miércoles, 23 de marzo de 2011

Geopolítica de la Multipolaridad


La UE también tiene que hacer su revolución
DJÉMILA BOULASHA 07/03/2011
Las revoluciones tunecina y egipcia dan fe de la existencia de un profundo abismo entre las dos orillas del Mediterráneo. Mientras millares de manifestantes ávidos de libertad rendían un pacífico homenaje a valores como la dignidad y la democracia, la Unión Europea se ha quedado "sin voz". Europa, a la que pensábamos vigorizada por el Tratado de Lisboa, se ha mostrado incómoda por los cambios.

Sin embargo, esos acontecimientos suponen para la Unión la oportunidad de emprender una verdadera revolución en su política exterior, de desempeñar un papel en las mutaciones mundiales en igualdad con otros actores. El porvenir del Mediterráneo y los intereses de la Unión merecen algo más que el de ser una eterna comparsa.

La Unión debe dotarse de una visión a largo plazo de las relaciones euromediterráneas. Su política de vecindad se acaba de quitar la máscara. Con el pretexto de la muralla contra el islamismo, la Unión ha consolidado regímenes viciados, supergendarmes encargados de tranquilizar la orilla sur encauzando sus flujos migratorios. Esa complacencia ha alimentado el autoritarismo de los poderes establecidos y contribuido a sentar las bases de los extremismos, al tiempo que propiciaba la huida de millares de personas hacia Europa.

¿Habremos de recordar que a finales de 2010 la Unión tenía previsto recompensar a Túnez con un "estatuto avanzado" de cooperación, puesto que no existían para ello "dificultades específicas"? ¿Acaso puede continuar todavía la Unión sus negociaciones con Libia hacia un acuerdo global de cooperación sin tener en cuenta las aspiraciones democráticas de su población?

En ese teatro de sombras, el papel diplomático de la Unión ha resultado ser política y moralmente contraproducente. Cuando se firma un pacto con el diablo, no puede esperarse otra cosa que perder el alma. La ética, la firmeza y el valor deben guiar a la diplomacia europea a rechazar cualquier compromiso de ese género. ¡Los instrumentos existen, pero nunca han sido utilizados! La Unión debe recurrir al carácter condicional democráticamente estipulado en los acuerdos bilaterales, y suspenderlos en caso de violación de los derechos humanos. Debe explorar la utilización de nuevos instrumentos disuasorios: bloqueo de los activos de los regímenes corruptos, iniciativas sobre los "bienes mal adquiridos", "responsabilidad democrática de las empresas"...

Vuelta hasta ahora hacia el Este, la Unión debe reequilibrar su atención hacia el Sur: sus prioridades en política exterior deben reorientarse para dar al Mediterráneo más importancia en lugar de que solo sea brevemente mencionado en los anexos. La idea, recientemente relanzada por el Parlamento Europeo, de un banco euromediterráneo de inversiones (como lo es el BERD para la Europa del Este) permitiría complementar tal reorientación. Además, habría que asegurarse de que las financiaciones, en consecuencia, se consagren a proyectos que beneficien a las poblaciones y no a la cadena de corrupción, y que se orientarán a la integración de la región.

La transparencia y el rigor en las relaciones contractuales con los socios de la Unión son indispensables. El Parlamento Europeo puede desempeñar ahí un papel clave; dotado del poder de control democrático, puede ejercer un derecho de vigilancia sobre los instrumentos de cooperación exterior y asegurarse de la mejor utilización de sus fondos. Como vigía de la Unión en materia de derechos humanos, debe servir de acicate contra las derivas antidemocráticas de los socios de la Unión.

La Unión debe sostener el desarrollo local y la modernización del espacio público: emergencia de una sociedad civil, cooperación sindical; cooperación de las autoridades locales, como Arlem (Asamblea Regional y Local Euromediterránea), del Comité de las Regiones, que ha apostado por la democracia local; transferencias tecnológicas...

La Unión deberá experimentar necesariamente un cambio de mirada: salir de su visión centrada en la seguridad y privilegiar una visión, compartida con el Sur, de un codesarrollo duradero.

Las poblaciones de la región no están condenadas al fatalismo oriental y a las dictaduras. La prueba son estos florecimientos mediterráneos: la democracia también es factible en esa parte del globo. La democracia no es un virus que contamina. Al contrario, los levantamientos han permitido curarse de los regímenes autoritarios, una enfermedad demasiado frecuente.

Esas revoluciones deben interpelar a Europa sobre lo que ocurre en su seno. Debe mostrarse lúcida y valerosa, segura de su divisa "unidos en la diversidad", y abordar de manera diferente la inmigración mediterránea. ¿Acaso no es esta, más que un riesgo, una baza para su envejecida demografía y para su economía? ¿No es hora ya de promover las sinergias con los inmigrados?

Esas poblaciones no están formadas por súbditos sino por ciudadanos, dotados de un ardiente deseo de vida, de sueños, de entusiasmo y de valor que solo piden el respeto a su humanidad. La Unión no puede permanecer sorda ante ello, a riesgo de convertirse en la sepulturera de los valores que la conforman.


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Libia: escepticismo anuncio de alto el fuego



Domingo 20 de Marzo de 2011 20:28
Un portavoz de las fuerzas rebeldes a Gadafi en la ciudad de Tobruk dijo no estar interesado en ningún anuncio de cese del fuego por parte del gobierno libio, informó el corresponsal de la BBC Kevin Connolly.

Los rebeldes recordaron que el viernes Gadafi también anunció un cese del fuego, para pocas horas después atacar a las ciudades rebeldes de Misrata y Bengasi.

Las tropas leales a Gadafi sostienen que los ataques se produjeron luego de que los mismos rebeldes rompieran el cese del fuego.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, sin embargo, dijo que sinceramente esperaba y le pedía al gobierno libio que mantuviera su palabra.

Por lo pronto, fuego antiaéreo se ha escuchado y visto en el cielo de la capital Libia este domingo por la noche, y algunos testigos también han reportado explosiones cerca de una de las residencias de Gadafi.

Un portavoz del Pentágono dijo que no se descartaban más ataques en contra de posiciones militares libias, de considerarse necesario, pero dijo que Gadafi no era uno de los objetivos de los ataques de la coalición.

El vice almirante William Gortney, director del estado mayor conjunto de Estados Unidos, también dijo dudar de cualquier promesa de Gadafi, luego de que el viernes atacara ciudades rebeldes después de haber anunciado otro cese al fuego.

Geoplítica de Conflictos: El Contra ataque

Gadafi contrataca: "Lucharemos hasta el final"
El dictador reaparece en su palacio destruido para arengar a sus partidarios. -Cuarta noche de bombardeos a objetivos militares en Trípoli.- Los tanques del dictador abren fuego contra la población en Misrata y dejan 40 muertos.-Duros enfrentamientos entre tropas leales y rebeldes en Ajdabiya. -La insurgencia, incapacitada por indisciplina y falta de armas
JUAN MIGUEL MUÑOZ / ÁLVARO DE CÓZAR | Zueitina (Enviado especial) / Trípoli 23/03/2011
Barack Obama, el presidente de EE UU, aventura que Gadafi podría simplemente escurrir el bulto y esperar a que pasen los bombardeos. Su secretaria de Estado, Hillary Clinton, especula en la cadena ABC sobre la posibilidad de que el dirigente libio y sus principales colaboradores preparen su exilio, eso contando con que la forma en que se comporta el coronel es "un tanto impredecible".

¿Y qué hace mientras Gadafi? Ajeno a tantas disquisiciones sobre su futuro, el libio volvió a comparecer a última hora de la noche de ayer en la televisión estatal para asegurar que nadie le moverá de su jaima. "Lograremos la victoria al final (...). No nos rendiremos, les derrotaremos por todos los medios", gritaba, proclamando a los cuatro vientos que su régimen está "preparado para la lucha, sea corta o larga". El coronel habló desde el edificio destruido dentro de su complejo palaciego por un misil de la alianza el día 21 rodeado por cientos de sus partidarios que cumplían el doble papel de entusiastas espectadores y escudos humanos ante el temor de nuevos ataques aliados.

Efectivamente, poco antes las baterías antiaéreas habían comenzado a escucharse de nuevo, tras una fuerte explosión en Trípoli, en la cuarta noche de bombardeos. El Pentágono anuncia que los aviones de la coalición internacional han salido 336 veces y disparado en 108 ocasiones desde el comienzo de la ofensiva el sábado, pero no por ello disminuye la furia con la que las tropas del dictador golpean a sus enemigos internos.

Ofensiva contra Misrata

El coronel quizá dijo una verdad anoche: no contempla la rendición. Es imposible discernir qué decisiones adoptará un dirigente de su calaña, pero es seguro que observa complacido las fisuras en la alianza internacional y, consciente de que el proceso judicial en La Haya no tiene vuelta atrás, el tirano, ya sin salida decorosa, juega la carta de la crueldad. Asedia ciudades, masacra civiles, y corta el suministro de agua y luz a urbes como Misrata, la tercera población de Libia, cuyos 300.000 habitantes padecen el cerco desde hace un mes y ataques con artillería pesada desde días atrás.

Decenas de civiles han muerto en Misrata, entre ellos cuatro niños que fallecieron ayer despedazados cuando su familia huía de la ciudad en coche. Gadafi ataca a una insurgencia incapaz de entablar un verdadero combate porque su armamento es raquítico y su despliegue, anárquico. Daba lástima ayer hablar en el frente con Jamal Zuaye, un coronel de la aviación que se alistó a la rebelión y al que los milicianos no hacían caso. Zuaye era la viva imagen de la impotencia. Las fuerzas del régimen han utilizado incluso a ciudadanos como forzados escudos humanos con la intención de evitar ataques de los bombarderos británicos.

Gadafi, el golpista que se alzó al poder hace 41 años no ignora que, incluso sin poder utilizar sus aviones y helicópteros, su Ejército es infinitamente superior a los insurrectos libios. Y sin escrúpulos para castigar al pueblo que dice le adora, ha provocado una catástrofe en Misrata, 200 kilómetros al este de Trípoli. Médicos consultados por Reuters aseguran que operan en los pasillos, en el suelo, de la clínica a un sinfín de heridos de bala y metralla. Muchos se quedan sin atención.

La zona de exclusión aérea decretada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es papel mojado cuando los tanques del dictador se parapetan en el centro de una ciudad. "Falta personal, camas y medicamentos", lamentaba un doctor desde Misrata. Zintan, a poca distancia al oeste de Misrata, sufre la misma suerte.

El 22 de febrero Gadafi prometió morir como un "mártir". Conquistó con brutalidad Zauiya, al oeste de Trípoli, el 10 de marzo. Sus tropas cruzaron el desierto expulsando a los milicianos de las instalaciones petroleras de Ras Lanuf y Brega, ya en el oriente de Libia. Los leales al coronel se apoderaron de Ajdabiya y avanzaron 160 kilómetros hasta Bengasi, capital del alzamiento el 17 de febrero. Los bombardeos de los pilotos franceses frenaron su marcha, y los uniformados de Gadafi retrocedieron el domingo.

A las afueras de Bengasi, todavía humea la chatarra de los tanques y blindados que el autócrata desplazaba para, había dicho, "aniquilar a los traidores". Aún arde un inmenso depósito de nafta en Zueitina, un pueblo sin asfaltar que acoge una de las cuatro grandes estaciones eléctricas del país. Otras aldeas cercanas llevan días sin luz porque dos de los tres tendidos eléctricos fueron derribados. Atrincherados ahora los soldados del dictador en las calles de Ajdabiya, los insurgentes intentan forzar su retirada de esta arenosa localidad de 100.000 vecinos.

Desorganización entre los rebeldes

En nada ayuda a los sublevados su propia actitud. "Quieren luchar y es muy difícil que obedezcan órdenes. No podemos ni rescatar a los muertos, ni disponemos de armas para enfrentarnos a los tanques y misiles de Gadafi, que ha tomado Ajdabiya. Después de los bombardeos de la aviación francesa, creció nuestro ánimo para pelear, pero no hay cadena de mando", admite el coronel Zuaye, cuya esposa y cuatro hijos se esconden en esta ciudad. ¿Comunicaciones entre los rebeldes? "No tenemos", sentencia. Las camionetas llenas de milicianos se dirigen a Ajdabiya cuando les viene en gana. Y se prodigan en un ejercicio tan inútil como ridículo: montados en camionetas disparan a menudo al aire sus fusiles y ametralladoras, bien lejos de sus enemigos. Tal vez, lo único que hacen correctamente es repartir bocadillos de judías con salsa y agua. ¿Se puede luchar en estas condiciones?

No es posible lanzarse a la batalla cuando suceden incidentes como el ocurrido ayer a las puertas de Zueitina, a media decena de kilómetros del frente. Un hombre con uniforme aparentaba dar órdenes; decía ser vecino de Ajdabiya. De pronto, se acercó otro individuo de esta población que afirmó no conocerle. Y brotó la sospecha. El que ejercía de oficial acabó trasladado a Bengasi para comprobar su identidad. Todos creen, y pueden tener razón, que espías de Gadafi se infiltran en sus filas.

"Estamos convencidos de que Gadafi tiene suficiente dinero, oro y diamantes para librar la guerra", comentaba a este diario Mustafá Gheriani, portavoz del Consejo Nacional, el Gobierno de los alzados, que rechazan que militares foráneos pisen su tierra, aunque recen para que los cazas aliados machaquen a las tropas de Gadafi. "No a la intervención extranjera", rezan carteles colgados en avenidas de Bengasi. Y el lema añade: "Podemos hacerlo solos". En absoluto parece que así pueda ser. Defenestrar al odiado régimen exigiría un buen suministro de armamento de países occidentales, mucho adiestramiento y disposición de los insurrectos a someterse a una pizca de disciplina.


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Geopolítica de Conflictos

El estancamiento del conflicto en Libia acrecienta el riesgo de partición
La victoria no está al alcance del régimen, pero tampoco de los rebeldes

IGNACIO CEMBRERO - Rabat - 23/03/2011
"Estancamiento" tras los ataques de la coalición contra los leales de Muamar el Gadafi. Esa descripción de la situación sobre el terreno en Libia la hizo, entre otros, el general Carter Ham, jefe del mando unificado de Estados Unidos para África (Africom).

"Estancamiento" tras los ataques de la coalición contra los leales de Muamar el Gadafi. Esa descripción de la situación sobre el terreno en Libia la hizo, entre otros, el general Carter Ham, jefe del mando unificado de Estados Unidos para África (Africom). "Las fuerzas de tierra del régimen tienen poca capacidad para reanudar sus operaciones" sin apoyo aéreo y conquistar Bengasi, añadió.

La victoria de la oposición "es el escenario que todo el mundo desea, pero es también el más improbable", comenta a este corresponsal el almirante Jacques Lanxade, exjefe de Estado Mayor de la Defensa de Francia. Esa Armada Brancaleone que defiende Bengasi carece de capacidad, por mucha ayuda material que reciba, de emprender una ofensiva.

¿Entonces ni vencedores ni vencidos? "El conflicto puede desembocar en un callejón sin salida", reconocía en la cadena de televisión CBS el almirante Mike Mullen, jefe de Estado Mayor Interarmas de Estados Unidos.

Solo si alguno de los fieles de Gadafi perpetrase un atentado o si la coalición le aniquilase físicamente se superaría el impasse. Si nadie asesinó al líder libio cuando parecía más en apuros, después de que amagara la sublevación en Trípoli, es poco probablemente que surja ahora algún voluntario para acabar con su vida cuando ya ha consolidado su poder en la capital del país.

La segunda hipótesis tampoco tiene visos de concretarse. El ministro francés de Exteriores, Alain Juppé, fue sincero al declarar: "No contemos cuentos: es evidente que el objetivo de todo esto es permitir al pueblo libio elegir a su régimen (...)", pero no por eso se intentará eliminar al líder.

Los responsables estadounidenses lo repiten hasta la saciedad: Gadafi no es su blanco. Prueba de ello es que cuando la coalición atacó el recinto presidencial de Bab el Azizia en Trípoli no destruyó viviendas, sino un puesto de mando militar.

Y, sin embargo, el derrocamiento de Gadafi es "la única fórmula que permite evitar a corto plazo el riesgo de partición del país" en dos, aseguró en una entrevista François Heisbourg, exdirector del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres. "Ya estamos de hecho en la partición", recalca Lanxade.

Hasni Abidi, director del Centro de Estudio e Investigación del Mundo Árabe y del Mediterráneo, con sede en Ginebra, constata además que el actual reparto del territorio entre Gadafi y los sublevados "corresponde grosso modo con la antigua frontera entre la Tripolitania y la Cirenaica". "Gadafi se acomodaría más fácilmente a esta solución que a una capitulación", asegura. Al este está el petróleo [de Libia] y al oeste, el gas", argumenta.

El dictador iraquí Sadam Hussein aceptó también, en 1991, perder el control de parte del país a causa de la instauración de una zona de exclusión aérea sobre Irak. Renunció a las tres provincias kurdas a cambio de mantenerse en el poder 12 años más.

La partición de Libia asusta porque es sinónimo de una situación de caos prolongado a las puertas de Europa, acaso incluso de una nueva Somalia. "No creo que debamos hacer nada que pueda alentar la partición o la división de ese país", declaraba Robert Gates, secretario de Defensa. "Sería una fórmula de inestabilidad".

La partición espanta pero tiene raíces históricas. Como tantos otros países africanos, Libia es una creación artificial compuesta de tres regiones -Tripolitania, vinculada a Túnez; Cirenaica, con nexos con Egipto, y Fezzan, con lazos con Argelia- que el colonizador italiano fundió en un Estado al que otorgó la independencia en 1951. Convirtió a Idris, emir de la Cirenaica, en rey de Libia.


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Geopolítica de conflictos: Despliegue Naval de la OTAN en el Mediterraneo

La OTAN inicia el despliegue naval en el Mediterráneo para asegurar el embargo a Libia
Alemania retira sus buques del embargo naval.-España aporta una fragata, un submarino y un avión de reconocimiento.-París promueve un directorio político de la coalición con presencia de la Liga Árabe
R. MARTÍNEZ DE RITUERTO / A. JIMÉNEZ BARCA | Bruselas / París 23/03/2011
La OTAN comenzará este miércoles a realizar patrullas navales en aguas del Mediterráneo para hacer efectivo el embargo de armas decretado por Naciones Unidas contra el régimen de Muamar el Gadafi, según han confirmado fuentes de la Alianza Atlántica a la BBC. Se trata de la primera vez desde el inicio de los bombardeos aliados que fuerzas de la OTAN participan en la misión internacional en Libia, mientras siguen los debates sobre su grado de implicación en la campaña militar.

En este despliegue naval no participará Alemania, que ha vuelto a expresar con hechos su desacuerdo con la misión militar aliada en Libia. Después de abstenerse de la votación de la ONU contra Gadafi, el Gobierno de Angela Merkel ha comenzado a retirar sus barcos adscritos a la OTAN en el Mediterráneo. Son dos fragatas y dos buques de la Armada, que estarán a partir de hoy bajo mando nacional. Berlín también ha ordenado volver a casa a los 70 militares que participaban como técnicos especialistas en aviones de reconocimiento AWAC de la Alianza para controlar el espacio aéreo en el Mediterráneo.

España contribuirá al embargo con la fragata Méndez Núñez, que ayer partió del puerto de Rota (Cádiz) rumbo al país magrebí, y el submarino Tramontana, que había hecho lo propio el día anterior desde Cartagena (Murcia). También participará en el operativo el avión C-235 de vigilancia marítima, que ha salido esta mañana de la base aérea de Getafe.

Los buques y navíos aliados "realizarán operaciones de seguimiento, información y en caso necesario de detención de busques sospechosos de transportar armas ilegales o mercenarios", resumió ayer el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen.

Los embajadores aliados alcanzaron ayer otro acuerdo que aún tendrá que materializarse. Dieron el visto bueno al plan militar para establecer una zona de exclusión aérea en Libia. Rematar el acercamiento de posiciones con un acuerdo político sobre esta intervención parece cuestión de horas en vista del anunciado acuerdo entre Obama y Sarkozy. La idea de la OTAN, según Rasmussen, es "ayudar en la aplicación" de una exclusión aérea. Ayudar entendido como aportación complementaria aún por definir.

Más sanciones a Libia

En paralelo a la intervención militar la presión contra el régimen libio se incrementa. Hoy la UE ha anunciado un nuevo paquete de sanciones, el cuarto desde que se inició la crisis, que incluirá a la compañía nacional petrolera NOC y sus filiales, han informado fuentes comunitarias. La decisión se adoptará formalmente en las próximas horas y entrará en vigor mañana con su publicación en el Diario Oficial de la Unión.

Además de bloquear los activos de la NOC, los Veintisiete harán efectivas otras de las medidas aprobadas recientemente por el Consejo de Seguridad de la ONU y ampliarán las sanciones contra personas vinculadas al régimen, reforzarán el embargo de armas y prohibirán los vuelos de empresas libias en Europa.

Francia tomó ayer de nuevo la iniciativa en la crisis libia. Su ministro de Exteriores, Alain Juppé, aseguró en la Asamblea Nacional que ha planteado a su homólogo británico la creación de una dirección política que asuma el control de la intervención. "A iniciativa del presidente de la República se lo he propuesto a nuestros colegas de Reino Unido, que están de acuerdo", precisó Juppé. "Será una dirección política que reunirá a los ministros de Asuntos Exteriores de los Estados que participan y los de la Liga Árabe". París redondeó la jornada al anunciar anoche el Elíseo que Barack Obama y Nicolas Sarkozy se habían puesto de acuerdo sobre el modo en que las estructuras de la OTAN serán utilizadas para apoyar a la coalición internacional.

A falta de conocer los detalles de lo pactado entre los presidentes de EE UU y Francia, se sabe que la primera reunión de esa especie de Gabinete multinacional de crisis se celebrará pronto en Bruselas, Londres o París. Como nace con vocación de permanencia, los ministros se seguirán reuniendo "periódicamente".

Francia da este paso cuando ya se oyen críticas de distintos aliados sobre la falta de un mando unificado, piden otros que la OTAN asuma el control y Estados Unidos anuncia que en cuestión de días se colocará en un segundo plano en Libia. En este sentido, Barack Obama declaró ayer que está "absolutamente convencido" de que, pese a todas las dificultades, Estados Unidos será capaz de transferir el mando de la operación militar en Libia en el plazo previsto, que el presidente norteamericano repitió que será de "días, más que semanas".

EE UU asegura que la coalición funciona

En una conferencia de prensa celebrada en San Salvador junto al presidente salvadoreño, Mauricio Funes, Obama se refirió a su conversación de las últimas horas con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y con el primer ministro británico, David Cameron. Informó de que habían llegado a un acuerdo para que la OTAN tuviera un papel relevante en el próximo mando del ataque, aunque no ofreció detalles sobre la conformación de ese mando.

Obama dijo que los esfuerzos militares avanzan a buen ritmo, que la zona de exclusión aérea ya está impuesta y que "se ha evitado lo que pudo ser una catástrofe en Bengasi". El presidente norteamericano recordó que, una vez que el mando sea asumido por otros países, "no van a ser nuestros aviones los que mantengan la zona de exclusión aérea ni nuestros barcos los que vigilen el embargo de armas". Admitió que "mientras Gadafi se mantenga en el poder, persistirá la amenaza contra la población civil".

Reaparición de Gadafi

Mientras su presidente aseguraba que está "convencido" de que el problema diplomático entre los aliados se resolverá, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, abría una nueva vía en las especulaciones sobre el futuro de Gadafi al declarar, en una entrevista a la cadena ABC, que el dirigente libio y sus principales colaboradores podrían contemplar el exilio. La jefa de la diplomacia norteamericana indicó que algunas personas, "supuestamente en nombre de Gadafi", han comenzado a entablar contactos en el extranjero, aunque ella misma ha reconocido que podría ser "teatro". Clinton ha admitido que la forma en que se comporta el régimen de Libia es "un tanto impredecible".

Ajeno a estas especulaciones sobre su futuro, el dictador volvió a comparecer a última hora de la noche en la televisión estatal para asegurar que nadie le moverá de su jaima y animar a sus partidarios a que sigan luchando. "Lograremos la victoria al final (...). No nos rendiremos, les derrotaremos por todos los medios", gritaba Gadafi, quien ha declarado que su régimen está "preparado para la lucha, sea corta o larga". El coronel habló desde el edificio destruido dentro de su complejo palaciego por un misil de la alianza el día 21, rodeado por cientos de fieles con el doble papel de entusiastas espectadores y escudos humanos ante el temor de nuevos ataques.

El incierto papel de la OTAN

Con respecto a la OTAN, Alain Juppé mantiene la misma postura que desde el principio ha mostrado Francia: la estructura atlántica podrá asumir un papel de apoyo a la coalición, pero no más allá. "A partir de esta dirección política, utilizaremos las capacidades de planificación e intervención de la OTAN", precisó el ministro en lo que parecía darle la razón el comunicado del Elíseo.

Francia explica su resistencia a que la OTAN asuma el mando por la oposición de plano de los países árabes, un criterio que no todos los aliados comparten. Ese repudio bloquearía la, para Sarkozy, imprescindible participación árabe en el acoso a Gadafi, crucial para que la operación no sea vista como una intervención puramente occidental. Según France Presse, una conversación telefónica mantenida el lunes por Juppé con Amr Moussa acabó con las reticencias del secretario general de la Liga Árabe sobre la interpretación que se está haciendo de la resolución de la ONU, bombardeos de las defensas antiaéreas de Gadafi incluidos.

Juppé aseguró que la campaña libia terminará en cuanto Gadafi ordene "un alto el fuego" y sus tropas "vuelvan a los cuarteles". En la misma Asamblea Nacional, el primer ministro, François Fillon, defendió encendidamente la operación. "No es una guerra, es una intervención de ayuda al pueblo libio", aseguró. Descartó que en el futuro los soldados de la coalición invadan el suelo libio.


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martes, 22 de marzo de 2011

¿Qué estudia la Geopolítica?

Que dimensiones de la realidad son susceptibles de ser analizadas y comprendidas mediante la geopolítica?
El análisis geopolítico hace referencia a categorías de análisis de diversa naturaleza. Por una parte, intenta establecer las formas de relación entre los espacios geográficos, es decir los espacios y territorios, y los grupos humanos organizados en la forma de unidades políticas (comunidades, pueblos, naciones, Estados), y por el otro, pretende develar el sentido de la relación entre las distintas unidades políticas contemporáneas en el tiempo en el marco de dichos espacios o soportes.
Se trata, por tantos, de dos tipos de relaciones distintas.
Lo geopolítico releva de una determinada representación del espacio geográfico –y de las demás formas de espacio- que reside en la mente y hasta en el subconsciente individual y colectivo de los individuos y los grupos humanos organizados.
Solo podemos analizar geopolíticamente aquello que está en relación entre sí y aquello cuya relación es discernible al análisis.
Desde una perspectiva epistemológica, el análisis geopolítico opera mediante abstracciones, y las abstracciones científicas son generalizaciones que elaboran los individuos mediante el pensamiento, abstraídas del carácter concreto y directo de los fenómenos que son objeto de estudio. En otros términos, el punto de partida del análisis geopolítico, como el de todo conocimiento que se pretende científico, es la realidad objetiva.
En el proceso de abstracción, el análisis geopolítico no se aparta de la realidad, sino que penetra en su interior, partiendo del fenómeno observado para llegar a la esencia.
En el proceso del análisis geopolítico, el pensamiento arranca desde lo visible y concreto –es decir, desde los hechos políticos, sociales, económicos, culturales y estratégicos- para llegar a lo abstracto, desintegrando el fenómeno en estudio en sus partes y aspectos integrantes. Ello permite designar en sus características los elementos esenciales, al mismo tiempo que cada aspecto se examina por separado, para a continuación examinar esos distintos aspectos en su interacción. De este modo, en el proceso del análisis geopolítico se produce el desmembramiento del objeto de estudio, primer momento al que le sucede la explicación teórica de las particularidades del mismo, de manera de lograr las abstracciones más generales y útiles para el estudio del objeto de la investigación en su integralidad y en su dinámica evolutiva.
En el análisis geopolítico cabe distinguir a los factores permanentes o estructurales, tales como el territorio, el espacio y su interrelación; el espacio-tiempo; la posición, en términos de centralidad y periferia; la localización; las escalas del espacio-territorio; las redes, líneas y puntos dentro del espacio-territorio; el poder y la potencia insertos en los espacios y territorios; y las arenas del poder; de los factores dinámicos, tales como las tendencias centrífugas y centrípetas; la conciencia y representación del espacio-territorio; la apropiación del territorio y los espacios; las áreas de influencia; y la polaridad autonomía-dependencia.
En síntesis, lo geopolítico es relacional, es decir, está asociado al estudio de determinadas formas de relación espacio-hombre y hombre-hombre en el espacio, en términos que implican la apropiación (material, mental y virtual) de los territorios y espacios.
La problemática principal, la categoría de análisis articuladora de todo el análisis geopolítico reside en el poder en su relación con los espacios y territorios. Todas las demás categorías de análisis de la reflexión geopolítica encuentran su punto de conexión en la problemática del poder y en particular, en las formas cómo el poder se manifiesta y se despliega en territorios y espacios múltiples, diversos. La geopolítica podría ser sintetizada como una reflexión sobre la relación realmente existente entre las diversas formas de poder y los diversos tipos de espacios- territorios.
El problema del espacio y del poder es un problema geopolítico desde el momento en que reconocemos que todo espacio humanamente determinado es objeto de alguna forma de poder que tiene lugar en él y a través de él, y de que el poder encuentra en los espacios y territorios –en los espacios territorializados- su ámbito principal de ejercicio, sus arenas donde se despliega.
Es a partir de este postulado básico que se va a construir el análisis y la reflexión geopolítica. Las organizaciones humanas, pensadas y estructuradas como unidades políticas (es decir, como actores programáticos), al instalarse en un territorio, al construir territorio con su acción transformadora, está ejerciendo poder y está al mismo tiempo, configurando su propia “representación simbólica” del territorio construido, conquistado, planificado, ocupado, alcanzado, en términos de apropiación, de dominio, es decir, de poder.
El poder impregna la totalidad de los fenómenos geopolíticos. La geopolítica es la política del poder en la geografía.
La dinámica de la reflexión geopolítica reside en la interdependencia entre los factores estructurales y los factores dinámicos o coyunturales.
Entre los factores permanentes o estructurales, el territorio y su interrelación con el espacio determinan el marco físico y virtual en el que tienen lugar las relaciones políticas, sociales, económicas, estratégicas entre las unidades o actores políticos. A su vez, el espacio-tiempo se mueve en una dinámica de extensión y concentración que modifica constantemente los términos en los que se producen las relaciones geopolíticas. Además, la posición de cada unidad política en los espacios-territorios, pueden ser entendida en términos de centralidad y periferia, del mismo modo como la localización de cada actor dentro del conjunto del espacio-territorio determina el lugar que ocupa en la jerarquización de los actores y en la distribución del poder y las hegemonías.
Por otra parte, las escalas del espacio-territorio, determinan la amplitud, profundidad y extensión de las formas de apropiación y dominación que los actores ponen en juego en aquellos, del mismo modo como éstos, se constituyen en una compleja articulación de las redes, líneas y puntos dentro del espacio-territorio.
Como se ha visto el poder y la potencia insertos en los espacios y territorios, son los criterios centrales para entender las relaciones geopolíticas, en el contexto de las arenas del poder que se manifiestan en el mundo contemporáneo.
Por otra parte, los factores dinámicos, influyen coyunturalmente sobre los procesos geopolíticos, tales como las tendencias centrífugas y centrípetas; la conciencia y representación del espacio-territorio que tiene cada actor político; la apropiación del territorio y los espacios como resultantes de la acción programática de los actores o unidades, dando forma a la configuración de determinadas áreas de influencia, y en las que se manifiesta la polaridad autonomía-dependencia.
LOS FACTORES PERMANENTES O ESTRUCTURALES DEL ANÁLISIS GEOPOLÍTICO
El problema geopolítico del espacio
El núcleo central teórico del análisis geopolítico se ha centrado históricamente en el territorio y en su constituyente originario, el espacio.
La arqueología intelectual de la reflexión geopolítica, que nutre sus primeras raíces desde la Geografía y de la Geografía Política, comienza con una descripción y una tentativa de racionalización del espacio territorial. Friedrich Ratzel –a fines del siglo XIX- construía su argumentación geopolítica sobre la base de la condición humana constreñida, determinada por la naturaleza y daba origen al concepto de “espacio vital”, entendiendo que el espacio no es solamente un elemento físico.
La naturaleza determina al hombre y éste necesita de un órgano que le sirva como instrumento para establecer su dominio sobre aquella: el Estado. Los primeros geopolíticos son estatistas y organicistas llevando la reflexión hasta la noción de que el Estado es una suerte de supra-entidad viviente en el que el ser humano se realiza y que busca su realización plena en la geografía.
En la visión organicista y darwiniana desde la que nace la primera Geopolítica, el espacio es un ámbito geográfico susceptible de expandirse, al igual que las especies vivas. Otros autores de aquella época, como Kjellen orientan el debate geopolítico hacia las relaciones de poder más que sobre las relaciones de fuerza.
Existe, en efecto, una primera época del pensamiento geopolítico, que surge y se desarrolla dentro de una óptica marcadamente organicista y fuertemente determinista. Sus influencias intelectuales originarias más significativas, provenían de H. Spencer y de Ch. Darwin, y de las derivaciones sociales que resultaron de sus teorías sociológicas y biológicas.
Así, dos líneas intelectuales se sitúan en las bases de la primera reflexión geopolítica: por un lado, el desarrollo del “darwinismo social”, a partir de Ch. Darwin, en la segunda mitad del siglo XIX, incluyendo a H. Taine, G. Le Bon, L. Woltmann y V. de Lapouge; y por el otro, un cierto “bio-historicismo” que desarrollan F. List (1789- 1842), y A. de Gobineau (1816- 1882), el que se entronca con O. Spengler , A. Rosenberg (uno de los teóricos mayores del nazismo alemán), y con F. Ratzel. En List y Gobineau, la Geopolítica inicial se alimentó del racismo, y a través de A. Rosenberg, a su vez, contribuyó decisivamente a elaborar una visión ideológica racista de la Historia, a partir del supuesto “conflicto entre la raza aria y la raza semita”.
Inicialmente, autores como F. Ratzel, con su Politische Geographische y a continuación K. Haushofer, fueron construyendo un cuerpo teórico configurado en torno a conceptos tales como “espacio vital”, “heartland”, “rimland”, o la asociación entre “suelo, sangre y raza”, nociones que estaban construídas sobre la base de una visión organicista del Estado. Otros autores alemanes en la década de los treinta y cuarenta, dieron contenido a esta visión: L. Mecking, H. Schrepfer, H. Rüdiger, N. Krebs o R. Hennig, para nombrar a los más connotados, trabajaron sistemáticamente la nueva concepción geopolítica. Numerosos títulos aparecidos en la revista de Geopolítica creada en torno a Haushofer, la Zeitschrift für Geopolitik (revista que, desde 1932, estuvo influenciada y dominada por el Partido nazi), atestiguan el enfoque señalado.
Al mismo tiempo, desde los inicios de los años treinta, esta Geopolítica se asoció directamente con los proyectos expansionistas, racistas y belicistas del nazismo alemán, otorgándole una justificación integral, completa, y respaldándolos con un conjunto de fundamentos teóricos, ideológicos y políticos, por lo que sus postulados hicieron crisis junto con el derrumbe del III Reich, al término de la Segunda Guerra Mundial. Por ello puede afirmarse que dicha Geopolítica era nazi en su esencia y contenido.
Al analizar sus postulados, se puede descubrir que esta primera Geopolítica constituye una representación político-estratégica e ideológica del mundo, que tiende naturalmente a centrarse en una concepción totalizadora del poder, y en una idea absoluta de la Nación y del Estado, como si ambas fueran entidades totales y homogéneas. No solo es una geopolítica del poder, sino que es también una ideología geopolítica de la guerra. Hay que subrayar, además, que toda Geopolítica es una empresa intelectual esencialmente "patriótica", ya que intenta colocar al propio Estado, en el centro de las representaciones cartográficas del espacio territorial, de manera que la Cartografía termina graficando lo que los geopolíticos quieren que grafique...
Haushofer, afirmaba y proponía que la geopolítica que estudiaría “...las formas de vida política en los espacios vitales naturales...” debía constituirse en “... una conciencia geográfica del Estado...”, como si el Estado fuera una entidad biológica única y monolítica.
Las falencias intelectuales de aquella visión geopolítica no solo provienen de su incapacidad conceptual para interpretar la creciente interdependencia y complejidad del mundo moderno y del orden político, de las estrategias y formas políticas que hoy caracterizan a una sociedad en plena mutación de época, sino del hecho que las interpretaciones y asociaciones conceptuales organicistas, belicistas y racistas, son absolutamente insuficientes y se encuentran en una fase pre-científica de las Ciencias Sociales y del estudio de la relación "hombre- geografía".
Ya ha sido demostrado que los procesos orgánicos funcionan conforme a lógicas completamente distintas y con elevados grados de pre- determinación, mientras que los sistemas sociales y políticos están dotados de características de complejidad y azar, que aquel organicismo primitivo no puede explicar.
Le Geopolítica de la primera época, era profunda y radicalmente estatista, ya que concebía al Estado como un organismo absoluto y predominante en la escena geográfica y política.
La visión geopolítica tradicional se funda en el supuesto que concibe al Estado como un organismo vivo que nace, crece, se desarrolla, decae y muere, adolece precisamente de una lectura estrecha y limitada de la estructura estatal como si un actor político internacional o un Estado fuera una suerte de “unidad monolítica y coherente”. G. Sabine en su Historia de la teoría política pone de manifiesto que “...el argumento supuestamente científico de la Geopolítica no es más que una analogía biológica. Según dicha lectura, los Estados serían “organismos” y mientras viven y conservan su vigor, crecen; cuando dejan de crecer, mueren...” ( ) , lo que pondría de relieve que el “bienestar social parece equivaler a la supervivencia del más apto...”. Además de contener muchas ambiguedades lógicas, ésta confluencia de ideas y de pseudo- conceptos sociales y biológicos, ha sido una fuente de graves confusiones científicas.
Al contrario de lo que pretendía aquella geopolítica tradicional, el Estado no es un órgano viviente; es, por el contrario, una construcción política, jurídica, ideológica y territorial que se asienta en una sociedad históricamente determinada, es una estructura institucional compleja, que opera mediante resortes materiales y simbólicos de poder.
Espacio y territorio
El espacio, desde el punto de vista geopolítico, es un ámbito de acción, es un ámbito natural y potencial de acción del individuo, del grupo, en cuanto “actor programático” ( ). El espacio es un ámbito natural en cuanto contexto geográfico, en cuanto soporte material proporcionado por la naturaleza: el espacio es geografía y naturaleza no intervenidas, no transformadas.
Pero, la reflexión geopolítica se apoya sobre la relación existente entre el actor humano y la geografía, entre el actor humano y la naturaleza, en tanto en cuanto dicha relación supone un proceso de conocimiento y apropiación del espacio natural. Desde esta perspectiva, la lectura geopolítica hace siempre referencia a una estructura relacional que se manifiesta a dos dimensiones: la relación entre los actores y los espacios; y la relación entre los actores dentro de un determinado espacio. En cada dimensión la problemática relacional es diferente.
La reflexión geopolítica es básica y primordialmente, una reflexión relacional, un procedimiento teórico-conceptual dirigido a conocer e interpretar determinadas formas de relación que se producen en y con respecto a los espacios y territorios, situándolas en el tiempo.
Siendo ambas formas de relación una relación de poder, es decir, una relación asimétrica, sus elementos constitutivos determinan que la relación “actor-espacio” y la relación “actor 1-espacio-actor 2” están determinadas por una voluntad de conocimiento-dominación.
En geopolítica, los elementos constitutivos de una relación son:
a) los actores, aquí entendidos como sujetos dotados de programa, de voluntad, de proyecto;
b) la política de los actores o sea, el conjunto de sus intenciones y finalidades;
c) las estrategias que los actores ponen en juego para alcanzar sus fines, y que suponen estilos y formas de organización del espacio;
d) el espacio-tiempo respecto del cual sucede la relación geopolítica; y
e) los mediadores relacionales, es decir, los distintos códigos utilizados para explicar, describir, representar e interpretar la acción de los actores en los espacios.
El poder, que aquí no hemos mencionado como elemento constitutivo de las relaciones geopolíticas, es en sí mismo, una realidad inmanente a todo el proceso relacional.
El fenómeno humano más profundo que aprehende la teoría geopolítica, es la transformación por el hombre, del espacio geográfico en un territorio susceptible de ser habitado, utilizado, dominado, controlado. Es la territorialización.
La moderna geopolítica ha asumido que el espacio, como ámbito geográfico situado, constituye a la vez un factor estructural de poder y un territorio donde tiene lugar la presencia y la dominación humanas. Desde esta perspectiva, el espacio geográfico (terrestre o marítimo) ha sido definido a la vez, como encrucijada o arena del poder y de la disputa por el poder, y como fuente de recursos que se constituyen también en otros tantos factores de poder.
Esta lógica territorialista de la geopolítica se refiere a que los procesos políticos y económicos no tienen lugar en el vacío. Ellos siempre tienen una determinación histórica y geográfica, la que les fija sus límites y horizontes de alcance.
Desde el punto de vista geográfico o espacial, la Política puede ser definida y comprendida como una práctica localizada de poder y de dominación, de construcción de consensos y de resolución de conflictos, que siempre se sitúan en una determinada porción del territorio, el cual puede llegar a ser en sí mismo una encrucijada y una arena donde se encuentran estrategias y retóricas de los diferentes actores. Así como tiene su propia historia, la Política y las Relaciones Internacionales funcionan y construyen su propia geografía, su propia espacialidad.
Aún en medio de los procesos de deslocalización, propios de la modernidad, la post-modernidad y la globalización de las comunicaciones y los mercados en curso, deben reconocer la necesidad de una plataforma, de un soporte material, físico, sobre el cual se aplican el poder, las distintas formas de capital, la energía y la información.
Pero, para llegar a la dominación implícita en el poder y en la Política, cada actor debe ejercer un determinado grado de dominio y jurisdicción sobre un cierto espacio, sea este geográfico, económico, cultural o virtual. En los orígenes remotos del poder y de la Política, se encuentran las múltiples formas de acción voluntaria a través de las cuales, los hombres llegan a transformar dicho espacio.
Así surge el proceso de territorialización.
La territorialización es el complejo proceso histórico a través del cual los individuos, los grupos y las organizaciones humanas adquieren, controlan, dominan y transforman los espacios geográficos que consideran propios. En este proceso intervienen factores materiales objetivos (trabajo, energía), factores inmateriales (información), factores humanos (provisión de capital social, humano, cívico, tecnológico y financiero) y factores culturales (identidad, valores y tradiciones), de manera que los espacios geográficos donde se instalan los seres humanos, se transforman gradualmente gracias a una combinación histórica, única e irrepetible de todos éstos componentes. En síntesis se trata del proceso mediante el cual un grupo humano transforma un determinado espacio geográfico en un territorio propio y distintivo. Esta es la forma cómo los seres humanos inscriben su existencia individual y colectiva en la geografía que los sustenta.
La territorialización opera mediante el trabajo, mediante la incorporación de energía, trabajo, capital e información sobre los recursos naturales, sobre el espacio geográfico, y en función de los cuales, los individuos, los grupos, las familias y las naciones van ejerciendo y adquiriendo dominio sobre dicho espacio, convirtiéndolo en su territorio. Como se verá más adelante, una de las bases del dominio en materia territorial, reside en la ocupación material, real, de un determinado espacio geográfico, de manera que no solamente se manifieste la intención de apropiarse dicho espacio (lo que se materializa con estos actos concretos), sino que es preciso además, que esa porción geográfica esté vacante, y que los actos de apropiación y dominio reflejen un propósito de permanencia estable y duradera.
En el curso de este proceso de territorialización, es decir, de conquista material y simbólica de un determinado espacio geográfico, se va configurando la cultura y la identidad del grupo humano: el conglomerado se convierte en grupo, el grupo se transforma en una comunidad, cohesionada gradualmente por las experiencias colectivas comunes. A continuación, en su apropiación territorial las comunidades devienen en pueblos, y los pueblos tienden a configurar naciones. Al apropiarse de un lugar físico, el grupo humano hace su propia historia, va creando sus propios mitos, sus leyendas, sus tradiciones, va depositando en su memoria y en su subconsciente colectivo un patrimonio de valores y tradiciones, con los cuales las sucesivas generaciones de descendientes se continuarán identificando.
En algún momento, el individuo se piensa a sí mismo, en términos de geografía, es decir, en términos de lugares, de tierra y de mar. Los procesos de territorialización son entonces, a la vez, materiales y simbólicos. Materiales en el sentido de dominar la geografía, de apropiarse de ella, de controlarla, de ejercer en ella el poder, el dominio y las distintas formas de soberanía. Simbólicos en el sentido de ir depositando en el subconsciente colectivo, en la memoria colectiva, los hechos históricos fundantes y fundamentales, los acontecimientos relevantes y decisivos, los hitos que marcan una trayectoria común y compartida en el tiempo.
Es importante subrayar por otra parte, que la territorialización se produce tanto sobre los espacios geográficos terrestres, como sobre los espacios marítimos, en la medida en que éstos forman parte de la misma unidad geográfica y se integran bajo una misma unidad política. Modernamente sin embargo, el espacio geográfico y los recursos que en él existen no es en sí mismo un factor decisivo de poder, sino en tanto en cuanto se aplica a dicho territorio y a dichos recursos, la tecnología, la información y los capitales suficientes para que se conviertan en materias primas susceptibles de intervenir en los procesos económicos y en los flujos comerciales. Una forma concreta y actual de territorialización de los espacios geográficos, se manifiesta en su valoración económica.
En efecto, tal como se analizan más arriba, uno de los “cambios copernicanos” originados en la actual mutación tecnológica y geopolítica que tiene lugar, es la transformación de los espacios de dominación y poder. Según Alexis Bautzmann, “...los dos principales vectores de la globalización son el espacio cibernético y el espacio extra-atmosférico...los cuales se convierten... en instrumentos privilegiados del control global de los territorios...” ( )
La lectura geopolítica actual tiene que integrar dos ámbitos espaciales que escapan a la geografía física tradicional. El tradicional espacio geopolítico ha hecho implosión: el control, la dominación y el ejercicio del poder no dependen ahora sola o exclusivamente de la apropiación de recursos naturales existentes en espacios geográficos físicamente localizados, sino también de los espacios exo-geográficos, es decir, aquellos situados fuera y más allá de la geografía.
La implosión del espacio geopolítico
En las nuevas condiciones generadas por la actual revolución informática, el espacio geopolítico deviene virtual, inmaterial.
El computador y el satélite, vienen a cuestionar las nociones geopolíticas tradicionales. Al espacio geográfico tradicional, caracterizado y articulado en términos de extensión, anchura, altura y profundidad, se suman ahora dos espacios virtuales: el espacio cibernético o informático y el espacio extra-terrestre o sideral.
La virtualidad opera como criterio de reordenamiento del espacio geopolítico, se agrega a las dimensiones anteriores de extensión, anchura, altura y profundidad, complejizando la comprensión y la lectura del territorio, abatiendo los límites y fronteras físicas haciéndolas más permeables y relativizando su importancia política y jurídica.
La implosión del espacio-tiempo
En la noción clásica, propuesta por Einstein, “...todo cuerpo de referencia (sistema de coordenadas) tiene su tiempo particular; la especificación de un tiempo solo tiene sentido cuando se indica el cuerpo de referencia al cual hace relación dicha especificación.” ( ). Es decir, el tiempo es relativo en función de las coordenadas del espacio al cual hace referencia.
Pero, ¿qué sucede cuando el tiempo no permite hacer referencia a las coordenadas espaciales tales como distancia, anchura, extensión o profundidad, porque el espacio ha devenido virtual?
La virtualidad de los espacios cibernético y sideral, introduce además, una ruptura profunda en la concepción tradicional del espacio o el territorio en su relación con el tiempo.
Lo virtual puede ser permanentemente presente, dejando al pasado histórico en una categoría de “eterno retorno”: por la vía de lo virtual siempre podemos traer el pasado o el futuro al presente. Desde la perspectiva de lo virtual y de sus aplicaciones geopolíticas en el espacio relacional, el tiempo es esencialmente elástico.
La acción geopolítica virtual –por ejemplo- en la guerra informacional o guerra de la información, se realiza tanto en el pasado, como en el presente y en el futuro, pero instalados coetaneamente en el presente, de manera que nuestra comprensión del tiempo abarca tanto al pasado como al futuro en un solo instante: el presente. Es decir, la virtualidad permite, potencia y desarrolla la simultaneidad hasta límites desconocidos.
La virtualidad de las herramientas informáticas y su uso como instrumentos estratégicos, transforma además las dimensiones del tiempo y del espacio. La virtualidad se transmuta en instantaneidad: todo sucede ahora y aquí, aunque la distancia física pueda contarse en miles de kilómetros. La instantaneidad del “tiempo real”, atraviesa el espacio estratégico y transforma los límites de la acción (política, económica, estratégica) deviniendo actuales, siempre actuales.
En el espacio virtual sucede que siempre estamos en el presente, lo que implica una deshistorización del territorio y una desterritorializacion de la historia y, sobre todo, una negación del futuro como horizonte probable; desde esta óptica de la virtualidad, el futuro está muy lejos en la improbabilidad y el pasado ya ocurrió: todo está en presente y en el presente.
La virtualidad en la relación espacio-tiempo, implica la simultaneidad y la instantaneidad en la operación del actor estratégico o del actor programatico. Mientras el espacio tiende a reducirse a cero, el tiempo tiende a devenir solo presente, es decir, también cero. En la nueva relación geopolítica espacio-tiempo, solo existen el aquí y el ahora.
Veamos el asunto desde la perspectiva del conflicto.
El espacio en el conflicto o en la guerra, es decir el espacio bélico y estratégico, es algo más que el simple espacio geográfico, terrestre, aéreo o marítimo. Los planes de la guerra utilizan las características oceanográficas y climatológicas del territorio, del espacio o del mar como datos o “accidentes del terreno”, en función de sus propias exigencias estratégicas, operacionales y tácticas.
Por lo tanto, el concepto global de la guerra, es decir, la concepción estratégica de la guerra en cualesquiera terreno o espacio físico, determina la unidad, la profundidad y la propia orientación del espacio estratégico. Para la guerra, no existe espacio neutral, sino que todas las combinaciones tácticas y operacionales son posibles en todas las dimensiones físicas del mar como teatro: superficie, atmósfera, profundidades, espacio, borde costero, campo electromagnético.
En consecuencia, el espacio estratégico no es el resultado mecánico de una suma matemática entre los datos geográficos y oceanográficos y las posibilidades militares, sino que el espacio precede a la conceptualización estratégica, de manera que en función de sus exigencias y posibilidades, el terreno de acción puede extenderse o limitarse, y también pueden modificarse los instrumentos militares a utilizarse y el grado de intensidad del propio esfuerzo bélico.
Un concepto crucial para entender los roles estratégicos del espacio en la guerra, es la noción de cálculo. El estratega, en función de las directrices políticas que presiden la guerra, procede permanentemente a un juego dialéctico de estimaciones, percepciones y pronósticos, lo que produce una concepción del propio “juego estratégico” y del “juego del adversario”, y cuyos resultados - a la vez, finales y provisorios- son los cursos de acción.
El espacio (aéreo, terrestre, marítimo) como teatro de la guerra, es previamente, medido, dimensionado, delimitado, calculado, es decir, es objeto de cálculo estratégico, para que pueda ser utilizado en la forma más eficaz por las fuerzas propias, y de manera también de impedir o dificultar su uso por las fuerzas enemigas.
El cálculo estratégico hecho sobre el espacio de la guerra, sin embargo, siempre es una conjetura, una aproximación intelectual que se enfrentará a la realidad, y se calibrará en su calidad y sus defectos, solo en la prueba de fuego de la batalla y de la maniobra.
El cálculo estratégico ordena el espacio estratégico marítimo, y los teatros que lo integran, en función de un punto único y central: el centro de gravedad. Este lugar es calculable, y es el punto de equivalencia, en el que el poder político y su instrumento el poder naval, concentran la capacidad disuasiva y la potencia destructora de las fuerzas navales. El centro de gravedad -como se verá más adelante- es el objetivo único y central de la ofensiva y del ataque, y resorte último de la actitud defensiva, y permite determinar conceptualmente y al mismo tiempo, las fuerzas navales que van a ser puestas en juego (o en presencia) en un teatro, y el espacio donde ejecutarán la maniobra y sus combinaciones.
De este modo, el espacio estratégico no es una realidad concreta que se confrontaría con el concepto estratégico de la guerra en algunos de los espacios o teatros donde ella se produce realmente, o dominaría sobre éste.
En realidad, es el concepto estratégico (con sus derivaciones operacionales y tácticas) el que articula el espacio como teatro de la guerra, es decir, como teatro bélico, según se pudo estudiar anteriormente.
Finalmente, no debe olvidarse que todo espacio susceptible de devenir en teatro de la guerra, o de la batalla, está dotado de profundidad estratégica, y que es el ámbito geográfico percibido y calculado para la ejecución de la maniobra.
A su vez, como se ha analizado, el tiempo es una dimensión estratégica que reviste una significación aún mayor que el espacio, en el ámbito del conflicto y de la guerra.
La guerra en general -como lo ha subrayado Clausewitz- no consiste en un sólo golpe dado sin referencia a su duración, sino que consiste -en la práctica más objetiva y concreta- en una sucesión más o menos concatenada de maniobras, desplazamientos y combates (terrestres, aéreos, navales, submarinos, anti-submarinos, aero-navales, aero-terrestres, o de guerra electrónica) los que conceptualmente asumen la forma de una secuencia temporal continua de acciones de guerra.
La guerra crea su propio tempo, su propio ritmo, su propia secuencia temporal de eventos, los que suceden a ritmos distintos.
Siempre dentro de la concepción clausewitziana, se afirma que la duración en el tiempo estratégico, es originada por la acción del bando que se encuentra en la postura defensiva.
Esto se traduce en la noción de que el ritmo de la guerra es impuesto preferentemente por la postura estratégica defensiva, la que tiende a retardar la decisión mientras acumula fuerzas y recursos, desvía los golpes o se prepara para la contra- ofensiva, mientras que el bando o contendor que se encuentra en una postura estratégica ofensiva, actúa urgido por la celeridad del impulso, trata de acercar el momento de la decisión, y se despliega en el teatro con todas o con las mejores de sus fuerzas.
Aquel que responde el ataque, es decir, el defensor no solamente es el primero en crear la dualidad propia del combate o la batalla (el enfrentamiento entre dos fuerzas adversarias enfrascadas en la guerra), sino que además, tiene la posibilidad de definir inicialmente el grado de intensidad con que se desencadenará la batalla.
El tiempo como noción estratégica, generalmente actúa ordenado y articulado por la defensiva. El defensor “tiene tiempo” para elegir lugar y momento de la decisión.
Siempre hay que tomar en cuenta que existe una usura progresiva de la postura y del esfuerzo ofensivo, hasta que el enfrentamiento llega a su punto culminante y las fuerzas del defensor pueden acrecentarse gradualmente hasta convertir la contra- ofensiva en una ofensiva estratégica. En la guerra en general, y en su concepto estratégico, si la ofensiva no produce una decisión rápida, inmediata y fulminante, el tiempo comienza a jugar en su contra y en favor de la defensiva.
Las fuerzas defensivas o en postura defensiva, fijan la equivalencia de la Política y de la Estrategia, porque la encrucijada del enfrentamiento es el propio centro de gravedad en el espacio bélico, y allí el defensor hace actuar y puede explotar más eficazmente el factor tiempo, a condición que el concepto estratégico lo integre.
Es necesario considerar además, desde una perspectiva realista, que los tiempos de decisión en el desarrollo objetivo de la guerra y de la batalla, están tendiendo a disminuir cada vez más, originando no sólo una creciente tensión psicológica en los núcleos humanos de mando y de dirección de combate, sino que alterando la propia noción de tiempo durante la batalla, la que parece reducirse ahora a escasos minutos de concentración e intercambio de fuego, o a llegar a la instantaneidad.
Opera aquí la tendencia estratégica, operacional y táctica –cada vez más predominante actualmente- a promover y buscar la velocidad o celeridad en la guerra: celeridad en los despliegues, celeridad en el golpe decisivo, celeridad en la búsqueda de decisión en la batalla, celeridad en la concentración en el centro de gravedad. El tiempo de la guerra, también se mide en términos de celeridad o retardo, de aceleración o de disminución o “ralentización” del ritmo.
Posición, centralidad y periferia
El lugar específico y relativo que ocupa un actor con respecto a otro y en el marco de una estructura y jerarquización del poder: los sistemas, los territorios y los espacios y la ubicación que cada actor tiene dentro de ellos, puede ser entendido en términos de posición, es decir, de un lugar relativo en relación con otro; cada punto dentro de una red, solo es comprensible en tanto en cuanto se relaciona con otro punto, a través de líneas, de vectores.
Territorio y conflicto
El dominio o la posesión de territorios, lo que podría entenderse como la territorialidad de la acción humana, constituye uno de los rasgos distintivos de la especie, aunque también se trata de una característica que presentan la mayor parte de las especies animales. La territorialidad se nos presenta como una manifestación de la voluntad y de la capacidad del ser humano para apropiarse y ejercer alguna forma de poder y/o dominación sobre un determinado espacio, en virtud de ciertos intereses.
Bajo determinadas condiciones, la territorialidad de un actor produce o induce a confrontarse con otro actor respecto de un determinado espacio o territorio.
ALGUNOS FACTORES DINÁMICOS DEL ANÁLISIS GEOPOLÍTICO
Tendencias centrípetas y tendencias centrífugas
Al interior del espacio geopolitico, los actores desarrollan y se encuentran inmersos en dos grandes ordenes de tendencias: una que conduce hacia la concentracion, organización, articulacion, concertacion, y que se denomina una tendencia centripeta; y otra, en la que el comportamiento de los actores se orienta hacia la dispersion, hacia el conflicto, hacia la fragmentacion, hacia la fuga de los espacios y arenas de articulacion.
El funcionamiento de los sistemas, del orden internacional y de los actores del sistema internacional puede ser interpretado a la luz de esta constante global: a un ciclo de tendencia centrifuga, sigue otro de tendencia centripeta.
Los diferentes actores del sistema internacional juegan generalmente en ambos “registros”: inducen o empujan en una u otra direccion según la naturaleza especifica y la percepcion que tienen de sus propios intereses y de los intereses que estan en juego en las diferentes arenas.
Conciencia y representación del espacio-territorio
Aquí se analizan las percepciones propias y ajenas respecto del lugar que le cabe a un actor político dentro de la escena internacional. Dichas percepciones depende tato de la cultura propia, de la voluntad política y geopolítica del Estado y la elite dirigente, como de la imagen internacional que dicho actor ha logrado establecer y ha obtenido como consecuencia o efecto de sus prácticas internacionales.
Al mismo tiempo esta noción presupone que cada sociedad, cada actor político que interviene en la esfera internacional posee un determinado grado de conciencia del lugar que posee y desea poseer en el mundo y en el espacio continental circundante. Es esa conciencia del propio espacio la que va a determinar la representación que se forma de éste.
Apropiación y construcción del territorio y los espacios
La noción de territorialización nos aproxima a la comprensión del proceso de construcción del territorio. Las prácticas humanas (económicas, sociales, políticas, estratégicas...) van configurando un cierto territorio en virtud de ciertas estrategias e intereses que las mueven.
El proceso de construcción del territorio se realiza a partir de algunas premisas o axiomas geopolíticos básicos, a saber:
a) toda superficie, todo espacio-territorio es susceptible de ser organizado;
b) una determinada organización del espacio-territorio no es única ni fija;
c) en toda superficie, en todo espacio-territorio es posible establecer al menos un camino, una vía entre dos puntos de una malla de relaciones;
d) esa vía entre dos puntos, tampoco es única;
e) entre tres puntos de una relación en el espacio, es posible establecer una red o malla de relaciones.
La construcción del territorio sucede en dos niveles: a nivel material y a nivel simbólico.
El plano material es el de la ocupación, de la toma de posesión, de la utilización económica, social y estratégica de un determinado territorio, por la vía de introducir en él, trabajo, energía, información, poder en definitiva.
El plano simbólico es el de la configuración de las representaciones espaciales o territoriales, la simbología que cada grupo humano construye de los espacios o territorios que domina o que desea poseer, todas las cuales se sitúan en el nivel del subconsciente colectivo e individual.
El espacio o el territorio toman importancia en función de la representación simbólica que los grupos humanos se hacen de él, y en virtud de la experiencia histórica que los vincula a él.
Toda práctica espacial inducida por un sistema de acciones o de comportamientos, aunque sea embrionaria, se traduce en una producción territorial que hace intervenir mallas, nudos y redes. ( ) En definitiva, el proceso de producción de territorio -obra humana y consciente por excelencia- supone la compartimentación y reparto de superficies, la implantación de nudos y la configuración de redes.
No deja de tener importancia en la construcción de territorio, la delimitación. La configuración y fijación de fronteras constituye una de las prácticas históricas más antiguas y más relevantes para el establecimiento de la identidad grupal propia como afirmación distintivas frente a las identidades grupales ajenas. La frontera diferencia, limita, envuelve los espacios y territorios propios, generando formas básicas de diferenciación, separación y polaridad con otros espacios y territorios “ajenos”; la frontera es el límite distintivo entre el yo y el otro, entre la propiedad y la “otredad”.
Localización y deslocalización
Todo actor, toda unidad política se sitúa en una relación determinada con un espacio-territorio, en virtud de determinadas estrategias, de determinados intereses que lo mueven a apropiarse de él. Cualquiera sea la forma o la modalidad de dicha apropiación, cada unidad política se dirige a obtener, lograr o mantener un determinado grado de acceso, dominio y/o control sobre determinados espacios-territorios, en virtud de la importancia que dichos espacios tienen para el logro de sus intereses.
Cada vez que una práctica humana se instala en un determinado espacio, no sólo se está produciendo territorio, con todo lo que ello implica de apropiación física o material y de producción simbólica, sino que además está localizando, situando determinados intereses y estrategias de poder, a través de dichas prácticas.
Para ello, una unidad política cualquiera, establece su presencia, su organización, sus redes relacionales y sus prácticas en un territorio, generando vínculos materiales y virtuales que lo asocian a éste, y que le permiten localizarse en él en vistas de sus metas e intereses. Esta localización, que es en la práctica un proceso de asentamiento físico-virtual en un territorio, puede realizarse en términos de concentración de los recursos de poder aplicados o de su desconcentración, según las estrategias puestas en práctica.
La deslocalización es una forma de desconcentración de las prácticas de producción del territorio y de los recursos aplicados a éste, en función de criterios de eficiencia, de rentabilidad o de seguridad.
Localización y deslocalización de las prácticas en los territorios y espacios, son en síntesis dos polos de una misma estrategia que opera y se materializa en función de determinados intereses.
Las áreas de influencia
Las relaciones entre los actores políticos internacionales tienen lugar en un contexto caracterizado por la complejidad de las influencias y determinaciones que mutuamente se producen entre ellos. La diferencia de potencial de cada actor, sin embargo, da origen a espacios geopolíticos en los que los actores dotados de mayor potencia y voluntad, actúan de manera que los resultados de dichas acciones conducen a establecer ámbitos donde su influencia económica, política, cultural o estratégico-militar, se hace más o menos visible.
Las áreas de influencia constituyen una dimensión más o menos opaca del juego de las relaciones internacionales, más fácilmente discernibles por las conductas de los actores, que por la retórica con la que justifican dichas conductas.
Autonomía, interdependencia y dependencia
La asimetría existente en la realidad de los procesos políticos, económicos y culturales en el orden internacional y en las relaciones geopolíticas, constituye un dato estructural básico, para comprender las relaciones entre los actores de la escena internacional.
En un contexto real de asimetría, cada actor o unidad política tiende natural y espontáneamente a obtener la máxima cuota posible y sustentable de autonomía en su provisión de recursos, con respecto a las demás unidades políticas.
En realidad la estructura de las relaciones geopolíticas en el mundo contemporáneo tiene lugar dentro de un contínuum que va desde la autonomía absoluta y total hasta la dependencia absoluta y total, situándose la condición de interdependencia en el punto intermedio entre ambos. Cada actor o unidad política se desplaza a través del tiempo y en el espacio geopolítico, tendiendo a integrar entre sus intereses vitales, la búsqueda de la máxima autonomía posible y alcanzable y, correlativamente, a reducir la dependencia que pudiera afectarle respecto de otras unidades políticas con las que se relaciona.
La dualidad autonomía-dependencia hace referencia a la dotación real y potencial de recursos (de poder, de información, económicos, tecnológicos, energéticos, etc.) que permiten a cada unidad política acceder a las arenas en condiciones que les permitan realizar y lograr sus intereses.
PARÁMETROS PARA EL ANÁLISIS GEOPOLÍTICO
Los objetivos fundamentales del análisis geopolítico son:
a) desarrollar una operación intelectual dirigida a concebir, analizar y comprender una situación geopolítica en el presente, tal como ella se presenta en un espacio geográfico dado;
b) aprender el tratamiento y la integración de determinadas cantidades de información y de data en función de un cuestionamiento geográfico e histórico de la realidad, a fin de hacer inteligible una determinada situación geopolítica; y
c) intentar comprender la realidad desde una perspectiva geopolítica que, relacionando la evolución pasada de un fenómeno o situación, los actos y decisiones políticas del presente y estimando sus trayectorias más probables hacia el futuro, permita construir interpretaciones útiles para los procesos de toma de decisiones.
1. EL COMPONENTE TERRITORIAL.
1.1. ¿De qué tipo de territorio se trata? ¿Forma parte de un Estado, de una entidad al interior de un Estado, de un conjunto de Estados, de una situación internacional dada?
1.2. Localización del territorio. ¿Dónde se sitúa? ¿Qué factores determinan su localización? ¿Cuáles son sus límites o fronteras? ¿Qué territorios se encuentran en su vecindario? ¿Qué historia presenta este territorio desde el punto de vista de quienes lo dominan o poseen? Accesibilidad, carácter extremo, alejado o fronterizo, excentricidad o centralidad del territorio respecto de los centros de poder.
1.3. Naturaleza del territorio. ¿Se trata de un territorio unificado, diseminado, en enclave, abierto, cerrado? ¿Cuáles son sus dimensiones físicas? ¿Territorio marítimo?
1.4. Características geográficas del territorio. ¿Dimensiones? ¿Recursos naturales que posee? Relieve, clima, vegetación.
1.5. Poblamiento del territorio. Habitantes históricos; habitantes actuales. Composición social, étnica y cultural de la población. Fenómenos migratorios que tienen lugar hacia y desde el territorio en análisis. Importancia numérica de la población, densidad, procesos demográficos (mortalidad, natalidad, morbilidad). Puntos de concentración y zonas de dispersión de la población en el territorio.
1.6. Recursos del territorio. Recursos energéticos, naturales, vegetación, calidad y vocación del suelo, recursos hídricos, espacios libres.
1.7. Infraestructura disponible. Puertos, aeropuertos, rutas, densidad urbana, industria, mercados, etc.
2. LOS ACTORES DEL SISTEMA.
2.1. ¿Quiénes son los actores en presencia? ¿Dónde residen y cual es la importancia numérica de los grupos o actores involucrados?
2.2. Localización y tamaño de los actores en juego.
2.3. Valores, cultura e identidad de los actores en juego.
2.4. Situación social, económica y tecnológica de los actores en juego.
2.5. Alianzas o campos de fuerzas que se han establecido entre los actores en presencia, desde el pasado reciente o lejano: alianzas coyunturales y alianzas históricas.
3. REIVINDICACIONES E INTERESES.
3.1. ¿Qué demandan los actores en presencia? ¿Cuáles son sus aspiraciones y demandas actuales, en relación con sus demandas y aspiraciones históricas?
3.2. ¿Cuáles son los intereses esenciales o vitales de los actores en presencia?
4. ENCRUCIJADAS.
4.1. ¿Cuáles son los nudos conflictivos que oponen actualmente a los actores en presencia?
4.2. ¿Cuáles son las dimensiones políticas de estos conflictos?
4.3. ¿Cuáles son las dimensiones humanas de los conflictos?
4.4. ¿Cuál es la escala territorial en la que tienen lugar estos conflictos?
5. ESTRATEGIAS, MEDIOS Y ACCIONES.
5.1. ¿Cómo intentan los actores en presencia alcanzar sus objetivos? ¿Cuáles son los medios que han puesto en juego para alcanzar sus objetivos e intereses?
5.2. ¿A qué escala territorial están operando estos actores?
5.3. Temporalidad de las estrategias y acciones. ¿Desde cuándo los actores se encuentran en conflicto?


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS Y DOCUMENTALES
Gallois, P. M.: Géopolitique. Les voies de la puissance. Paris, 1990. PLON – Fondation pour les Etudes de Défense Nationale.
Hall, E.: La dimension cachée. Paris, 1989. Ed. du Seuil.
De Mattos, C., Hiernaux, D., Restrepo, D.: Globalización y territorios. Impactos y perspectivas. Santiago, 1998. Fondo de Cultura Económica.
Raffestin, C.: Pour une géographie du pouvoir. Paris,

HACIA UN NUEVO ORDEN MUNDIAL

NUEVO ORDEN EN EL MUNDO ÁRABE
Febrero 2011
Robert Kaplan

No hay que confundir las revueltas de Túnez y Egipto con la de 1978 en Irán. Pero eso no significa que la diplomacia estadounidense en el mundo árabe no vaya a ser complicada de ahora en adelante.


El aspecto más significativo de las manifestaciones contra los regímenes gobernantes que han sacudido el mundo árabe es lo que no son: no consisten en un clamor por la difícil existencia de los palestinos bajo la ocupación israelí; ni tampoco son, al menos abiertamente, anti-occidentales, ni siquiera antiamericanas. Los ciudadanos están indignados por el desempleo, la tiranía y la falta general de dignidad y justicia en sus propias sociedades. Y ése es un cambio trascendental en la historia moderna de Oriente Medio.
Por supuesto, así comenzaron las manifestaciones contra el Sha de Irán en 1978 y 1979, antes de que los islamistas se adueñaran de la revolución. Pero en ninguno de estos países árabes existe un líder radical carismático capaz de convertirse en centro de la oposición, como era el ayatolá Jomeini; y las diversas organizaciones islámicas actuales del mundo árabe no se apoyan tanto en un antiamericanismo teórico e ideológico como lo hacía el clero chií. En Egipto, hasta cierto punto, los Hermanos Musulmanes ejercen de organización de autoayuda comunitaria, y tal vez no se sientan obligados a apoderarse de la revolución como ocurrió en Irán. Y al presidente egipcio, Hosni Mubarak, no se le identifica tanto con los intereses de Estados Unidos como ocurría con el Sha. Las diferencias entre el Egipto de 2011 y el Irán de 1978 son más profundas que las semejanzas.
Además, sea cual sea el resultado de estas revueltas, parece evidente que los árabes y sus nuevos dirigentes van a tener que centrar su atención quizá durante bastante años en los defectos de sus propias sociedades, más que en las injusticias cometidas por Israel y Occidente en el extranjero. En Túnez, las manifestaciones comenzaron, en parte, por los cables de WikiLeaks que mostraban la ambigüedad de Washington respecto al régimen y las escasas probabilidades de que lo apoyara en caso de crisis. En resumen, es posible que la política en el mundo árabe se normalice, en lugar de radicalizarse. Recordemos que uno de los objetivos fundamentales de Al Qaeda era derrocar regímenes como el de Mubarak, porque decía que oprimían a su pueblo y eran siervos de los intereses estadounidenses e israelíes. Si Mubarak se va, la red de Bin Laden perderá un argumento para reclutar militantes.





Barack Obama debe defender los principios de la sociedad civil, la no violencia y los derechos humanos





Ahora bien, no hay que menospreciar los peligros que puede representar para los intereses estadounidenses lo que suceda a partir de ahora en el mundo árabe. Si se extendieran realmente las protestas a Jordania y Arabia Saudí, EE UU podría encontrarse al borde de una catástrofe. Es difícil imaginar un régimen más progresista y proestadounidense que el que existe hoy en Jordania. En cuanto a la familia real saudí, seguramente constituye la peor forma posible de gobierno para ese país, con excepción de cualquier otra que pudiera sustituirla. Imagine que todas las armas que Estados Unidos ha vendido a los saudíes desde hace decenios cayeran en manos de radicales wahhabíes. Imagine que Yemen volviera a dividirse en norte y sur, o que el control central de la capital, Saná, sobre el resto del país fuera aún más débil. Washington se encontraría prácticamente solo ante el peligro de Al Qaeda en la zona.
Por ahora, todas estas revueltas parecen más o menos iguales, como ocurrió en Europa del Este en 1989. Pero, igual que en los países del Este, cada uno acabará siendo un poco distinto, y la evolución política será un reflejo de la situación demográfica, educativa e institucional concreta de cada Estado. Polonia y Hungría recorrieron unas vías relativamente fáciles hacia el capitalismo y la democracia; Rumanía y Bulgaria vivieron sumidas en una pobreza abyecta durante años; Albania sufrió brotes esporádicos de anarquía; y Yugoslavia cayó en una guerra civil que mató a cientos de miles de personas. En ciertos aspectos, el mundo árabe es más variado que Europa del Este, por lo que es preciso que Estados Unidos tenga en cuenta las características específicas de la situación política e histórica de cada país a la hora de calibrar su política.
El Gobierno del presidente Barack Obama debe defender los principios de la sociedad civil, la no violencia y los derechos humanos en todas partes; y siempre que parezca que un autócrata está a punto de caer, como ha sucedido en Túnez y como podría ocurrir en Egipto, Washington puede desempeñar un papel constructivo y facilitar su marcha, además de tender la mano a las nuevas fuerzas políticas. La diplomacia estadounidense en el mundo árabe va a complicarse aún más. Ya no consistirá en tener un número de teléfono crucial en cada país. A partir de ahora, la superpotencia tendrá que tratar con docenas de personalidades políticas para conseguir las mismas cosas que antes lograba con un sólo líder. Democracia equivale a complejidad.
ROMAS DE JAZMÍN Y LIBERTAD EN EL MAGREB
Enero 2011
Antonio Navarro

Los ecos templados de la revolución democrática en la región.



MARTIN BUREAU/AFP/Gettyimages

G. Seguir, de cincuenta y cuatro años, invidente y minusválido, llega acompañado de sus hijos, a una de las dependencias del Ayuntamiento de M’sila, en pleno Atlas argelino. Se ha envuelto en la bandera nacional. El señor se queja amargamente de que, a pesar de haber saldado sus deudas con Sonelgaz, la sociedad nacional dedicada al suministro de agua y electricidad, ha pasado una jornada más de lo previsto sin estas dos necesidades básicas por culpa de la lentitud administrativa. En plena protesta pública, G. Seguir se rocía gasolina y amenaza con quemarse a lo bonzo junto a sus dos hijos: una niña de 8 años y un chico de 11. Gracias a la intervención de varias personas, los niños, víctimas de un ataque de nervios, son retirados de la escena, aunque no logran evitar que G. Seguir se prenda fuego. Hoy este padre de familia argelino permanece en estado crítico en un hospital.

Como G. Seguir, en Argelia ocho personas han intentado, en algo más de una semana, quitarse la vida en actos semejantes de desesperación. Todos ellos, como el caso de una cincuentenaria que se quemó en la Asamblea local de una ciudad del oeste argelino, o el intento de suicidio colectivo de una veintena de personas que viajaban en una patera rumbo a las costas españolas, que era interceptada por los guardacostas de la ciudad de Annaba (Argelia). Desde que el 17 de diciembre, el ahora célebre y mártir vendedor de verduras e informático en paro Mohamed Bouazizi, encendiera con su inmolación en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid la mecha de la revolución social que acabó con 23 años de régimen autoritario en el país, la trágica moda se extiende por varios países de la región. Marruecos, Argelia, Mauritania y Egipto. Algo ha cambiado después de la exitosa revolución popular que ha abierto el camino a la democracia en Túnez.

Todos son conscientes: militares, periodistas, profesores, políticos y, sobre todo, los ciudadanos para los que Internet sigue siendo algo procedente de otra galaxia. Una viñeta del diario argelino El Watan, abanderado de la libertad de prensa en el país, mostraba la sombra de una estatua del depuesto Zine el Abidine Ben Alí a punto de caer hacia poniente y proyectándose sobre Argelia y Marruecos. La pregunta que desde hace días está en boca de todos es la misma: ¿el escenario tunecino es equivalente al del resto de países del Magreb? ¿Puede la carestía de los productos de primera necesidad y el deterioro de las condiciones de vida de la población provocar una ola de revoluciones democráticas, laicas y populares?

Argelia comenzó a golpear pronto, con la misma contundencia que su vecino. El brote de protestas por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo de un pueblo extraordinariamente joven -más del 70%, según el Fondo Monetario Internacional, tiene menos de 30 años- recorría Argel, pero también la contestataria región de la Cabilia y Tizi Uzu, además de Orán o Béjaia. Por el momento, la contundencia de las fuerzas del orden dirigidas por el general Buteflika ha logrado, por el momento, una tensa calma en el gigante magrebí. Además, la ventaja de tener unas finanzas públicas boyantes -gracias a los ingresos procedentes de las exportaciones de gas y petróleo- permitió al Gobierno aprobar un paquete de medidas económicas destinadas a aliviar la situación de los maltrechos bolsillos de los argelinos. Entre ellas la supresión de los aranceles y el IVA hasta el próximo mes de junio del azúcar no refinado y los aceites alimentarios con vistas a abaratar los precios. El resultado casi inmediato fue el cese de los disturbios, que dejaron atrás tres muertos, más de 800 heridos y centenares de detenidos. La última demostración de fuerza del régimen se produjo el pasado fin de semana cuando una manifestación contra la dictadura convocada por el partido la Reunión por la Cultura y la Democracia (RCD) fue disuelta violentamente.

Si la calle es duramente reprimida, la libertad se cuela por las rendijas de la activa prensa argelina, que se atreve a hablar estos días de estado de sitio nacional y de la necesidad de un cambio democrático. La poca oposición política real se afana por hacerse un hueco entre las protestas populares. El Watan capitanea la publicación de cables de Wikileaks críticos con el régimen militar del Frente de Liberación Nacional (FLN), como el que habla del fraude electoral de Buteflika en 2009. Un hecho que en el vecino marroquí la retirada de ejemplares de periódicos como El País, Le Monde o Al Quds Al Arabi, publicaciones que osaron llevar a sus páginas filtraciones del célebre portal relativas al poder autocrático de Mohamed VI.

El antecedente saharaui: Aunque con el telón de fondo del conflicto del estatus político del Sáhara Occidental, lo cierto es que las protestas por las penosas condiciones de vida que sufre la población saharaui que tuvieron lugar en el campamento de Gdeim Izyk el pasado octubre, pueden considerarse el precedente de esta ola de revueltas que recorre el Magreb. La presencia del evanescente Frente Polisario y los variopintos colectivos internacionales de apoyo al pueblo saharaui tornaron pronto el objeto de la protesta en una reivindicación soberanista que sus organizadores siempre desmintieron. Luego llegó la intervención del Ejército marroquí y el control absoluto de la ciudad El Aaiún, epicentro de las revueltas posteriores. Argelia y la prensa española se convirtieron en el enemigo de Marruecos, que acabó controlando la situación. La pasada semana, en Smara, no lejos de El Aaiún, un hombre se unió a la ola regional de intentos de suicidio intentándose inmolar a las puertas de la prefectura de la ciudad.

Marruecos, la autoridad del monarca: Son las tres de la tarde. Un grupo de unos doscientos jóvenes veinteañeros, portando pancartas y vistiendo unos llamativos petos color butano, protesta a las puertas del Parlamento de Rabat. La escena se produjo la pasada semana, pero es una fotografía fija en los últimos años. Se quejan de la falta de oportunidades laborales del mercado marroquí para ellos, licenciados universitarios. Aspiran a los insuficientes salarios de la administración pública, si tienen la suerte de acceder a ella, que rondarían aproximadamente los 250 euros mensuales. Blanden retratos del Rey y banderas nacionales. Quieren dejar claro que su protesta no va dirigida contra la figura del jefe del Estado y emir de los creyentes. La crítica tiene como blanco la desacreditada clase política, la corrupción de los dirigentes, un etéreo estado general de las cosas que se afanan por desvincularse de las responsabilidades y las buenas intenciones del monarca alauí.

En ello estriba precisamente una de las diferencias que hacen el caso marroquí distinto del argelino, tunecino, libio o egipcio. En los demás vecinos norteafricanos la figura del mandatario no está investida de un carácter religioso y divino como en el caso de Marruecos y el pueblo es consciente del origen civil de la autoridad del general Buteflika, del coronel Gadafi o del octogenario presidente egipcio Hosni Mubarak.

No obstante, hasta el poniente de Marruecos se han dejado sentir aires del vendaval de Túnez. Aunque silenciados por la censura oficial –el retroceso en la libertad de prensa en los últimos meses en el país es evidente: el cierre del semanario Nichane, la delegación de Al Jazeera y los problemas sufridos por la prensa española lo atestiguan–, varias localidades marroquíes han registrado en los últimos días pequeñas concentraciones de protestas por la carestía de precios. La elevada tasa de analfabetismo –según ciertas fuentes superior al 50% de la población– explica, en suma, la debilidad y la falta de organización de la protesta, en una diferencia fundamental respecto a los vecinos tunecino, sobre todo, y argelino en menor medida.





¿El escenario tunecino es equivalente al del resto de países del Magreb?






¿Qué país tiene más posibilidades de repetir una revolución como la vivida en Túnez? No pocos analistas señalan que la situación social en Egipto reproduce muchos de los síntomas propicios para una revuelta general. Una presión demográfica dramática –más de 80 millones de personas–, previsiones de inflación galopante, las heridas de la comunidad copta aún supurando y un régimen asfixiante, que trata de sobrevivir al ocaso del dictador permitiendo un aumento gradual de las libertades, empujan a la población egipcia a la movilización. Para marcar el carácter simbólico del preludio, el pasado 18 de enero un hombre se quemaba a lo bonzo a las puertas de la Asamblea Nacional en El Cairo. No ha sido el único caso en Egipto.

¿Miedo al ascenso de los islamistas?: Mohamed VI es consciente de que una de las pocas amenazas a la estabilidad del régimen –hoy muy debilitada— la constituye el islamismo político. Para combatir al partido que hoy agrupa a esta tendencia, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), formación de implantación urbana y segunda en las elecciones generales de 2007, el monarca ha favorecido el ascenso de un amigo personal, Fouad Ali el Himma, antiguo segundo de a bordo en el Ministerio del Interior, a través del liderazgo del nuevo Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM). Pocos conocen la ideología de la formación que, en tan solo un año de vida, ya logró imponerse en los comicios locales de 2009. El grupo se apresuraba estos días a manifestar su solidaridad con el pueblo tunecino y a celebrar “su compromiso con la democracia, el Estado de derecho y la modernidad”. Al mismo tiempo, el Gobierno marroquí prohibía cualquier tipo de manifestación de apoyo a Túnez. Lo cierto es que en este país la revolución ha tenido un carácter netamente laico y el islamismo político no juega aún un papel relevante en el camino hacia la democracia. En Argel el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) y, sobre todo, el RCD, dos fuerzas fundamentalmente laicas que hablan del fin de un régimen corrupto, tratan de liderar el malestar general y traducirlo en apoyos políticos.

La revolución a través de Internet: Sin las redes sociales y la blogosfera la revolución tunecina no habría tenido lugar. Resta por saber si será igual de determinante en las próximas revueltas que previsiblemente tendrán lugar por la región. La alta penetración de Internet en Túnez es correlativa a los notables registros educativos del país, que contrastan con los de sus vecinos marroquíes, argelinos o egipcios. En Facebook la juventud contestataria encontró el instrumento organizativo idóneo para zafarse del férreo control gubernamental, obviando las fuerzas políticas tradicionales de la oposición, que hoy pelean por atraerse al votante ante las próximas elecciones generales. Ante la fragilidad del panorama político tradicional, los medios sociales y, por extensión, la globalización de las comunicaciones constituyen las grandes esperanzas para la población de los países del Magreb. La libertad se cuela por los teléfonos móviles y los portátiles de los egipcios y los libios, de los jóvenes de Casablanca a Argel pasando por Nouakchott. Sin embargo, esta tierra norteafricana es ancha, áspera y remota y serán necesarios fuertes vendavales de cambio para lograr el fin progresivo de la tiranía, el abandono y la pobreza en que está sumido.

ÓVENES MUSULMANES, ¿DECEPCIONADOS?
Andrew Albertson

Desde el discurso de Barack Obama hace seis meses, el mundo musulmán ha comenzado a perder la fe en Estados Unidos. Pero no es demasiado tarde… aún.

Seis meses después del muy aplaudido discurso del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en El Cairo, los jóvenes de Oriente Medio están comenzando a perder la paciencia con su Administración. Son malas noticias para la esperanza de que Estados Unidos pudiera marcar un nuevo comienzo con las comunidades musulmanas. De Marrakech a Teherán, dos de cada tres personas en la región son menores de 30 años. En gran medida el futuro de las relaciones de EE UU con el mundo musulmán descansa en sus manos.


AFP/GettyImages
El mes pasado viajé a Líbano, Jordania y Egipto para hablar con algunos de los principales líderes cívicos jóvenes de la zona sobre las políticas estadounidenses y sus recomendaciones para la Administración Obama. Acudí plenamente consciente de la importancia de sus opiniones; dondequiera que las esperanzas de los jóvenes se vean sobrepasadas por la frustración -ya sea la incapacidad de conseguir trabajo o el sentimiento visceral de que el suyo es un mundo de represión e injusticia- Estados Unidos y sus aliados estarán menos seguros. Y esto es lo que escuché: aunque la elección del presidente Obama y su discurso en El Cairo fueron muy bien acogidos, la manifiesta falta de continuidad de la Administración ha conducido a una creciente decepción.
Por todo Oriente Medio, Obama suscitó una respuesta sorprendentemente positiva en las encuestas de opinión durante los comienzos de su Administración, y los jóvenes de la región fueron muy receptivos. Veían en su identidad, al igual que en sus palabras, la esperanza de un cambio.
A estas alturas, no obstante, la decepción está comenzando a arraigar. La incapacidad del actual presidente estadounidense para frenar los asentamientos israelíes en los meses que han pasado desde el discurso es una de las quejas principales. Pero hay más. En ese mensaje, intencionadamente dirigido a la gente de la región y no sólo a sus gobiernos, Obama también planteó cuatro cuestiones clave de “dignidad humana”: democracia, libertad religiosa, derechos de la mujer y desarrollo. Desde entonces la Administración no ha hecho prácticamente nada para respaldar esas palabras con acciones, algo que no ha pasado desapercibido.
Para ser justos, Estados Unidos se enfrenta a una tarea complicada. Diversos líderes autoritarios de Marruecos a Túnez o Jordania, todos ellos empeñado en mantenerse indefinidamente en el poder, han trabajado diligentemente en los últimos años para liquidar concentraciones, organizaciones cívicas y cualquier otro indicio de espacio político. La situación empeoró después de que, a mediados de 2006, Washington rebajara su apoyo diplomático a la democratización en la región tras la victoria de Hamás, por un escaso margen, en las elecciones en los Territorios palestinos. Tres años más tarde Washington se ve con menos socios de la sociedad civil de los que podría haber tenido en otro caso.
Desgraciadamente, en vez de hacer frente a estos gobernantes para intentar revertir la situación, Obama parece estar cediendo a la presión. Líderes autoritarios como Hosni Mubarak en Egipto y Mahmud Ahmadineyad en Irán han apostado por que, dada la importancia de los objetivos diplomáticos de EE UU en la región, podrían presionar a la Casa Blanca para que redujera su apoyo a los grupos de la sociedad civil en sus respectivos países.
Y la Administración Obama ha cedido. En su propuesta presupuestaria para el año fiscal 2010, aprobada por el Congreso el 13 de diciembre, pedía recortes significativos en ayudas a la democracia y la gobernanza para grupos cívicos que trabajan a favor del cambio en ambos países. Y en Egipto, el Gobierno estadounidense parece haber acordado ahora que los programas de ayuda sólo financiarán a grupos que el Ejecutivo egipcio haya aprobado oficialmente. Estas medidas muestran un acusado contraste con el discurso de El Cairo, que asociaba la preocupación por la dignidad humana con el rechazo a la idea de que la democracia pueda ser promovida por la fuerza. Desgraciadamente, en todo menos en palabras, la Administración está resultando tristemente decepcionante.





Existe aquí un problema que los jóvenes de la región señalan rápidamente: los objetivos fáciles no son necesariamente los importantes.





Tomemos el discurso complementario al anterior que la secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, pronunció el mes pasado en una cumbre regional en Marruecos. Clinton explicó a su audiencia que aunque el discurso pretendía lanzar un nuevo comienzo general entre Estados Unidos y las comunidades musulmanas, la Administración había decidido, tras posteriores reflexiones, que se centraría únicamente en tres áreas de desarrollo: iniciativa empresarial, ciencia y tecnología, y educación. La democracia, la libertad religiosa y los derechos de las mujeres no aparecían como parte de los planes.
Si lo tomamos desde un punto de vista benévolo, podríamos elogiar a la Administración por encontrar proyectos listos para arrancar. Al centrarse en iniciativa empresarial, ciencia y tecnología, y educación, Washington ha hallado iniciativas que tenían ya el apoyo de los gobiernos árabes. Pero existe aquí un problema que los jóvenes de la región señalan rápidamente: los objetivos fáciles no son necesariamente los importantes. Aunque Clinton destaca correctamente el empleo como un tema clave en Oriente Medio -especialmente los trabajos para jóvenes parados- EE UU no hace ningún favor a la región ofreciendo una cumbre sobre la iniciativa empresarial, una de sus nuevas iniciativas, mientras esquiva los problemas de raíz que obstaculizan los negocios, como la decadencia política y la corrupción. La Administración Obama tendrá que hacer mucho más si espera demostrar un compromiso sincero con el fomento de un desarrollo generalizado, la clase de desarrollo que de verdad afecta a la vida de la gente.
Mis conversaciones con jóvenes activistas de la región continúan dándome esperanzas de que el Gobierno de Obama tiene una oportunidad única para cambiar las percepciones de Estados Unidos entre la juventud de Oriente Medio. Pero hacerlo exigirá nuevas iniciativas efectivas respecto a los objetivos que el presidente planteó en su discurso de El Cairo, incluyendo la democracia, la libertad religiosa, los derechos de las mujeres y el desarrollo. Y será necesario un esfuerzo constante por escuchar y responder a las gentes de la región, no sólo a sus gobiernos.

EL MITO DE UN TÚNEZ MODERADO
Abril-Mayo 2010
Rasha Moumneh

Bajo los adornos modernos del régimen del presidente Ben Alí se encuentra otra dictadura represiva.

Cuando el ministro tunecino de Exteriores, Kamel Morjane, llegó recientemente a Washington, lo hizo sin duda como representante de un Estado árabe moderado, amigo de Occidente. Sin embargo, como delegado de Human Rights Watch, he podido presenciar otra cara de este régimen supuestamente moderno.
Mi organización hizo público el mes pasado un informe que detallaba el trato que da el Gobierno tunecino a los presos políticos, y varios de nosotros pensamos dar una rueda de prensa en Túnez para anunciarlo, con la esperanza de suscitar un diálogo que derivara en un cambio. Fue una estrategia que ya intentamos en 2004, cuando presentamos un informe sobre la situación de los detenidos por razones políticas, y en 2005, cuando publicamos un estudio sobre la libertad de Internet en la región. Ambos casos se desarrollaron sin incidentes. En esta ocasión, por el contrario, nos cerraron el camino a cada paso: todos los hoteles a los que llamamos nos dijeron que no tenían sitio para nosotros, y la habitación que por fin conseguimos sufrió una inundación misteriosa mientras estábamos cenando. El Gobierno prohibió a los periodistas que asistieran a nuestra rueda de prensa y se lo impidió físicamente a quienes intentaron entrar. Unos agentes de la seguridad del Estado nos siguieron a todas partes.


ABDELHAK SENNA/AFP/Getty Images
Con el presidente tunecino, Zine el Abidine Ben Alí, que ocupa el cargo desde 1987 y fue reelegido en 2009 para un quinto mandato, se trata incluso al menor disidente como una amenaza grave. Los periodistas independientes, las organizaciones de derechos humanos y los sindicalistas -cualquiera que levante la voz sobre las acciones del Gobierno- ven cómo les vigilan y les castigan.
Túnez suele ocultar sus medidas represivas bajo un barniz de legalidad, con la esperanza de convencer a Occidente de que es relativamente liberal. Por ejemplo, el Ejecutivo asegura que no existen presos políticos en el país. Puede ser verdad, claro, según la interpretación estricta que hace el Estado de lo que constituye un delito político. De acuerdo con esa línea de razonamiento, durante los mandatos de Ben Alí se ha procesado a pocas o ninguna persona en virtud de las leyes que penalizan la actividad política y la opinión. El Gobierno prefiere procesar a sus opositores por falsos delitos comunes.
Taoufik Ben Brik, un periodista disidente que es uno de los blancos preferidos del régimen, es un buen ejemplo. En octubre de 2009, fue acusado de “violar la decencia pública”, “difamación”, “agresión” y “daños a la propiedad de otra persona”, supuestamente por atacar a una mujer. Él dice que la víctima era una agente de la seguridad del Estado y que fue ella la que le atacó a él cuando se dirigía a recoger a su hija del colegio. El Gobierno se inventó una situación que no sólo colocó a Ben Brik en la cárcel, sino que puso en tela de juicio su catadura moral.
Pude ver en persona esa misma atmósfera de intimidación en marzo, cuando fui a Túnez para examinar los trabajos de organización sindical en varias zonas del país. Durante mi visita, descubrí que los sindicalistas independientes estaban sufriendo la misma suerte que los periodistas y los activistas locales de derechos humanos. Como en el caso de la represión de los disidentes políticos, las actividades del Estado contra los sindicatos no suelen ser explícitas: según la ley de asociación de Túnez, que es muy liberal, quienes desean crear un sindicato o una ONG sólo tienen que informar al Gobierno de sus intenciones. Si el ministerio del Interior no presenta objeciones en el plazo de 90 días, la nueva organización se considera legal. ¿Cómo es posible que, a pesar de contar con un vigoroso movimiento a favor de las libertades, no haya más que dos organizaciones de derechos humanos y dos sindicatos reconocidos legalmente en todo el país?
Aquí es donde llegan las trampas y las manipulaciones. Para detener la legalización de un nuevo sindicato, el Gobierno no tiene más que afirmar que nunca recibió su solicitud. Por ese motivo, nunca da un recibo que puedan utilizar de prueba. Este truco les permite afirmar que todas las actividades del nuevo sindicato son ilegales.
Según muchos sindicalistas, el Ejecutivo se ha esforzado desde hace años para conservar la lealtad de los escalones superiores de la organización paraguas de ámbito nacional, la Unión General de Trabajadores de Túnez (UGTT). Como el Gobierno impide que los sindicatos independientes adquieran carácter legal, en la práctica el régimen tiene el monopolio de la actividad sindical.
A cambio, la UGTT controla firmemente a sus miembros más independientes. En 2008, los profesores organizados en la UGTT encabezaron un masivo levantamiento contra la corrupción, con miles de manifestantes durante un periodo de seis meses. Los líderes del movimiento fueron expulsados. Sólo los readmitió después de grandes presiones locales e internacionales.





La fachada cuidadosamente diseñada de un Túnez “moderno, democrático y moderado” está resquebrajándose





El régimen también se ha mostrado más que dispuesto a ensuciarse las manos cuando ve su poder amenazado. El Sindicato Nacional de Periodistas Tunecinos (SNPT), el único independiente legalmente autorizado fuera de la UGTT desde su creación en 2007, despertó las iras de Ben Alí en 2009 cuando sus dirigentes anunciaron que iban a permanecer neutrales en las elecciones presidenciales y parlamentarias de ese año. Las autoridades se vengaron con un elaborado plan para derrocar al presidente del sindicato y a su junta y sustituirlos por periodistas progubernamentales.
El Ejecutivo recurrió a una avalancha de sobornos, amenazas y chantajes para convencer a los periodistas del sindicato de firmar una carta que pedía la renuncia de la junta. Se amenazó a los propietarios de medios impresos con la retirada de los anuncios oficiales si sus empleados no obedecían. Éstos representan un 600% más de ingresos para los periódicos que la publicidad privada, y son una buena manera de mantener controlados a los responsables de la información.
Muchos periodistas que se negaron a apoyar el golpe acabaron despedidos. El SNPT celebró elecciones para escoger a su nueva dirección, unos comicios manchados por la corrupción; la mitad de los votantes no eran miembros del sindicato ni incluso periodistas. El Gobierno dice que no tuvo nada que ver con la política interna de la organización y que fue pura coincidencia que la nueva junta estuviera formada casi totalmente por periodistas leales a Ben Alí.
A pesar de los esfuerzos del Presidente para ocultar los métodos deshonestos que emplea su Gobierno para acallar y aplastar la disidencia, la fachada cuidadosamente diseñada de un Túnez “moderno, democrático y moderado” está resquebrajándose. En gran parte, gracias a los activistas de derechos humanos del país, sistemáticamente reprimidos y perseguidos pero incansables.
La Administración Obama tendría que presionar sobre estos problemas y muchos otros, y dejar claro que el desprecio de Túnez hacia las libertades de sus ciudadanos debe cambiar. El mundo occidental debe eso y más a los acosados defensores de los derechos humanos en este país, que necesitan toda la ayuda posible.

LECCIONES DESDE TÚNEZ
Enero 2011
Oladiran Bello

Mientras el polvo se deposita sobre el terremoto de Túnez, los defensores y los detractores de la libertad dentro y fuera del mundo árabe están extrayendo lecciones de los acontecimientos. La UE debe valorar las enseñanzas que se obtengan desde todos los flancos, prestando atención a las respuestas políticas a la crisis, y realizar acciones que apoyen la democracia.



FETHI BELAID/AFP/Gettyimages

Medios de comunicación libres 1 – dictadura 0. Las dudas sobre los nuevos medios se han intensificado recientemente, y muchos preguntan si éstos hacen posible que los dictadores controlen el discurso y aplasten la disidencia. Aunque es demasiado pronto para sacar conclusiones radicales de lo ocurrido en el país, parece que los regímenes despóticos deseosos de controlar Twitter, Youtube y canales similares se arriesgan torpemente socavando acuerdos sociales tácitos que sostienen dictaduras como la del presidente Zine el Abidine Ben Alí.
Si se impide el libre flujo de las comunicaciones personales a través de las redes en nombre del control de los mensajes políticos, el peligro de encontrarse con una reacción violenta aumenta de manera desproporcionada. Además de ser elementos básicos de la moderna clase media árabe, los mensajes instantáneos y el streaming (vídeo visualizado online no descargable) son las herramientas preferidas por las diásporas -los refugiados de la inestabilidad y la intolerancia- para estar conectados con los suyos que quedan en casa. Esto funciona desde Túnez a Tashkent, pasando por Irán. Si nos oponemos a que dichos espacios se conviertan en ventajas dependientes de tejemanejes políticos, es fácil ver por qué sociedades acostumbradas desde hace mucho a la opresión de los autócratas pueden lanzarse a la revuelta abierta.
Los líderes europeos saben que, en última instancia, los tiranos no pueden triunfar sobre la oposición en el ciberespacio, pueden bloquear el acceso, pero deben prepararse para las consecuencias en la calle. Convicciones como ésta han de tenerse más en cuenta en las acciones de los países de Europa, más allá de Teherán.
Aplicar la mano de hierro puede conducir a la inestabilidad. Entre las élites que gobiernan en el mundo árabe, muchos están llegando a la conclusión de que concesiones como las del discurso de Ben Alí, el viernes pasado, se perciben más bien como una debilidad, desalentando la distensiónpolítica. La reacción habitual es una repulsiva retórica que prima la restauración del orden, liderado por veteranos del régimen del mandatario huido como el primer ministro Mohamed Ghannouchi.





Los tiranos no pueden triunfar en el ciberespacio





La intervención del vecino Muammar el Gadaffi, de Libia, se ajusta a esta forma de pensar. ¡Lamenta la salida del ex presidente y se niega a reconocer su renuncia! El mensaje del hombre fuerte de Trípoli parece haberse diseñado sobre todo para su público nacional: “protestas similares a las de Túnez, no se tolerarán aquí y punto”. Aunque el gobernante libio se sienta más seguro que los otros autócratas de la zona, la velocidad de los acontecimientos sucedidos en el país más pequeño del Magreb, es un recordatorio brutal para los funcionarios extranjeros (especialmente occidentales) de la fragilidad del orden en Egipto, Arabia Saudí y otros lugares.
La posición del presidente Ben Alí se hizo insostenible desde el momento en el que anunció una serie de insólitas concesiones y admitió haber perdido el contacto con la realidad. "Fui engañado por mis ayudantes", declaró. Su promesa de más libertad en Internet y de miles de millones de dólares para la creación de empleo, era música celestial para los oídos tunecinos, pero la presa se había roto hace mucho tiempo, y su tardía confesión sólo hizo más patente lo insostenible de su situación. Envalentonada, la calle le hostigó, rechazando con rapidez la elección de Ghannouchi como su sucesor.
Las gestiones europeas podrían ser decisivas. Tanto los defensores de la democracia como los tiranos vigilan el horizonte en espera del próximo impasse. El error de cálculo de Francia y su torpe comportamiento durante la crisis le impide promover y liderar una respuesta inmediata de la UE. La ministra de Asuntos Exteriores francesa, Michèle Alliot Marie, y su colega de Agricultura, M. Bruno Le Maire, estaban muy ocupados defendiendo el antiguo régimen del país -incluso considerando ayudar a sus asesinas fuerzas de seguridad -mientras Ben Alí huía. El ruido de Alemania y otros hablando de la necesidad imperiosa de que se convoquen sufragios libres parece estar más en sintonía con la realidad. Más allá de la cacofonía del apoyo europeo a la democracia, sólo una acción clara y concreta en defensa de la libertad de elección impedirá que los intereses ocultos eviten el cambio en Túnez.

LOS OTROS ALIADOS QUE PODRÍAN AVERGONZAR A EE UU
Febrero 2011
Joshua Keating

Mantener buenas relaciones con los autócratas es un lamentable pero a menudo necesario componente del delicado ejercicio de equilibrio que es la política exterior estadounidense. Pero, como Washington aprendió una vez más con los últimos acontecimientos, apoyar a un líder tiránico por el bien de la estabilidad puede presentar sus propios riesgos. He aquí ocho alianzas más que podrían resultar embarazosas.



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ARABIA SAUDÍ
Líder: Rey Abdalá
Historial: El rey ha gobernado Arabia Saudí desde 2005. Como dirigente de un país que carece de elecciones, Parlamento y partidos políticos, Abdalá y su familia ejercen un poder sin restricciones dentro del reino y también —gracias a su control de un quinto de las reservas de petróleo del mundo y dos de los lugares más sagrados del islam— bastante influencia más allá de sus fronteras. Abdalá sorprendió a muchos al acometer algunas reformas menores de las altas esferas delestablishment religioso del país en 2009. Aunque esto pudo deberse más a un deseo de consolidar su poder que a algún tipo de iluminado impulso pluralista. El rey, de 86 años, ha sufrido un deterioro de su salud en los últimos años, lo que ha provocado especulaciones sobre cuál de sus parientes le sucederá.
Arabia Saudí sigue siendo uno de los países más represivos de la Tierra, en especial para sus 9 millones de ciudadanas, a quienes se les impide ejercer muchos trabajos o conducir, y por ley son consideradas de manera legal sometidas a sus maridos. Esta vetado practicar cualquier religión que no sea el islam. La tortura y la detención sin juicio son habituales. Alrededor de 2.000 personas fueron arrestadas sólo en 2009 por acusaciones políticas.
Apoyo de Estados Unidos: Ya sea con besos y apretones de manos o haciendo reverencias, se puede contar con que los presidentes estadounidenses de ambos partidos muestren siempre su afecto por la Casa de Saud, una tradición que se remonta a la Administración de Franklin Roosevelt. Siendo el único país en el mundo con una “capacidad de producción adicional” —suficiente petróleo extra como para poder influir en los precios globales de la energía a voluntad—, la cooperación saudí es crucial para mantener en ebullición a la economía en EE UU.
Desde el 11-S los saudíes también han proporcionado asistencia e información de inteligencia para la guerra contra el terror liderada por Washington y tomado duras medidas contra los extremistas violentos, tanto en el reino como al otro lado de la frontera con Yemen. No obstante, siguen en el aire las preguntas sobre el grado en que los miembros de la familia real saudí todavía proporcionan ayuda económica a Al Qaeda. Estados Unidos depende también de la estabilizadora influencia de Arabia Saudí en Oriente Medio como contrapeso a Irán y de su papel como mediador con la Autoridad Nacional Palestina. En 2010, la relación se consolidó aún más gracias a un acuerdo armamentístico por valor de 60.000 millones de dólares (unos 43.000 euros) que incluía cazas, helicópteros y misiles.



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YEMEN
Líder: Alí Abdullah Saleh
Historial: Saleh primero se hizo con el poder en Yemen del Norte en un golpe militar en 1978 y ha gobernado el país entero desde su unificación en 1991. Los partidos de la oposición son marginados, las elecciones parlamentarias han sido pospuestas indefinidamente y los civiles frecuentemente se ven alcanzados por las ofensivas militares en el anárquico Sur.
Yemen es tanto uno de los países menos estables del mundo —con una insurgencia de rebeldes chiíes actualmente activa en la región sur— como uno de los más represivos: las detenciones arbitrarias y la tortura están generalizadas, y los asesinatos de honor de mujeres a manos de miembros de sus familias con frecuencia queda impunes. Inspirados por los acontecimientos de Túnez y Egipto, los manifestantes han comenzado a lanzarse a las calles de la capital, Saná, para celebrar protestas casi diarias desde mediados de enero, exigiendo la salida de Saleh como presidente.
Apoyo de Estados Unidos: Saleh podría parecer un insólito aliado estadounidense. Además de su estilo autocrático y tolerancia de la corrupción oficial, fue un estrecho aliado de Saddam Hussein y apoyó la invasión de Kuwait por parte de Irak en 1990. Pero el antiterrorismo hace extraños compañeros de cama, los grupos extremistas presentes en el interior de Yemen han sido la fuente de numerosos ataques anti americanos, desde el atentado contra el U.S.S. Cole en 2000 al complot de la bomba del día de Navidad de 2009 o al intento de atentado con una bomba escondida en una impresora en 2010. Además, es el hogar del renombrado terrorista Anwar al Awlaki y de Al Qaeda en la Península Arábiga. Dados los peligros que emanan de Yemen, los responsables de las políticas de EE UU han decidido que los esfuerzos del mandatario yemení por restaurar el orden en el país son la mejor apuesta para prevenir más ataques, y la ayuda miliar destinada a la región se ha, más que, doblado desde el complot de Navidad. Es probable que la ayuda de Washington a Yemen para el Ejército alcance los 250 millones de dólares en 2011, lo que se sumaría a un sustancial aumento en la asistencia al desarrollo.



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JORDANIA
Líder: Rey Abdalá II
Historial: Cuando Abdalá, que había disfrutado de una educación occidental, llegó al trono en 1993, despertó grandes esperanzas de que se produjeran reformas políticas. El Gobierno levantó 20 años de ley marcial en 1989, restaurando el Parlamento. Pero a esto no le siguió una democracia abierta. El sistema electoral del país sigue estando plagado de fallos, con los distritos electorales configurados de manera que favorezcan a los candidatos tribales y a aquellos que son leales al Estado. El mayor partido de la oposición, el Frente de Acción Islámica, vinculado a la Hermandad Musulmana, ha boicoteado las dos últimas elecciones parlamentarias alegando que el fraude y la compra de votos eran generalizados. La Administración jordana ha citado el éxito electoral de Hamás en los cercanos territorios palestinos para justificar el lento ritmo de las reformas políticas en el país.
El cambio en las medidas económicas de Abdalá han dado como resultado un crecimiento constante del PIB pero, como en Egipto, esto no se ha traducido en una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos más pobres. El desempleo puede llegar al 30% en el reino, y la tasa de pobreza es de alrededor del 25%. Miles de personas protestaron contra las políticas económicas del Gobierno con una sentada en el exterior del Parlamento el 16 de enero.
Apoyo de Estados Unidos: La Casa Blanca confía en Jordania para que le preste asistencia en la lucha contra el terrorismo, así como en su a menudo constructivo papel en el proceso de paz palestino-israelí. Bajo la familia real, Jordania ha seguido una de las políticas exteriores más sistemáticamente pro estadounidenses de Oriente Medio. Ésta se ha visto recompensada con más de 6.000 millones de dólares en ayuda al desarrollo desde 1952, es el segundo mayor receptor de ayuda exterior de EE UU per cápita. En 2010, Washington y Ammán firmaron un acuerdo de desarrollo por valor de 360 millones de dólares. El primero también ha proporcionado una significativa ayuda al Ejército jordano, incluyendo una nueva flota de cazas F-16 en 2007.



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ETIOPÍA
Líder: Meles Zenawi
Historial: Las elecciones de 2010, en las que el partido del primer ministro Meles Zenawi logró un sorprendente 99,6 % de los votos, fueron la culminación de lo que la organización Human Rights Watch llamó “la estrategia de cinco años de cierre sistemático del espacio para la disidencia política y la crítica independiente”. Ésta incluía ataques y arrestos de importantes figuras de la oposición, la clausura de periódicos y los ataques a periodistas críticos con el Gobierno, y el reparto de la ayuda alimentaria internacional como incentivo para hacer que los etíopes pobres se unieran al partido gobernante.
Además de los ataques a los medios de comunicación nacionales y las ONG, el Estado también interfirió las emisiones de Voice of America yDeutsche Welle en el periodo previo a las elecciones. La ONG estadounidense Freedom House rebajó la clasificación de Etiopía a No libre por primera vez este año en su estudio anual Libertad en el mundo.
Apoyo de Estados Unidos: Etiopía, que comparte fronteras con Sudán y Somalia, se beneficia de ser, al menos en teoría, un Gobierno pro estadounidense en un vecindario muy peligroso. En 1998, el presidente Bill Clinton describió a Zenawi como el líder de un “Renacimiento africano”. El fuerte apoyo de Washington a Addis Abeba continuó bajo el mandatario George W. Bush, que veía al Estado, fundamentalmente cristiano, de Zenawi como un baluarte contra el extremismo islámico en África Oriental, y proporcionó una lluvia de millones de dólares en ayuda militar. Bush se opuso a leyes que vinculaban la asistencia bélica para Etiopia con los derechos humanos y dio un apoyo tácito a su invasión de Somalia en 2007.
La retórica es algo menos entusiasta bajo la Administración Obama —el Departamento de Estado criticó con dureza las elecciones de 2010, por ejemplo— pero Estados Unidos continuará financiando a Etiopia con hasta 583,5 millones de dólares este año, a pesar de las evidencias de que el Gobierno está usando directamente esta ayuda para sofocar la disidencia.



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UGANDA
Líder: Yoweri Museveni
Historial: A Museveni se le llena la boca hablando de democracia, desarrollo económico y medidas anti corrupción. Para ser justos, sí que instituyó varias reformas prometedoras al comienzo de su presidencia, fomentando el desarrollo de la prensa libre y de elecciones tras décadas de gobiernos autoritarios. Pero ahora el presidente ha comenzado a parecerse a sus predecesores, aboliendo las limitaciones de duración de los mandatos tras casi tres décadas en el poder, lanzando ataques legales contra periodistas independientes, acosando a los partidos de oposición y volando en un jet privado de 50 millones de dólares mientras más de un tercio de su pueblo vive con menos de 1 dólar al día, habiendo criticado con anterioridad a otros líderes africanos por permitirse lujos similares. Las ONG han documentado también numerosos casos de detenciones ilegales y torturas por la Fuerza Conjunta Antiterrorista del país.
Uganda se ganó la condena internacional en 2010 por una propuesta de ley, todavía pendiente de aprobación, que castigaría la homosexualidad con duras condenas, incluyendo la pena de muerte. Museveni apoyó inicialmente la ley pero más tarde se echó para atrás, cuando varios países en Europa amenazaron con retener sus ayudas. El más destacado activista a favor de los derechos de los homosexuales, David Kato, murió tras recibir una paliza el 27 de enero, sólo semanas después de que un popular tabloide publicara su foto junto al pie Colgadles.
Apoyo de Estados Unidos: El estable Gobierno, el desarrollo económico y la efectiva respuesta al VIH/sida de Uganda han convertido al país en una especie de emblema del desarrollo africano, y es uno de los principales receptores de la ayuda estadounidense en el continente. Además, Museveni ha ayudado a sus amigos de Washington contribuyendo con casi 3.000 soldados de mantenimiento de la paz a la misión internacional en Somalia y llevado a cabo una gran ofensiva militar contra el Ejército de Resistencia del Señor, uno de los grupos rebeldes con peor reputación de África.
Obama en un principio pareció reticente a tratar de quedar bien con Museveni, negándose a varios intentos del líder ugandés de asegurarse un encuentro en la Casa Blanca y criticando en público la ley contra los homosexuales. Pero la Administración estadounidense permaneció prácticamente en silencio después de que el mandatario usara el atentado durante el Mundial de Fútbol de 2010 cometido por los militantes somalíes de Shabaab en Kampala, como pretexto para limitar aún más la cobertura de los medios de comunicación y a los partidos de la oposición. En lo que, muy probable, es un intento de equilibrar la preocupación por la democracia con la necesidad para el apoyo continuado de Uganda en Somalia. El secretario de Estado adjunto para Asuntos Africanos de Estados Unidos, Johnny Carson incluso manifestó a los periodistas que el país había celebrado “unas elecciones libres y limpias”, contradiciendo los propios informes del Departamento de Estado, que mencionaban numerosas irregularidades.



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UZBEKISTÁN
Líder: Islam Karímov
Historial: Karímov, el primer y único presidente del país tras su independencia, ha sofocado de forma sistemática cualquier disidencia política, proscribiendo a los grupos de oposición —especialmente islámicos—, oprimiendo a la prensa y encarcelando a miles de personas. Uzbekistán es citado como uno de los peores torturadores del mundo, y en sus abarrotadas cárceles se administran castigos que incluyen palizas, violaciones e incluso la práctica de hervir a los detenidos. Tashkent se enfrentó a la condena internacional en 2005 después de que cientos de manifestantes desarmados que protestaban para apoyar a un grupo de empresarios locales arrestados fueran disparados por las fuerzas de seguridad en la ciudad de Andiján. Karímov ha extendido en repetidas ocasiones su propia permanencia en el poder más allá del límite de dos mandatos impuesto por la Constitución y los observadores internacionales han rechazado las elecciones del país calificándolas de farsa.
Apoyo de Estados Unidos: Uzbekistán clausuró una base aérea estadounidense en el país en 2005, tras las críticas por parte de Estados Unidos a los sucesos de Andiján. Ésta sigue cerrada, pero las relaciones están mejorando. El general David Petraeus realizó una visita de perfil alto en 2009 para hablar de un posible papel de la región en la guerra en Afganistán liderada por Estados Unidos. En abril de ese año, Washington y Tashkent firmaron un acuerdo para permitir que los suministros para la actividad de la OTAN pudieran atravesar las fronteras uzbekas. En noviembre de 2010, el responsable del CENTCOM (Mando Central de Estados Unidos), el general James Mattis, visitó la zona para firmar un pacto de cooperación en materia de seguridad, incluyendo entrenamientos militares.
La Administración estadounidense ha continuado presionando a Uzbekistán para que haga mejoras en la situación de los derechos humanos, pero los terrenos del país, y su proximidad a la guerra en Afganistán, son demasiado valiosos para que a éste se le aísle en su totalidad.



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KAZAJSTÁN
Líder: Nursultán Nazarbáyev
Historial: Nazarbáyev, ex líder del Partido Comunista Kazajo, ha gobernado el país sin desafíos políticos serios desde su independencia en 1991. Las restrictivas leyes electorales hacen casi imposible que los partidos de oposición se presenten a las elecciones, a los periódicos que critican al Gobierno se les acosa sistemáticamente y son clausurados, y se dice que la corrupción —en especial relacionada con el sector de la energía— es generalizada en todo el Estado.
En enero, el sumiso Parlamento kazajo pidió a Nazarbáyev que convocara un referéndum que extendería su mandato hasta 2020, saltándose por completo las elecciones previstas para 2012 y 2017. La policía reprimió con mucha dureza las protestas de la oposición contra esta medida. Tras la condena internacional del plan, el mandatario lo descartó y en su lugar convocó unos repentinos comicios presidenciales que se celebrarían casi dos años antes de lo previsto.
Apoyo de Estados Unidos: Kazajstán y Estados Unidos han cooperado desde 1996 en un proyecto para garantizar la seguridad e irse deshaciendo del material nuclear de la era soviética que hay en el país. Kazajstán también ha proporcionado rutas de paso para la guerra en Afganistán liderada por EE UU. Los estimados 2.400 millones de metros cúbicos de gas natural de la región lo convierten además en un socio regional muy atractivo.
Para ser justos, Kazajstán no es ni de lejos tan represivo como sus vecinos de Asia Central, ha sido más efectivo logrando un desarrollo económico y es —junto a Ucrania— uno de los casos de no proliferación más exitosos desde el fin de la Guerra Fría. Pero los elogios de Estados Unidos hacia el régimen, que nunca ha celebrado unas elecciones disputadas, han sido a veces, de forma ridícula, efusivos. En una reunión en 2006 entre Bush y Nazarbayev, el presidente estadounidense describió Kazajstán como una “nación libre con un compromiso hacia las instituciones, que permitirá florecer a la libertad”.



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VIETNAM
Líder: Nguyen Tan Dung
Historial: El Partido Comunista de Vietnam es el único permitido por la ley y designa al líder del país de entre sus propias filas —Nguyen Tan Dung fue nombrado para un segundo mandato el 26 de enero—. Según Human Rights Watch, el país ha intensificado su represión de los derechos humanos durante el año pasado, encarcelando a defensores de los derechos humanos, blogueros, y activistas anti-corrupción. Los grupos religiosos, tanto cristianos como budistas, se han enfrentado a un acoso constante. La brutalidad policial y las muertes bajo custodia de las fuerzas de seguridad son habituales.
Como China, Vietnam filtra Internet dentro del país, bloqueando las websites molestas y exigiendo a los proveedores del servicio y a los cibercafés que instalen un software de seguimiento para poder rastrear la pista de los usuarios.
Apoyo de Estados Unidos: Treinta y cinco años después del final de la Guerra de Vietnam y quince después de que se restauraran las relaciones diplomáticas, la amistad entre ambos no ha sido nunca tan estrecha. Los dos países firmaron un acuerdo de libre comercio en 2006, un paso que acercaba más a Vietnam a la entrada como miembro en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Con un ojo puesto en la ascendente China, también han reforzado la cooperación en defensa, incluyendo ejercicios de instrucción militar y un potencial acuerdo nuclear civil. En 2010, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo que a pesar de las “profundas diferencias” en materia de derechos humanos, era el momento para que los dos llevaran su relación al “siguiente nivel”.
Esos impulsos pueden resultar más difíciles de conciliar de lo que Clinton hubiera esperado. En enero de 2011, Estados Unidos presentó una protesta al Gobierno vietnamita después de que un diplomático estadounidense fuera arrojado al suelo tras un forcejeo y luego arrestado por la policía mientras intentaba visitar la casa de un destacado disidente de Vietnam.


REVOLUCIÓN DE LA DIGNIDAD
John Bell

Para terminar con años de enfrentamiento entre Israel y Palestina, el Gobierno israelí debería crear un Estado palestino con unas fronteras justas y duraderas. Con la oleada de revoluciones en el mundo árabe, ahora el pueblo palestino también exige reconocimiento y respeto.




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Túnez ha caído, Egipto está a punto, Jordania, Yemen y Argelia sienten los temblores.
Muchos comentaristas han dicho que estas revoluciones se hacen por el pan, la libertad y la justicia, y también mencionan con frecuencia la "dignidad".
Como he utilizado esa palabra a menudo para referirme a las necesidades de Palestina en relación con la ocupación israelí, en una ocasión busqué una definición de este término y encontré: "cualidad de ser merecedor de estima o respeto".
Tener reconocimiento y legitimidad en una comunidad es básica y universal, y despreciarla sale caro. Es evidente que los Estados árabes no han ofrecido a sus ciudadanos esta palabra y ahora están sufriendo las consecuencias.
Además, muchos dirigentes en estos países no han contribuido tampoco a este respeto en otro sentido. Se les ve como cómplices, voluntarios o no, de la ocupación israelí y débiles ante sus acciones. Otro golpe más para la necesidad árabe de dignidad.
Esto explica la gran popularidad de Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá, que, mediante sus palabras y su máquina de guerra contra Israel, satisface ese deseo de honor de sus conciudadanos como no lo hace ninguno de sus gobernantes. Este tipo de dignidad hacia afuera, frente a un enemigo, es más importante que la necesidad de una interna, porque, en el mundo árabe, las exigencias del grupo son más importantes que las del individuo.
Es curioso que esa pueda ser también la explicación de que Siria, un régimen represor más duro y totalitario que Egipto, vaya a ser tal vez más resistente a la revolución que otros países de la zona. Dejando al margen su crueldad, la política de dignidad árabe de Damasco y el apoyo que ofrece a la resistencia contra Israel, aunque no son más que una fachada, pueden darle cierta inmunidad frente a las revueltas populares. Su negativa a "ceder" a las exigencias de israelíes y estadounidenses hacen que sea mucho menos susceptible a las revoluciones de la dignidad que están barriendo el mundo árabe.





En los Estados árabes, el anhelo de respeto tendrá que compaginarse con el de pan y libertades





A la hora de la verdad, es posible que el pueblo sirio piense que en su país existe una falta suficiente de libertades para justificar una revuelta, pero, aún así, el sentimiento panárabe de falta de respeto debido a la opresión israelí, puede que no desaparezca del todo nunca. De hecho, cuanto más democráticos sean los gobiernos árabes, más exigirán a Israel que acabe con la ocupación.
Si el Gobierno israelí tuviera alguna capacidad de previsión sobre el futuro de la zona, se apresuraría a crear un Estado palestino según unas fronteras justas y duraderas, es decir, no provisionales, no parciales y que no nieguen la historia. De este modo, evitaría decenios de futuros enfrentamientos debidos a esta profunda necesidad de sus vecinos. Aunque nunca se puede asegurar que con eso se arreglasen los problemas, es la mejor solución posible. Mantener el statu quo es garantía de conflicto.
Las verdaderas preguntas son cuáles son los límites de este deseo lógico de dignidad y cómo se concreta. En los Estados árabes, el anhelo de reconocimiento y respeto tendrá que compaginarse con el de pan y libertades. Además del desarrollo de la cultura política y las estructuras necesarias, una tarea que llevará mucho tiempo. Respecto a Israel, la exigencia de honor está relacionada con dónde se encuentra el término del país y dónde comienza Palestina, las cuestión de las fronteras, el estatus de Jerusalén y los refugiados palestinos.
Hasta ahora, Israel se ha negado a responder estas preguntas básicas, y así ha permitido que radicales como Nasrallah reivindiquen la necesidad de dignidad de forma ilimitada, tanto en el espacio como en el tiempo. La tarea de países como EE UU será insistir en que esta obligación de restablecer el respeto palestino, y por tanto árabe, tenga una respuesta clara y justa lo antes posible, mediante una decisión sobre los límites del Estado israelí y el palestino y los demás aspectos fundamentales del conflicto.
Con eso se cortará de raíz una causa natural de rebelión árabe y del enfrentamiento con Israel para muchos años. Por más pan, estructuras políticas nuevas y proyectos de desarrollo que haya, esta necesidad esencial y universal de reconocimiento y consideración no va a desaparecer por sí sola. Con el tiempo, las revoluciones actuales empezarán a buscar también, de forma natural, cómo garantizar que los palestinos sean "merecedores de respeto".

POR QUÉ HAY LÍDERES MALOS?
Febrero 2011
Rut Diamint y Laura Tedesco

Cómo hacer frente a gobernantes autoritarios y decadentes.




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En política asistimos cada día al predominio del personalismo, que afecta a muchos de los gobiernos latinoamericanos. Por ello, la cuestión del liderazgo político adquiere una enorme relevancia. ¿Cómo puede definirse a un líder? Aquel que puede interpretar la situación de conjunto, juzgar escenarios complejos y proponer soluciones viables, afirman algunos autores. Debe ser capaz de establecer una agenda, motivar a sus seguidores a lograrla y cumplirla, y generar acciones y símbolos que proporcionan a los ciudadanos un sentimiento de pertenencia, creando los medios y fines para fortalecer la identidad de los grupos y su cohesión, con la intención de movilizarlos hacia un trabajo colectivo.
El politólogo Joseph Nye sostiene que un buen líder es difícil de definir, ya que la palabra bueno tiene dos acepciones distintas: moralmente bueno o eficiente. Un buen líder sería aquel que ayuda de modo eficaz a un grupo a lograr sus metas. En algunos casos, los objetivos pueden ser malos desde el punto de vista moral, pero eficientemente buenos. Así entendemos que el líder es considerado un elemento crucial y positivo del juego político. Pero, ¿por qué hay líderes malos? ¿Por qué los individuos se dejan seducir por gobernantes ineficientes, incompetentes, inmorales o corruptos? La literatura en ciencias sociales no aborda con profundidad esas cuestiones, a pesar de que en América Latina los gobernantes que fortalecen su posición individual, postergando el bienestar colectivo, son frecuentes.
Este tipo de liderazgo no surge de la nada. Un líder ruin germina dónde existen instituciones débiles, partidos políticos deslegitimados, corrupción, dosis de soberbia, falsificación del pasado y desmesurada sed de poder. Esta clase de líder cuenta en general con una oratoria brillante, que combina sentimentalismo con agresividad y firmeza militar con seducción indiscriminada. Con todos estos ingredientes es probable que el resultado sea un conductor interesado en obstaculizar los cambios y alimentar la permanencia de tradiciones como el clientelismo, el caudillismo y el autoritarismo.
Los líderes malos tienen, en general, brillantes capacidades para engañar a propios y ajenos y se crean una cobertura democrática plagada de referéndums, elecciones varias, movilizaciones sociales de apoyo, grupos de colaboradores vestidos del mismo color y esloganes de vida o muerte. Últimamente, el horizonte político se ha visto inundado de reformas constitucionales que reivindican derechos sociales, políticos, económicos, de minorías y de mayorías. Una vez abandonada la lucha armada, las revoluciones vienen de la mano de la Constitución. Así se va obteniendo una mezcla inclasificable, que obstruye los rótulos, pero también la razón práctica.
Autoritariamente democráticos, estos líderes rechazan la modernización de los partidos provocando una pobreza programática que influye en el diseño de políticas públicas. Los partidos se deterioran y devienen en meras maquinarias electorales, y los seguidores dejan de ser individuos críticos, dotados de principios e ideas para convertirse en números del marketing político.
En los últimos años, los líderes parecen estar en ascenso y los partidos en decadencia y, sin embargo, las democracias necesitan de ambos para funcionar adecuadamente. La ascensión de los líderes no amenaza necesariamente el funcionamiento democrático de los gobiernos, en tanto y en cuanto las formaciones políticas sigan actuando como maquinarias de producción de programas que aseguran su coherencia, su coordinación y supervisan su implementación. Para ello se requiere que las instituciones del Estado sean capaces de controlarse entre sí y controlar el ascenso del líder. Pero ésta es una de las debilidades de las democracias latinoamericanas, que junto con el deterioro de los partidos como semilleros de dirigentes y maquinarias ideológicas, provoca una baja calidad de la dirigencia.





Los líderes parecen estar en ascenso y los partidos en decadencia y, sin embargo, las democracias necesitan de ambos





En estos contextos, cuando un líder se arroga el poder omnímodo de regular los medios de comunicación, la financiación extranjera a las ONG y se blinda ante la acción de la oposición o se asigna el poder de gobernar por decretos, descalificar a los oponentes o reinventar el pasado, instala en la sociedad la incertidumbre, el cortoplacismo y el culto al personalismo. Gradualmente, la política se vuelve más informal y lo arbitrario se endiosa. La sociedad civil pierde el zenit y queda atrapada por egoísmos, intereses o miedos. Los sindicatos, las fuerzas armadas, la iglesia, las asociaciones empresarias y los medios de comunicación se van polarizando.
¿Qué puede hacerse frente a líderes autoritarios y decadentes? ¿Quién tiene la capacidad de educarlos? Un académico británico, Anthony Seldon, afirmó, frente a recientes actos de corrupción de los parlamentarios, que los ciudadanos tendrían que ser más activos y hacer más por mejorar y proteger los sistemas democráticos. Ciertamente, deberíamos sentirnos responsables y culpables de alimentarnos de movilizaciones desorganizadas que echan presidentes, pero que son incapaces de controlar a funcionarios corruptos e ineficientes anclados en todos los niveles de gobierno.
Una de las soluciones, o al menos un primer paso, es fomentar una sociedad civil que promueva el cambio a través de la condena legal, social y política. Hacer sentir que no todo vale y que una buena política social no puede obnubilar los comportamientos antidemocráticos. La ciudadanía tiene que estar en alerta permanente en lugar de dormitar y despertar cuando la crisis ya está garantizada. Vedar a los líderes corruptos y autoritarios no debería ser tan difícil, pero exige una participación democrática más activa, constante y responsable de la sociedad. No una reacción espontánea y desorganizada, sino una revisión analítica de sus logros reales y de sus mentiras, reproducidas por medios cooptados y por manifestaciones masivas manipuladas.

TWITTER: TERROR DE LOS AUTÓCRATAS
Febrero 2011
Walter Isaacson

De Polonia a China pasando por Egipto, el flujo libre de información es el oxígeno de la democracia.



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La incertidumbre sobre el futuro de Egipto es objeto de debate: ¿Lo que estamos presenciando es Teherán en 1979 o Praga en 1989? ¿Está Egipto en el umbral de una teocracia o una democracia? La verdad es que no hay forma de saberlo. En cualquier caso, la marea de mensajes SMS, correos electrónicos, comentarios de Facebook, tweets y vídeos de YouTube que sigue saliendo de Egipto me recuerda al samizdat, la literatura popular e ilegal que circulaba de forma clandestina por la antigua Unión Soviética durante la guerra fría.
La tecnología digital está teniendo una influencia en nuestra política sin igual desde que Gutenberg contribuyera, con su prensa de imprimir, al inicio de la Reforma protestante en Europa. Estamos ante una revolución que lleva 20 años fraguándose. En 1989, yo estaba en Europa del Este, informando sobre la desintegración del imperio soviético para Time. Cuando llegué a Bratislava, me pusieron en un hotel en el que se alojaban los extranjeros y que era uno de los pocos lugares con televisión por satélite. Una de las camareras me preguntó si no me importaba prestar mi habitación por las tardes para que la usaran chicos que, al salir del instituto, iban a ver MTV y los demás canales de vídeos musicales. Dije que por supuesto, y decidí volver pronto para conocer a los estudiantes. Sin embargo, cuando llegué, no estaban viendo MTV. Estaban viendo los informativos internacionales que mostraban los disturbios en los astilleros de Gdansk, en Polonia.
Vi algo semejante 10 años después en Kashgar, una ciudad oasis en el oeste de China. Al fondo de un pequeño café en una calle sin asfaltar, había tres jóvenes sentados ante un ordenador. Les pregunté qué hacían. Estaban en internet, dijeron. Teclee varias páginas de noticias. Estaban bloqueadas. Uno de los chicos me apartó con el codo y escribió algo que no pude ver. Las páginas de noticias aparecieron. Le pregunté cómo lo había hecho. Oh, respondió, sabemos cómo pasar a través de servidores proxy de los que los censores no tienen ni idea.
Internet no es más que la herramienta más reciente a disposición de aquellas personas a las que los autócratas han arrebatado sus derechos y que buscan lo que los habitantes de las sociedades libres toman por descontado: el acceso a la verdad. Los tunecinos emplearon las redes sociales para organizar sus protestas y mostrar pruebas de los abusos de poder del régimen de Ben Alí. En Egipto, los mensajes, fotos y vídeos de las calles de El Cairo recorren el mundo de forma instantánea gracias a la tecnología móvil. Los intentos del régimen de cortar la conexión a los servidores de internet, que no tuvieron más que un éxito parcial, recuerdan a la época en la que la Unión Soviética provocaba interferencias en la señal de la Voz de América y Radio Europa Libre durante la guerra fría. El intento de impedir la libre circulación de informaciones veraces y fiables -el "oxígeno de la democracia"- es un síntoma inequívoco de miedo.
Las emisiones en inglés de Al Yazira, el canal de 24 horas de noticias que emite desde Qatar, están recibiendo alabanzas de los especialistas en medios de comunicación por su amplia cobertura de los acontecimientos sobre el terreno. Alhurra TV, el canal internacional financiado por Estados Unidos, también ha alcanzado su madurez con esta crisis. Las visitas diarias a Alhurra.com se incrementaron un 540% entre el 23 y el 30 de enero. En los últimos días, los líderes de los partidos egipcios de oposición -Wafd, Ghad y el Movimiento para el Cambio (Kefaya)- han recurrido a la cadena para transmitir sus mensajes a los espectadores.
Estados Unidos financia Alhurra y otros canales internacionales con el fin de apoyar los mismos objetivos de democracia y respeto a la sociedad civil que constituyen el centro de las demandas de los manifestantes en todo Oriente Medio. Es lo que EE UU ha hecho durante los últimos 70 años y lo que necesita seguir haciendo. Hace dos años, un hombre preparado para ser terrorista suicida llamó a la popular emisora afgana de Radio Europa Libre y desertó de los talibanes en directo, en plena emisión. Dijo que el mérito de que hubiera cambiado de opinión era de la cadena de radio, por su respeto a la diversidad de opiniones.
Nuestros medios de comunicación han cambiado. En los 50, lanzábamos globos meteorológicos con panfletos que contenían noticias del mundo exterior al otro lado del Telón de Acero, sobre Polonia, Hungría y Checoslovaquia. Hoy, ayudamos a que la información circule libremente usando complejas herramientas anticensura como transmisiones por satélite, códigos encriptados y servidores proxy para eludir los cortafuegos de internet.
Independientemente del medio y de la época, la idea es la misma. Los medios de comunicación libres funcionan. La información veraz permite a los ciudadanos construir un mundo más democrático y lleno de esperanza.