viernes, 19 de agosto de 2011

Al menos 47 muertos en un atentado suicida en Pakistán


La explosión se ha producido en una mezquita próxima a la ciudad de Peshawar, al noroeste del país
AGENCIAS - Islamabad - 19/08/2011
Al menos 47 personas han muerto y otras 70 han resultado heridas en un atentado suicida registrado en una mezquita de la región tribal paquistaní de Khyber, según informan las autoridades locales. La explosión se ha producido durante el rezo del viernes en un templo de la zona de Jamrud, en las afueras de la ciudad de Peshawar y a pocos kilómetros de la frontera afgana. Se trata de una región especialmente azotada por los ataques de los talibanes aliados a Al Qaeda.

Centenares de personas han acudido para la oración a la mezquita, cuyo techo se ha derrumbado tras la deflagración, que se produjo a las 8.45 hora española. Ante la escasez de centros médicos en la zona, muchos de los heridos han sido trasladados a Peshawar, capital de la provincia. En Khyber se halla el principal paso terrestre que une Pakistán con Afganistán y por el que transita el grueso de los suministros para las fuerzas internacionales desplegadas en el país vecino.

Según fuentes locales, un suicida ha irrumpido en la mezquita de Al Medina a través de una ventana durante la oración e hizo estallar la carga explosiva que portaba. El canal televisivo Express asegura que el atacante tenía entre 15 y 16 años y ha recordado que el atentado tiene lugar días después de que las tribus de Jamrud negaran la entrada a los talibanes. En este sentido, el ataque pudiera deberse a una venganza de los islamistas radicales contra las tribus de la zona.

A causa de su valor estratégico, el área está plagada de grupos talibanes y bandas criminales que luchan por imponerse y lucrarse del comercio. Esta zona es también escenario de tensiones sectarias y de guerras intestinas entre diferentes organizaciones islamistas radicales. A ello se suma que, desde hace unas semanas, el Ejército pakistaní lleva a cabo una operación contra los integristas en la vecina región tribal de Kurram. Hasta la fecha, la estrategia de las Fuerzas Armadas es combatir a determinados grupos y atraerse el favor de otros para doblegar así los talibanes, que pasan con frecuencia de un lado al otro de la frontera.

Estados Unidos, por su parte, presiona a Pakistán para que elimine la amenaza que suponen la red Haqqani y otros grupos integristas locales para sus tropas destacadas en Afganistán, aunque Islamabad parece reticente a comprometerse plenamente en la lucha antiterrorista. Las zonas tribales de la provincia de Waziristán, fronteriza con Afganistan, son el principal feudo de los talibanes en Pakistán, pero el Ejército sigue sin lanzar allí una ofensiva, en particular en la demarcación norteña, la que está más controlada por los insurgentes. La colaboración en materia antiterrorista entre Washington e Islamabad sufrió un varapalo tras la operación de EE UU en territorio paquistaní que acabó con la vida de Osama Bin Laden el pasado 2 de mayo.

Pakistán es uno de los países más azotado por el terrorismo integrista ya que el movimiento talibán ha puesto de mira en los últimos años al Gobierno de Islamabad, por su alianza con EE UU. Desde 2007 han muerto más de 4500 personas en el país por atentados de islamistas radicales y grupos terroristas vinculados a la red Al Qaeda.


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Había una vez una dacha en Crimea

En aquel lugar de Ucrania había veraneado el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, y su familia en agosto de 1991


PILAR BONET | Moscú 19/08/2011


Lucía un sol espléndido, el mar era transparente y la brisa de la montaña llegaba acompañada por el rumor aletargante de los grillos. Podía ser el paraíso y sin embargo, el ambiente resultaba opresivo, o tal vez éramos nosotros, los visitantes, quienes transmitíamos nuestra desazón a la dacha Zaría de Forós, aquel lugar de Crimea donde el presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, su esposa Raísa y su familia habían veraneado en agosto de 1991.

Habían pasado catorce años de aquello y EL PAIS preparaba un reportaje dedicado a los palacios de zares y príncipes y las residencias de líderes comunistas, que salpican la península de Crimea. El servicio de Intendencia de la presidencia ucraniana nos había dado permiso para visitar Zaría o la "dacha número diez", pero la víspera de nuestra concertada visita, a Forós llegaron de repente invitados del presidente Víctor Yúshenko, que pasaron la noche en la dacha y que tardaban en marcharse. Se trataba de un adinerado jeque árabe acompañado de una nutrida comitiva, que acabaron marchándose en un yate.

La dacha Zariá se alza en un territorio de más de 40 hectáreas con 1,350 kilómetros de playa particular reservada. Cubierta por un tejado de cuatro vertientes, el edificio está construido en torno a un patio interior rodeado por una escalera. El lugar, nos dijeron, se conservaba tal como estaba cuando era una residencia oficial de veraneo para el líder soviético. No se trataba de un confortable hogar moderno, sino de un lugar representativo, oficialista y poco acogedor. Lámparas de lágrimas reflejaban su luz sobre aparatosos muebles lacados. En el salón, una chimenea forrada de malaquita y un enorme televisor; en el despacho que fue de Gorbachov, libros de referencia, de arte y de sociología, y, en la sala de deporte, una bicicleta fija.

El jeque y su séquito durmieron en los aposentos que habían sido de Raísa y Mijaíl Gorbachov y se bebieron todo el whisky en la terraza. Cuando se fueron, las doncellas abrieron las ventanas, sacudieron colchones y almohadas y cambiaron la ropa de cama. Algunas trabajaban ya en esta dacha en época soviética como nuestro acompañante, Stanislav Spateruk, antiguo oficial del KGB, que dijo haber estado en ella el 19 de agosto de 1991. ¿Estaba prisionero Gorbachov aquel día? "Hubiera podido marcharse si hubiera querido. ¿Quién se lo hubiera podido impedir?", contestó.

En el jardín, protegida por una lona manchada de humedad, había una pantalla de cine al aire libre, que parecía un resto arqueológico de una civilización desaparecida. Descendimos a la playa en una escalera mecánica de dos tramos cubierta con un material transparente que dejaba entrar la luz, y se deslizaba, como una oruga de plástico y metal, por un paisaje de sauces, pinos y sabinas. Abajo había una piscina cubierta de 25 metros, una pista de tenis, una cabaña-vestuario, una gruta, una terraza, dos playas, y un embarcadero. Por entonces, y pese a aquellas comodidades, ninguno de los dirigentes de Ucrania había querido vivir en aquel lugar que parecía embrujado y congelado en el tiempo. Gorbachov dijo el pasado miércoles que él nunca había vuelto allí.



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