posibilidad de definir inicialmente el grado de intensidad con que se desencadenará la batalla.
El tiempo como noción estratégica, generalmente actúa ordenado y articulado por la defensiva. El defensor “tiene tiempo” para elegir lugar y momento de la decisión.
Siempre hay que tomar en cuenta que existe una usura progresiva de la postura y del esfuerzo ofensivo, hasta que el enfrentamiento llega a su punto culminante y las fuerzas del defensor pueden acrecentarse gradualmente hasta convertir la contra- ofensiva en una ofensiva estratégica. En la guerra en general, y en su concepto estratégico, si la ofensiva no produce una decisión rápida, inmediata y fulminante, el tiempo comienza a jugar en su contra y en favor de la defensiva.
Las fuerzas defensivas o en postura defensiva, fijan la equivalencia de la Política y de la Estrategia, porque la encrucijada del enfrentamiento es el propio centro de gravedad en el espacio bélico, y allí el defensor hace actuar y puede explotar más eficazmente el factor tiempo, a condición que el concepto estratégico lo integre.
Es necesario considerar además, desde una perspectiva realista, que los tiempos de decisión en el desarrollo objetivo de la guerra y de la batalla, están tendiendo a disminuir cada vez más, originando no sólo una creciente tensión psicológica en los núcleos humanos de mando y de dirección de combate, sino que alterando la propia noción de tiempo durante la batalla, la que parece reducirse ahora a escasos minutos de concentración e intercambio de fuego, o a llegar a la instantaneidad.
Opera aquí la tendencia estratégica, operacional y táctica –cada vez más predominante actualmente- a promover y buscar la velocidad o celeridad en la guerra: celeridad en los despliegues, celeridad en el golpe decisivo, celeridad en la búsqueda de decisión en la batalla, celeridad en la concentración en el centro de gravedad. El tiempo de la guerra, también se mide en términos de celeridad o retardo, de aceleración o de disminución o “ralentización” del ritmo.
Posición, centralidad y periferia
El lugar específico y relativo que ocupa un actor con respecto a otro y en el marco de una estructura y jerarquización del poder: los sistemas, los territorios y los espacios y la ubicación que cada actor tiene dentro de ellos, puede ser entendido en términos de posición, es decir, de un lugar relativo en relación con otro; cada punto dentro de una red, solo es comprensible en tanto en cuanto se relaciona con otro punto, a través de líneas, de vectores.
Territorio y conflicto
El dominio o la posesión de territorios, lo que podría entenderse como la territorialidad de la acción humana, constituye uno de los rasgos distintivos de la especie, aunque también se trata de una característica que presentan la mayor parte de las especies animales. La territorialidad se nos presenta como una manifestación de la voluntad y de la capacidad del ser humano para apropiarse y ejercer alguna forma de poder y/o dominación sobre un determinado espacio, en virtud de ciertos intereses.
Bajo determinadas condiciones, la territorialidad de un actor produce o induce a confrontarse con otro actor respecto de un determinado espacio o territorio.
ALGUNOS FACTORES DINÁMICOS DEL ANÁLISIS GEOPOLÍTICO
Tendencias centrípetas y tendencias centrífugas
Al interior del espacio geopolitico, los actores desarrollan y se encuentran inmersos en dos grandes ordenes de tendencias: una que conduce hacia la concentracion, organización, articulacion, concertacion, y que se denomina una tendencia centripeta; y otra, en la que el comportamiento de los actores se orienta hacia la dispersion, hacia el conflicto, hacia la fragmentacion, hacia la fuga de los espacios y arenas de articulacion.
El funcionamiento de los sistemas, del orden internacional y de los actores del sistema internacional puede ser interpretado a la luz de esta constante global: a un ciclo de tendencia centrifuga, sigue otro de tendencia centripeta.
Los diferentes actores del sistema internacional juegan generalmente en ambos “registros”: inducen o empujan en una u otra direccion según la naturaleza especifica y la percepcion que tienen de sus propios intereses y de los intereses que estan en juego en las diferentes arenas.
Conciencia y representación del espacio-territorio
Aquí se analizan las percepciones propias y ajenas respecto del lugar que le cabe a un actor político dentro de la escena internacional. Dichas percepciones depende tato de la cultura propia, de la voluntad política y geopolítica del Estado y la elite dirigente, como de la imagen internacional que dicho actor ha logrado establecer y ha obtenido como consecuencia o efecto de sus prácticas internacionales.
Al mismo tiempo esta noción presupone que cada sociedad, cada actor político que interviene en la esfera internacional posee un determinado grado de conciencia del lugar que posee y desea poseer en el mundo y en el espacio continental circundante. Es esa conciencia del propio espacio la que va a determinar la representación que se forma de éste.
Apropiación y construcción del territorio y los espacios
La noción de territorialización nos aproxima a la comprensión del proceso de construcción del territorio. Las prácticas humanas (económicas, sociales, políticas, estratégicas...) van configurando un cierto territorio en virtud de ciertas estrategias e intereses que las mueven.
El proceso de construcción del territorio se realiza a partir de algunas premisas o axiomas geopolíticos básicos, a saber:
a) toda superficie, todo espacio-territorio es susceptible de ser organizado;
b) una determinada organización del espacio-territorio no es única ni fija;
c) en toda superficie, en todo espacio-territorio es posible establecer al menos un camino, una vía entre dos puntos de una malla de relaciones;
d) esa vía entre dos puntos, tampoco es única;
e) entre tres puntos de una relación en el espacio, es posible establecer una red o malla de relaciones.
La construcción del territorio sucede en dos niveles: a nivel material y a nivel simbólico.
El plano material es el de la ocupación, de la toma de posesión, de la utilización económica, social y estratégica de un determinado territorio, por la vía de introducir en él, trabajo, energía, información, poder en definitiva.
El plano simbólico es el de la configuración de las representaciones espaciales o territoriales, la simbología que cada grupo humano construye de los espacios o territorios que domina o que desea poseer, todas las cuales se sitúan en el nivel del subconsciente colectivo e individual.
El espacio o el territorio toman importancia en función de la representación simbólica que los grupos humanos se hacen de él, y en virtud de la experiencia histórica que los vincula a él.
Toda práctica espacial inducida por un sistema de acciones o de comportamientos, aunque sea embrionaria, se traduce en una producción territorial que hace intervenir mallas, nudos y redes. ( ) En definitiva, el proceso de producción de territorio -obra humana y consciente por excelencia- supone la compartimentación y reparto de superficies, la implantación de nudos y la configuración de redes.
No deja de tener importancia en la construcción de territorio, la delimitación. La configuración y fijación de fronteras constituye una de las prácticas históricas más antiguas y más relevantes para el establecimiento de la identidad grupal propia como afirmación distintivas frente a las identidades grupales ajenas. La frontera diferencia, limita, envuelve los espacios y territorios propios, generando formas básicas de diferenciación, separación y polaridad con otros espacios y territorios “ajenos”; la frontera es el límite distintivo entre el yo y el otro, entre la propiedad y la “otredad”.
Localización y deslocalización
Todo actor, toda unidad política se sitúa en una relación determinada con un espacio-territorio, en virtud de determinadas estrategias, de determinados intereses que lo mueven a apropiarse de él. Cualquiera sea la forma o la modalidad de dicha apropiación, cada unidad política se dirige a obtener, lograr o mantener un determinado grado de acceso, dominio y/o control sobre determinados espacios-territorios, en virtud de la importancia que dichos espacios tienen para el logro de sus intereses.
Cada vez que una práctica humana se instala en un determinado espacio, no sólo se está produciendo territorio, con todo lo que ello implica de apropiación física o material y de producción simbólica, sino que además está localizando, situando determinados intereses y estrategias de poder, a través de dichas prácticas.
Para ello, una unidad política cualquiera, establece su presencia, su organización, sus redes relacionales y sus prácticas en un territorio, generando vínculos materiales y virtuales que lo asocian a éste, y que le permiten localizarse en él en vistas de sus metas e intereses. Esta localización, que es en la práctica un proceso de asentamiento físico-virtual en un territorio, puede realizarse en términos de concentración de los recursos de poder aplicados o de su desconcentración, según las estrategias puestas en práctica.
La deslocalización es una forma de desconcentración de las prácticas de producción del territorio y de los recursos aplicados a éste, en función de criterios de eficiencia, de rentabilidad o de seguridad.
Localización y deslocalización de las prácticas en los territorios y espacios, son en síntesis dos polos de una misma estrategia que opera y se materializa en función de determinados intereses.
Las áreas de influencia
Las relaciones entre los actores políticos internacionales tienen lugar en un contexto caracterizado por la complejidad de las influencias y determinaciones que mutuamente se producen entre ellos. La diferencia de potencial de cada actor, sin embargo, da origen a espacios geopolíticos en los que los actores dotados de mayor potencia y voluntad, actúan de manera que los resultados de dichas acciones conducen a establecer ámbitos donde su influencia económica, política, cultural o estratégico-militar, se hace más o menos visible.
Las áreas de influencia constituyen una dimensión más o menos opaca del juego de las relaciones internacionales, más fácilmente discernibles por las conductas de los actores, que por la retórica con la que justifican dichas conductas.
Autonomía, interdependencia y dependencia
La asimetría existente en la realidad de los procesos políticos, económicos y culturales en el orden internacional y en las relaciones geopolíticas, constituye un dato estructural básico, para comprender las relaciones entre los actores de la escena internacional.
En un contexto real de asimetría, cada actor o unidad política tiende natural y espontáneamente a obtener la máxima cuota posible y sustentable de autonomía en su provisión de recursos, con respecto a las demás unidades políticas.
En realidad la estructura de las relaciones geopolíticas en el mundo contemporáneo tiene lugar dentro de un contínuum que va desde la autonomía absoluta y total hasta la dependencia absoluta y total, situándose la condición de interdependencia en el punto intermedio entre ambos. Cada actor o unidad política se desplaza a través del tiempo y en el espacio geopolítico, tendiendo a integrar entre sus intereses vitales, la búsqueda de la máxima autonomía posible y alcanzable y, correlativamente, a reducir la dependencia que pudiera afectarle respecto de otras unidades políticas con las que se relaciona.
La dualidad autonomía-dependencia hace referencia a la dotación real y potencial de recursos (de poder, de información, económicos, tecnológicos, energéticos, etc.) que permiten a cada unidad política acceder a las arenas en condiciones que les permitan realizar y lograr sus intereses.
PARÁMETROS PARA EL ANÁLISIS GEOPOLÍTICO
Los objetivos fundamentales del análisis geopolítico son:
a) desarrollar una operación intelectual dirigida a concebir, analizar y comprender una situación geopolítica en el presente, tal como ella se presenta en un espacio geográfico dado;
b) aprender el tratamiento y la integración de determinadas cantidades de información y de data en función de un cuestionamiento geográfico e histórico de la realidad, a fin de hacer inteligible una determinada situación geopolítica; y
c) intentar comprender la realidad desde una perspectiva geopolítica que, relacionando la evolución pasada de un fenómeno o situación, los actos y decisiones políticas del presente y estimando sus trayectorias más probables hacia el futuro, permita construir interpretaciones útiles para los procesos de toma de decisiones.
1. EL COMPONENTE TERRITORIAL.
1.1. ¿De qué tipo de territorio se trata? ¿Forma parte de un Estado, de una entidad al interior de un Estado, de un conjunto de Estados, de una situación internacional dada?
1.2. Localización del territorio. ¿Dónde se sitúa? ¿Qué factores determinan su localización? ¿Cuáles son sus límites o fronteras? ¿Qué territorios se encuentran en su vecindario? ¿Qué historia presenta este territorio desde el punto de vista de quienes lo dominan o poseen? Accesibilidad, carácter extremo, alejado o fronterizo, excentricidad o centralidad del territorio respecto de los centros de poder.
1.3. Naturaleza del territorio. ¿Se trata de un territorio unificado, diseminado, en enclave, abierto, cerrado? ¿Cuáles son sus dimensiones físicas? ¿Territorio marítimo?
1.4. Características geográficas del territorio. ¿Dimensiones? ¿Recursos naturales que posee? Relieve, clima, vegetación.
1.5. Poblamiento del territorio. Habitantes históricos; habitantes actuales. Composición social, étnica y cultural de la población. Fenómenos migratorios que tienen lugar hacia y desde el territorio en análisis. Importancia numérica de la población, densidad, procesos demográficos (mortalidad, natalidad, morbilidad). Puntos de concentración y zonas de dispersión de la población en el territorio.
1.6. Recursos del territorio. Recursos energéticos, naturales, vegetación, calidad y vocación del suelo, recursos hídricos, espacios libres.
1.7. Infraestructura disponible. Puertos, aeropuertos, rutas, densidad urbana, industria, mercados, etc.
2. LOS ACTORES DEL SISTEMA.
2.1. ¿Quiénes son los actores en presencia? ¿Dónde residen y cual es la importancia numérica de los grupos o actores involucrados?
2.2. Localización y tamaño de los actores en juego.
2.3. Valores, cultura e identidad de los actores en juego.
2.4. Situación social, económica y tecnológica de los actores en juego.
2.5. Alianzas o campos de fuerzas que se han establecido entre los actores en presencia, desde el pasado reciente o lejano: alianzas coyunturales y alianzas históricas.
3. REIVINDICACIONES E INTERESES.
3.1. ¿Qué demandan los actores en presencia? ¿Cuáles son sus aspiraciones y demandas actuales, en relación con sus demandas y aspiraciones históricas?
3.2. ¿Cuáles son los intereses esenciales o vitales de los actores en presencia?
4. ENCRUCIJADAS.
4.1. ¿Cuáles son los nudos conflictivos que oponen actualmente a los actores en presencia?
4.2. ¿Cuáles son las dimensiones políticas de estos conflictos?
4.3. ¿Cuáles son las dimensiones humanas de los conflictos?
4.4. ¿Cuál es la escala territorial en la que tienen lugar estos conflictos?
5. ESTRATEGIAS, MEDIOS Y ACCIONES.
5.1. ¿Cómo intentan los actores en presencia alcanzar sus objetivos? ¿Cuáles son los medios que han puesto en juego para alcanzar sus objetivos e intereses?
5.2. ¿A qué escala territorial están operando estos actores?
5.3. Temporalidad de las estrategias y acciones. ¿Desde cuándo los actores se encuentran en conflicto?


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS Y DOCUMENTALES
Gallois, P. M.: Géopolitique. Les voies de la puissance. Paris, 1990. PLON – Fondation pour les Etudes de Défense Nationale.
Hall, E.: La dimension cachée. Paris, 1989. Ed. du Seuil.
De Mattos, C., Hiernaux, D., Restrepo, D.: Globalización y territorios. Impactos y perspectivas. Santiago, 1998. Fondo de Cultura Económica.
Raffestin, C.: Pour une géographie du pouvoir. Paris,