NUEVO ORDEN EN EL MUNDO ÁRABE
Febrero 2011
Robert Kaplan
No hay que confundir las revueltas de Túnez y Egipto con la de 1978 en Irán. Pero eso no significa que la diplomacia estadounidense en el mundo árabe no vaya a ser complicada de ahora en adelante.
El aspecto más significativo de las manifestaciones contra los regímenes gobernantes que han sacudido el mundo árabe es lo que no son: no consisten en un clamor por la difícil existencia de los palestinos bajo la ocupación israelí; ni tampoco son, al menos abiertamente, anti-occidentales, ni siquiera antiamericanas. Los ciudadanos están indignados por el desempleo, la tiranía y la falta general de dignidad y justicia en sus propias sociedades. Y ése es un cambio trascendental en la historia moderna de Oriente Medio.
Por supuesto, así comenzaron las manifestaciones contra el Sha de Irán en 1978 y 1979, antes de que los islamistas se adueñaran de la revolución. Pero en ninguno de estos países árabes existe un líder radical carismático capaz de convertirse en centro de la oposición, como era el ayatolá Jomeini; y las diversas organizaciones islámicas actuales del mundo árabe no se apoyan tanto en un antiamericanismo teórico e ideológico como lo hacía el clero chií. En Egipto, hasta cierto punto, los Hermanos Musulmanes ejercen de organización de autoayuda comunitaria, y tal vez no se sientan obligados a apoderarse de la revolución como ocurrió en Irán. Y al presidente egipcio, Hosni Mubarak, no se le identifica tanto con los intereses de Estados Unidos como ocurría con el Sha. Las diferencias entre el Egipto de 2011 y el Irán de 1978 son más profundas que las semejanzas.
Además, sea cual sea el resultado de estas revueltas, parece evidente que los árabes y sus nuevos dirigentes van a tener que centrar su atención quizá durante bastante años en los defectos de sus propias sociedades, más que en las injusticias cometidas por Israel y Occidente en el extranjero. En Túnez, las manifestaciones comenzaron, en parte, por los cables de WikiLeaks que mostraban la ambigüedad de Washington respecto al régimen y las escasas probabilidades de que lo apoyara en caso de crisis. En resumen, es posible que la política en el mundo árabe se normalice, en lugar de radicalizarse. Recordemos que uno de los objetivos fundamentales de Al Qaeda era derrocar regímenes como el de Mubarak, porque decía que oprimían a su pueblo y eran siervos de los intereses estadounidenses e israelíes. Si Mubarak se va, la red de Bin Laden perderá un argumento para reclutar militantes.
Barack Obama debe defender los principios de la sociedad civil, la no violencia y los derechos humanos
Ahora bien, no hay que menospreciar los peligros que puede representar para los intereses estadounidenses lo que suceda a partir de ahora en el mundo árabe. Si se extendieran realmente las protestas a Jordania y Arabia Saudí, EE UU podría encontrarse al borde de una catástrofe. Es difícil imaginar un régimen más progresista y proestadounidense que el que existe hoy en Jordania. En cuanto a la familia real saudí, seguramente constituye la peor forma posible de gobierno para ese país, con excepción de cualquier otra que pudiera sustituirla. Imagine que todas las armas que Estados Unidos ha vendido a los saudíes desde hace decenios cayeran en manos de radicales wahhabíes. Imagine que Yemen volviera a dividirse en norte y sur, o que el control central de la capital, Saná, sobre el resto del país fuera aún más débil. Washington se encontraría prácticamente solo ante el peligro de Al Qaeda en la zona.
Por ahora, todas estas revueltas parecen más o menos iguales, como ocurrió en Europa del Este en 1989. Pero, igual que en los países del Este, cada uno acabará siendo un poco distinto, y la evolución política será un reflejo de la situación demográfica, educativa e institucional concreta de cada Estado. Polonia y Hungría recorrieron unas vías relativamente fáciles hacia el capitalismo y la democracia; Rumanía y Bulgaria vivieron sumidas en una pobreza abyecta durante años; Albania sufrió brotes esporádicos de anarquía; y Yugoslavia cayó en una guerra civil que mató a cientos de miles de personas. En ciertos aspectos, el mundo árabe es más variado que Europa del Este, por lo que es preciso que Estados Unidos tenga en cuenta las características específicas de la situación política e histórica de cada país a la hora de calibrar su política.
El Gobierno del presidente Barack Obama debe defender los principios de la sociedad civil, la no violencia y los derechos humanos en todas partes; y siempre que parezca que un autócrata está a punto de caer, como ha sucedido en Túnez y como podría ocurrir en Egipto, Washington puede desempeñar un papel constructivo y facilitar su marcha, además de tender la mano a las nuevas fuerzas políticas. La diplomacia estadounidense en el mundo árabe va a complicarse aún más. Ya no consistirá en tener un número de teléfono crucial en cada país. A partir de ahora, la superpotencia tendrá que tratar con docenas de personalidades políticas para conseguir las mismas cosas que antes lograba con un sólo líder. Democracia equivale a complejidad.
ROMAS DE JAZMÍN Y LIBERTAD EN EL MAGREB
Enero 2011
Antonio Navarro
Los ecos templados de la revolución democrática en la región.
MARTIN BUREAU/AFP/Gettyimages
G. Seguir, de cincuenta y cuatro años, invidente y minusválido, llega acompañado de sus hijos, a una de las dependencias del Ayuntamiento de M’sila, en pleno Atlas argelino. Se ha envuelto en la bandera nacional. El señor se queja amargamente de que, a pesar de haber saldado sus deudas con Sonelgaz, la sociedad nacional dedicada al suministro de agua y electricidad, ha pasado una jornada más de lo previsto sin estas dos necesidades básicas por culpa de la lentitud administrativa. En plena protesta pública, G. Seguir se rocía gasolina y amenaza con quemarse a lo bonzo junto a sus dos hijos: una niña de 8 años y un chico de 11. Gracias a la intervención de varias personas, los niños, víctimas de un ataque de nervios, son retirados de la escena, aunque no logran evitar que G. Seguir se prenda fuego. Hoy este padre de familia argelino permanece en estado crítico en un hospital.
Como G. Seguir, en Argelia ocho personas han intentado, en algo más de una semana, quitarse la vida en actos semejantes de desesperación. Todos ellos, como el caso de una cincuentenaria que se quemó en la Asamblea local de una ciudad del oeste argelino, o el intento de suicidio colectivo de una veintena de personas que viajaban en una patera rumbo a las costas españolas, que era interceptada por los guardacostas de la ciudad de Annaba (Argelia). Desde que el 17 de diciembre, el ahora célebre y mártir vendedor de verduras e informático en paro Mohamed Bouazizi, encendiera con su inmolación en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid la mecha de la revolución social que acabó con 23 años de régimen autoritario en el país, la trágica moda se extiende por varios países de la región. Marruecos, Argelia, Mauritania y Egipto. Algo ha cambiado después de la exitosa revolución popular que ha abierto el camino a la democracia en Túnez.
Todos son conscientes: militares, periodistas, profesores, políticos y, sobre todo, los ciudadanos para los que Internet sigue siendo algo procedente de otra galaxia. Una viñeta del diario argelino El Watan, abanderado de la libertad de prensa en el país, mostraba la sombra de una estatua del depuesto Zine el Abidine Ben Alí a punto de caer hacia poniente y proyectándose sobre Argelia y Marruecos. La pregunta que desde hace días está en boca de todos es la misma: ¿el escenario tunecino es equivalente al del resto de países del Magreb? ¿Puede la carestía de los productos de primera necesidad y el deterioro de las condiciones de vida de la población provocar una ola de revoluciones democráticas, laicas y populares?
Argelia comenzó a golpear pronto, con la misma contundencia que su vecino. El brote de protestas por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo de un pueblo extraordinariamente joven -más del 70%, según el Fondo Monetario Internacional, tiene menos de 30 años- recorría Argel, pero también la contestataria región de la Cabilia y Tizi Uzu, además de Orán o Béjaia. Por el momento, la contundencia de las fuerzas del orden dirigidas por el general Buteflika ha logrado, por el momento, una tensa calma en el gigante magrebí. Además, la ventaja de tener unas finanzas públicas boyantes -gracias a los ingresos procedentes de las exportaciones de gas y petróleo- permitió al Gobierno aprobar un paquete de medidas económicas destinadas a aliviar la situación de los maltrechos bolsillos de los argelinos. Entre ellas la supresión de los aranceles y el IVA hasta el próximo mes de junio del azúcar no refinado y los aceites alimentarios con vistas a abaratar los precios. El resultado casi inmediato fue el cese de los disturbios, que dejaron atrás tres muertos, más de 800 heridos y centenares de detenidos. La última demostración de fuerza del régimen se produjo el pasado fin de semana cuando una manifestación contra la dictadura convocada por el partido la Reunión por la Cultura y la Democracia (RCD) fue disuelta violentamente.
Si la calle es duramente reprimida, la libertad se cuela por las rendijas de la activa prensa argelina, que se atreve a hablar estos días de estado de sitio nacional y de la necesidad de un cambio democrático. La poca oposición política real se afana por hacerse un hueco entre las protestas populares. El Watan capitanea la publicación de cables de Wikileaks críticos con el régimen militar del Frente de Liberación Nacional (FLN), como el que habla del fraude electoral de Buteflika en 2009. Un hecho que en el vecino marroquí la retirada de ejemplares de periódicos como El País, Le Monde o Al Quds Al Arabi, publicaciones que osaron llevar a sus páginas filtraciones del célebre portal relativas al poder autocrático de Mohamed VI.
El antecedente saharaui: Aunque con el telón de fondo del conflicto del estatus político del Sáhara Occidental, lo cierto es que las protestas por las penosas condiciones de vida que sufre la población saharaui que tuvieron lugar en el campamento de Gdeim Izyk el pasado octubre, pueden considerarse el precedente de esta ola de revueltas que recorre el Magreb. La presencia del evanescente Frente Polisario y los variopintos colectivos internacionales de apoyo al pueblo saharaui tornaron pronto el objeto de la protesta en una reivindicación soberanista que sus organizadores siempre desmintieron. Luego llegó la intervención del Ejército marroquí y el control absoluto de la ciudad El Aaiún, epicentro de las revueltas posteriores. Argelia y la prensa española se convirtieron en el enemigo de Marruecos, que acabó controlando la situación. La pasada semana, en Smara, no lejos de El Aaiún, un hombre se unió a la ola regional de intentos de suicidio intentándose inmolar a las puertas de la prefectura de la ciudad.
Marruecos, la autoridad del monarca: Son las tres de la tarde. Un grupo de unos doscientos jóvenes veinteañeros, portando pancartas y vistiendo unos llamativos petos color butano, protesta a las puertas del Parlamento de Rabat. La escena se produjo la pasada semana, pero es una fotografía fija en los últimos años. Se quejan de la falta de oportunidades laborales del mercado marroquí para ellos, licenciados universitarios. Aspiran a los insuficientes salarios de la administración pública, si tienen la suerte de acceder a ella, que rondarían aproximadamente los 250 euros mensuales. Blanden retratos del Rey y banderas nacionales. Quieren dejar claro que su protesta no va dirigida contra la figura del jefe del Estado y emir de los creyentes. La crítica tiene como blanco la desacreditada clase política, la corrupción de los dirigentes, un etéreo estado general de las cosas que se afanan por desvincularse de las responsabilidades y las buenas intenciones del monarca alauí.
En ello estriba precisamente una de las diferencias que hacen el caso marroquí distinto del argelino, tunecino, libio o egipcio. En los demás vecinos norteafricanos la figura del mandatario no está investida de un carácter religioso y divino como en el caso de Marruecos y el pueblo es consciente del origen civil de la autoridad del general Buteflika, del coronel Gadafi o del octogenario presidente egipcio Hosni Mubarak.
No obstante, hasta el poniente de Marruecos se han dejado sentir aires del vendaval de Túnez. Aunque silenciados por la censura oficial –el retroceso en la libertad de prensa en los últimos meses en el país es evidente: el cierre del semanario Nichane, la delegación de Al Jazeera y los problemas sufridos por la prensa española lo atestiguan–, varias localidades marroquíes han registrado en los últimos días pequeñas concentraciones de protestas por la carestía de precios. La elevada tasa de analfabetismo –según ciertas fuentes superior al 50% de la población– explica, en suma, la debilidad y la falta de organización de la protesta, en una diferencia fundamental respecto a los vecinos tunecino, sobre todo, y argelino en menor medida.
¿El escenario tunecino es equivalente al del resto de países del Magreb?
¿Qué país tiene más posibilidades de repetir una revolución como la vivida en Túnez? No pocos analistas señalan que la situación social en Egipto reproduce muchos de los síntomas propicios para una revuelta general. Una presión demográfica dramática –más de 80 millones de personas–, previsiones de inflación galopante, las heridas de la comunidad copta aún supurando y un régimen asfixiante, que trata de sobrevivir al ocaso del dictador permitiendo un aumento gradual de las libertades, empujan a la población egipcia a la movilización. Para marcar el carácter simbólico del preludio, el pasado 18 de enero un hombre se quemaba a lo bonzo a las puertas de la Asamblea Nacional en El Cairo. No ha sido el único caso en Egipto.
¿Miedo al ascenso de los islamistas?: Mohamed VI es consciente de que una de las pocas amenazas a la estabilidad del régimen –hoy muy debilitada— la constituye el islamismo político. Para combatir al partido que hoy agrupa a esta tendencia, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), formación de implantación urbana y segunda en las elecciones generales de 2007, el monarca ha favorecido el ascenso de un amigo personal, Fouad Ali el Himma, antiguo segundo de a bordo en el Ministerio del Interior, a través del liderazgo del nuevo Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM). Pocos conocen la ideología de la formación que, en tan solo un año de vida, ya logró imponerse en los comicios locales de 2009. El grupo se apresuraba estos días a manifestar su solidaridad con el pueblo tunecino y a celebrar “su compromiso con la democracia, el Estado de derecho y la modernidad”. Al mismo tiempo, el Gobierno marroquí prohibía cualquier tipo de manifestación de apoyo a Túnez. Lo cierto es que en este país la revolución ha tenido un carácter netamente laico y el islamismo político no juega aún un papel relevante en el camino hacia la democracia. En Argel el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) y, sobre todo, el RCD, dos fuerzas fundamentalmente laicas que hablan del fin de un régimen corrupto, tratan de liderar el malestar general y traducirlo en apoyos políticos.
La revolución a través de Internet: Sin las redes sociales y la blogosfera la revolución tunecina no habría tenido lugar. Resta por saber si será igual de determinante en las próximas revueltas que previsiblemente tendrán lugar por la región. La alta penetración de Internet en Túnez es correlativa a los notables registros educativos del país, que contrastan con los de sus vecinos marroquíes, argelinos o egipcios. En Facebook la juventud contestataria encontró el instrumento organizativo idóneo para zafarse del férreo control gubernamental, obviando las fuerzas políticas tradicionales de la oposición, que hoy pelean por atraerse al votante ante las próximas elecciones generales. Ante la fragilidad del panorama político tradicional, los medios sociales y, por extensión, la globalización de las comunicaciones constituyen las grandes esperanzas para la población de los países del Magreb. La libertad se cuela por los teléfonos móviles y los portátiles de los egipcios y los libios, de los jóvenes de Casablanca a Argel pasando por Nouakchott. Sin embargo, esta tierra norteafricana es ancha, áspera y remota y serán necesarios fuertes vendavales de cambio para lograr el fin progresivo de la tiranía, el abandono y la pobreza en que está sumido.
ÓVENES MUSULMANES, ¿DECEPCIONADOS?
Andrew Albertson
Desde el discurso de Barack Obama hace seis meses, el mundo musulmán ha comenzado a perder la fe en Estados Unidos. Pero no es demasiado tarde… aún.
Seis meses después del muy aplaudido discurso del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en El Cairo, los jóvenes de Oriente Medio están comenzando a perder la paciencia con su Administración. Son malas noticias para la esperanza de que Estados Unidos pudiera marcar un nuevo comienzo con las comunidades musulmanas. De Marrakech a Teherán, dos de cada tres personas en la región son menores de 30 años. En gran medida el futuro de las relaciones de EE UU con el mundo musulmán descansa en sus manos.
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El mes pasado viajé a Líbano, Jordania y Egipto para hablar con algunos de los principales líderes cívicos jóvenes de la zona sobre las políticas estadounidenses y sus recomendaciones para la Administración Obama. Acudí plenamente consciente de la importancia de sus opiniones; dondequiera que las esperanzas de los jóvenes se vean sobrepasadas por la frustración -ya sea la incapacidad de conseguir trabajo o el sentimiento visceral de que el suyo es un mundo de represión e injusticia- Estados Unidos y sus aliados estarán menos seguros. Y esto es lo que escuché: aunque la elección del presidente Obama y su discurso en El Cairo fueron muy bien acogidos, la manifiesta falta de continuidad de la Administración ha conducido a una creciente decepción.
Por todo Oriente Medio, Obama suscitó una respuesta sorprendentemente positiva en las encuestas de opinión durante los comienzos de su Administración, y los jóvenes de la región fueron muy receptivos. Veían en su identidad, al igual que en sus palabras, la esperanza de un cambio.
A estas alturas, no obstante, la decepción está comenzando a arraigar. La incapacidad del actual presidente estadounidense para frenar los asentamientos israelíes en los meses que han pasado desde el discurso es una de las quejas principales. Pero hay más. En ese mensaje, intencionadamente dirigido a la gente de la región y no sólo a sus gobiernos, Obama también planteó cuatro cuestiones clave de “dignidad humana”: democracia, libertad religiosa, derechos de la mujer y desarrollo. Desde entonces la Administración no ha hecho prácticamente nada para respaldar esas palabras con acciones, algo que no ha pasado desapercibido.
Para ser justos, Estados Unidos se enfrenta a una tarea complicada. Diversos líderes autoritarios de Marruecos a Túnez o Jordania, todos ellos empeñado en mantenerse indefinidamente en el poder, han trabajado diligentemente en los últimos años para liquidar concentraciones, organizaciones cívicas y cualquier otro indicio de espacio político. La situación empeoró después de que, a mediados de 2006, Washington rebajara su apoyo diplomático a la democratización en la región tras la victoria de Hamás, por un escaso margen, en las elecciones en los Territorios palestinos. Tres años más tarde Washington se ve con menos socios de la sociedad civil de los que podría haber tenido en otro caso.
Desgraciadamente, en vez de hacer frente a estos gobernantes para intentar revertir la situación, Obama parece estar cediendo a la presión. Líderes autoritarios como Hosni Mubarak en Egipto y Mahmud Ahmadineyad en Irán han apostado por que, dada la importancia de los objetivos diplomáticos de EE UU en la región, podrían presionar a la Casa Blanca para que redujera su apoyo a los grupos de la sociedad civil en sus respectivos países.
Y la Administración Obama ha cedido. En su propuesta presupuestaria para el año fiscal 2010, aprobada por el Congreso el 13 de diciembre, pedía recortes significativos en ayudas a la democracia y la gobernanza para grupos cívicos que trabajan a favor del cambio en ambos países. Y en Egipto, el Gobierno estadounidense parece haber acordado ahora que los programas de ayuda sólo financiarán a grupos que el Ejecutivo egipcio haya aprobado oficialmente. Estas medidas muestran un acusado contraste con el discurso de El Cairo, que asociaba la preocupación por la dignidad humana con el rechazo a la idea de que la democracia pueda ser promovida por la fuerza. Desgraciadamente, en todo menos en palabras, la Administración está resultando tristemente decepcionante.
Existe aquí un problema que los jóvenes de la región señalan rápidamente: los objetivos fáciles no son necesariamente los importantes.
Tomemos el discurso complementario al anterior que la secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, pronunció el mes pasado en una cumbre regional en Marruecos. Clinton explicó a su audiencia que aunque el discurso pretendía lanzar un nuevo comienzo general entre Estados Unidos y las comunidades musulmanas, la Administración había decidido, tras posteriores reflexiones, que se centraría únicamente en tres áreas de desarrollo: iniciativa empresarial, ciencia y tecnología, y educación. La democracia, la libertad religiosa y los derechos de las mujeres no aparecían como parte de los planes.
Si lo tomamos desde un punto de vista benévolo, podríamos elogiar a la Administración por encontrar proyectos listos para arrancar. Al centrarse en iniciativa empresarial, ciencia y tecnología, y educación, Washington ha hallado iniciativas que tenían ya el apoyo de los gobiernos árabes. Pero existe aquí un problema que los jóvenes de la región señalan rápidamente: los objetivos fáciles no son necesariamente los importantes. Aunque Clinton destaca correctamente el empleo como un tema clave en Oriente Medio -especialmente los trabajos para jóvenes parados- EE UU no hace ningún favor a la región ofreciendo una cumbre sobre la iniciativa empresarial, una de sus nuevas iniciativas, mientras esquiva los problemas de raíz que obstaculizan los negocios, como la decadencia política y la corrupción. La Administración Obama tendrá que hacer mucho más si espera demostrar un compromiso sincero con el fomento de un desarrollo generalizado, la clase de desarrollo que de verdad afecta a la vida de la gente.
Mis conversaciones con jóvenes activistas de la región continúan dándome esperanzas de que el Gobierno de Obama tiene una oportunidad única para cambiar las percepciones de Estados Unidos entre la juventud de Oriente Medio. Pero hacerlo exigirá nuevas iniciativas efectivas respecto a los objetivos que el presidente planteó en su discurso de El Cairo, incluyendo la democracia, la libertad religiosa, los derechos de las mujeres y el desarrollo. Y será necesario un esfuerzo constante por escuchar y responder a las gentes de la región, no sólo a sus gobiernos.
EL MITO DE UN TÚNEZ MODERADO
Abril-Mayo 2010
Rasha Moumneh
Bajo los adornos modernos del régimen del presidente Ben Alí se encuentra otra dictadura represiva.
Cuando el ministro tunecino de Exteriores, Kamel Morjane, llegó recientemente a Washington, lo hizo sin duda como representante de un Estado árabe moderado, amigo de Occidente. Sin embargo, como delegado de Human Rights Watch, he podido presenciar otra cara de este régimen supuestamente moderno.
Mi organización hizo público el mes pasado un informe que detallaba el trato que da el Gobierno tunecino a los presos políticos, y varios de nosotros pensamos dar una rueda de prensa en Túnez para anunciarlo, con la esperanza de suscitar un diálogo que derivara en un cambio. Fue una estrategia que ya intentamos en 2004, cuando presentamos un informe sobre la situación de los detenidos por razones políticas, y en 2005, cuando publicamos un estudio sobre la libertad de Internet en la región. Ambos casos se desarrollaron sin incidentes. En esta ocasión, por el contrario, nos cerraron el camino a cada paso: todos los hoteles a los que llamamos nos dijeron que no tenían sitio para nosotros, y la habitación que por fin conseguimos sufrió una inundación misteriosa mientras estábamos cenando. El Gobierno prohibió a los periodistas que asistieran a nuestra rueda de prensa y se lo impidió físicamente a quienes intentaron entrar. Unos agentes de la seguridad del Estado nos siguieron a todas partes.
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Con el presidente tunecino, Zine el Abidine Ben Alí, que ocupa el cargo desde 1987 y fue reelegido en 2009 para un quinto mandato, se trata incluso al menor disidente como una amenaza grave. Los periodistas independientes, las organizaciones de derechos humanos y los sindicalistas -cualquiera que levante la voz sobre las acciones del Gobierno- ven cómo les vigilan y les castigan.
Túnez suele ocultar sus medidas represivas bajo un barniz de legalidad, con la esperanza de convencer a Occidente de que es relativamente liberal. Por ejemplo, el Ejecutivo asegura que no existen presos políticos en el país. Puede ser verdad, claro, según la interpretación estricta que hace el Estado de lo que constituye un delito político. De acuerdo con esa línea de razonamiento, durante los mandatos de Ben Alí se ha procesado a pocas o ninguna persona en virtud de las leyes que penalizan la actividad política y la opinión. El Gobierno prefiere procesar a sus opositores por falsos delitos comunes.
Taoufik Ben Brik, un periodista disidente que es uno de los blancos preferidos del régimen, es un buen ejemplo. En octubre de 2009, fue acusado de “violar la decencia pública”, “difamación”, “agresión” y “daños a la propiedad de otra persona”, supuestamente por atacar a una mujer. Él dice que la víctima era una agente de la seguridad del Estado y que fue ella la que le atacó a él cuando se dirigía a recoger a su hija del colegio. El Gobierno se inventó una situación que no sólo colocó a Ben Brik en la cárcel, sino que puso en tela de juicio su catadura moral.
Pude ver en persona esa misma atmósfera de intimidación en marzo, cuando fui a Túnez para examinar los trabajos de organización sindical en varias zonas del país. Durante mi visita, descubrí que los sindicalistas independientes estaban sufriendo la misma suerte que los periodistas y los activistas locales de derechos humanos. Como en el caso de la represión de los disidentes políticos, las actividades del Estado contra los sindicatos no suelen ser explícitas: según la ley de asociación de Túnez, que es muy liberal, quienes desean crear un sindicato o una ONG sólo tienen que informar al Gobierno de sus intenciones. Si el ministerio del Interior no presenta objeciones en el plazo de 90 días, la nueva organización se considera legal. ¿Cómo es posible que, a pesar de contar con un vigoroso movimiento a favor de las libertades, no haya más que dos organizaciones de derechos humanos y dos sindicatos reconocidos legalmente en todo el país?
Aquí es donde llegan las trampas y las manipulaciones. Para detener la legalización de un nuevo sindicato, el Gobierno no tiene más que afirmar que nunca recibió su solicitud. Por ese motivo, nunca da un recibo que puedan utilizar de prueba. Este truco les permite afirmar que todas las actividades del nuevo sindicato son ilegales.
Según muchos sindicalistas, el Ejecutivo se ha esforzado desde hace años para conservar la lealtad de los escalones superiores de la organización paraguas de ámbito nacional, la Unión General de Trabajadores de Túnez (UGTT). Como el Gobierno impide que los sindicatos independientes adquieran carácter legal, en la práctica el régimen tiene el monopolio de la actividad sindical.
A cambio, la UGTT controla firmemente a sus miembros más independientes. En 2008, los profesores organizados en la UGTT encabezaron un masivo levantamiento contra la corrupción, con miles de manifestantes durante un periodo de seis meses. Los líderes del movimiento fueron expulsados. Sólo los readmitió después de grandes presiones locales e internacionales.
La fachada cuidadosamente diseñada de un Túnez “moderno, democrático y moderado” está resquebrajándose
El régimen también se ha mostrado más que dispuesto a ensuciarse las manos cuando ve su poder amenazado. El Sindicato Nacional de Periodistas Tunecinos (SNPT), el único independiente legalmente autorizado fuera de la UGTT desde su creación en 2007, despertó las iras de Ben Alí en 2009 cuando sus dirigentes anunciaron que iban a permanecer neutrales en las elecciones presidenciales y parlamentarias de ese año. Las autoridades se vengaron con un elaborado plan para derrocar al presidente del sindicato y a su junta y sustituirlos por periodistas progubernamentales.
El Ejecutivo recurrió a una avalancha de sobornos, amenazas y chantajes para convencer a los periodistas del sindicato de firmar una carta que pedía la renuncia de la junta. Se amenazó a los propietarios de medios impresos con la retirada de los anuncios oficiales si sus empleados no obedecían. Éstos representan un 600% más de ingresos para los periódicos que la publicidad privada, y son una buena manera de mantener controlados a los responsables de la información.
Muchos periodistas que se negaron a apoyar el golpe acabaron despedidos. El SNPT celebró elecciones para escoger a su nueva dirección, unos comicios manchados por la corrupción; la mitad de los votantes no eran miembros del sindicato ni incluso periodistas. El Gobierno dice que no tuvo nada que ver con la política interna de la organización y que fue pura coincidencia que la nueva junta estuviera formada casi totalmente por periodistas leales a Ben Alí.
A pesar de los esfuerzos del Presidente para ocultar los métodos deshonestos que emplea su Gobierno para acallar y aplastar la disidencia, la fachada cuidadosamente diseñada de un Túnez “moderno, democrático y moderado” está resquebrajándose. En gran parte, gracias a los activistas de derechos humanos del país, sistemáticamente reprimidos y perseguidos pero incansables.
La Administración Obama tendría que presionar sobre estos problemas y muchos otros, y dejar claro que el desprecio de Túnez hacia las libertades de sus ciudadanos debe cambiar. El mundo occidental debe eso y más a los acosados defensores de los derechos humanos en este país, que necesitan toda la ayuda posible.
LECCIONES DESDE TÚNEZ
Enero 2011
Oladiran Bello
Mientras el polvo se deposita sobre el terremoto de Túnez, los defensores y los detractores de la libertad dentro y fuera del mundo árabe están extrayendo lecciones de los acontecimientos. La UE debe valorar las enseñanzas que se obtengan desde todos los flancos, prestando atención a las respuestas políticas a la crisis, y realizar acciones que apoyen la democracia.
FETHI BELAID/AFP/Gettyimages
Medios de comunicación libres 1 – dictadura 0. Las dudas sobre los nuevos medios se han intensificado recientemente, y muchos preguntan si éstos hacen posible que los dictadores controlen el discurso y aplasten la disidencia. Aunque es demasiado pronto para sacar conclusiones radicales de lo ocurrido en el país, parece que los regímenes despóticos deseosos de controlar Twitter, Youtube y canales similares se arriesgan torpemente socavando acuerdos sociales tácitos que sostienen dictaduras como la del presidente Zine el Abidine Ben Alí.
Si se impide el libre flujo de las comunicaciones personales a través de las redes en nombre del control de los mensajes políticos, el peligro de encontrarse con una reacción violenta aumenta de manera desproporcionada. Además de ser elementos básicos de la moderna clase media árabe, los mensajes instantáneos y el streaming (vídeo visualizado online no descargable) son las herramientas preferidas por las diásporas -los refugiados de la inestabilidad y la intolerancia- para estar conectados con los suyos que quedan en casa. Esto funciona desde Túnez a Tashkent, pasando por Irán. Si nos oponemos a que dichos espacios se conviertan en ventajas dependientes de tejemanejes políticos, es fácil ver por qué sociedades acostumbradas desde hace mucho a la opresión de los autócratas pueden lanzarse a la revuelta abierta.
Los líderes europeos saben que, en última instancia, los tiranos no pueden triunfar sobre la oposición en el ciberespacio, pueden bloquear el acceso, pero deben prepararse para las consecuencias en la calle. Convicciones como ésta han de tenerse más en cuenta en las acciones de los países de Europa, más allá de Teherán.
Aplicar la mano de hierro puede conducir a la inestabilidad. Entre las élites que gobiernan en el mundo árabe, muchos están llegando a la conclusión de que concesiones como las del discurso de Ben Alí, el viernes pasado, se perciben más bien como una debilidad, desalentando la distensiónpolítica. La reacción habitual es una repulsiva retórica que prima la restauración del orden, liderado por veteranos del régimen del mandatario huido como el primer ministro Mohamed Ghannouchi.
Los tiranos no pueden triunfar en el ciberespacio
La intervención del vecino Muammar el Gadaffi, de Libia, se ajusta a esta forma de pensar. ¡Lamenta la salida del ex presidente y se niega a reconocer su renuncia! El mensaje del hombre fuerte de Trípoli parece haberse diseñado sobre todo para su público nacional: “protestas similares a las de Túnez, no se tolerarán aquí y punto”. Aunque el gobernante libio se sienta más seguro que los otros autócratas de la zona, la velocidad de los acontecimientos sucedidos en el país más pequeño del Magreb, es un recordatorio brutal para los funcionarios extranjeros (especialmente occidentales) de la fragilidad del orden en Egipto, Arabia Saudí y otros lugares.
La posición del presidente Ben Alí se hizo insostenible desde el momento en el que anunció una serie de insólitas concesiones y admitió haber perdido el contacto con la realidad. "Fui engañado por mis ayudantes", declaró. Su promesa de más libertad en Internet y de miles de millones de dólares para la creación de empleo, era música celestial para los oídos tunecinos, pero la presa se había roto hace mucho tiempo, y su tardía confesión sólo hizo más patente lo insostenible de su situación. Envalentonada, la calle le hostigó, rechazando con rapidez la elección de Ghannouchi como su sucesor.
Las gestiones europeas podrían ser decisivas. Tanto los defensores de la democracia como los tiranos vigilan el horizonte en espera del próximo impasse. El error de cálculo de Francia y su torpe comportamiento durante la crisis le impide promover y liderar una respuesta inmediata de la UE. La ministra de Asuntos Exteriores francesa, Michèle Alliot Marie, y su colega de Agricultura, M. Bruno Le Maire, estaban muy ocupados defendiendo el antiguo régimen del país -incluso considerando ayudar a sus asesinas fuerzas de seguridad -mientras Ben Alí huía. El ruido de Alemania y otros hablando de la necesidad imperiosa de que se convoquen sufragios libres parece estar más en sintonía con la realidad. Más allá de la cacofonía del apoyo europeo a la democracia, sólo una acción clara y concreta en defensa de la libertad de elección impedirá que los intereses ocultos eviten el cambio en Túnez.
LOS OTROS ALIADOS QUE PODRÍAN AVERGONZAR A EE UU
Febrero 2011
Joshua Keating
Mantener buenas relaciones con los autócratas es un lamentable pero a menudo necesario componente del delicado ejercicio de equilibrio que es la política exterior estadounidense. Pero, como Washington aprendió una vez más con los últimos acontecimientos, apoyar a un líder tiránico por el bien de la estabilidad puede presentar sus propios riesgos. He aquí ocho alianzas más que podrían resultar embarazosas.
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ARABIA SAUDÍ
Líder: Rey Abdalá
Historial: El rey ha gobernado Arabia Saudí desde 2005. Como dirigente de un país que carece de elecciones, Parlamento y partidos políticos, Abdalá y su familia ejercen un poder sin restricciones dentro del reino y también —gracias a su control de un quinto de las reservas de petróleo del mundo y dos de los lugares más sagrados del islam— bastante influencia más allá de sus fronteras. Abdalá sorprendió a muchos al acometer algunas reformas menores de las altas esferas delestablishment religioso del país en 2009. Aunque esto pudo deberse más a un deseo de consolidar su poder que a algún tipo de iluminado impulso pluralista. El rey, de 86 años, ha sufrido un deterioro de su salud en los últimos años, lo que ha provocado especulaciones sobre cuál de sus parientes le sucederá.
Arabia Saudí sigue siendo uno de los países más represivos de la Tierra, en especial para sus 9 millones de ciudadanas, a quienes se les impide ejercer muchos trabajos o conducir, y por ley son consideradas de manera legal sometidas a sus maridos. Esta vetado practicar cualquier religión que no sea el islam. La tortura y la detención sin juicio son habituales. Alrededor de 2.000 personas fueron arrestadas sólo en 2009 por acusaciones políticas.
Apoyo de Estados Unidos: Ya sea con besos y apretones de manos o haciendo reverencias, se puede contar con que los presidentes estadounidenses de ambos partidos muestren siempre su afecto por la Casa de Saud, una tradición que se remonta a la Administración de Franklin Roosevelt. Siendo el único país en el mundo con una “capacidad de producción adicional” —suficiente petróleo extra como para poder influir en los precios globales de la energía a voluntad—, la cooperación saudí es crucial para mantener en ebullición a la economía en EE UU.
Desde el 11-S los saudíes también han proporcionado asistencia e información de inteligencia para la guerra contra el terror liderada por Washington y tomado duras medidas contra los extremistas violentos, tanto en el reino como al otro lado de la frontera con Yemen. No obstante, siguen en el aire las preguntas sobre el grado en que los miembros de la familia real saudí todavía proporcionan ayuda económica a Al Qaeda. Estados Unidos depende también de la estabilizadora influencia de Arabia Saudí en Oriente Medio como contrapeso a Irán y de su papel como mediador con la Autoridad Nacional Palestina. En 2010, la relación se consolidó aún más gracias a un acuerdo armamentístico por valor de 60.000 millones de dólares (unos 43.000 euros) que incluía cazas, helicópteros y misiles.
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YEMEN
Líder: Alí Abdullah Saleh
Historial: Saleh primero se hizo con el poder en Yemen del Norte en un golpe militar en 1978 y ha gobernado el país entero desde su unificación en 1991. Los partidos de la oposición son marginados, las elecciones parlamentarias han sido pospuestas indefinidamente y los civiles frecuentemente se ven alcanzados por las ofensivas militares en el anárquico Sur.
Yemen es tanto uno de los países menos estables del mundo —con una insurgencia de rebeldes chiíes actualmente activa en la región sur— como uno de los más represivos: las detenciones arbitrarias y la tortura están generalizadas, y los asesinatos de honor de mujeres a manos de miembros de sus familias con frecuencia queda impunes. Inspirados por los acontecimientos de Túnez y Egipto, los manifestantes han comenzado a lanzarse a las calles de la capital, Saná, para celebrar protestas casi diarias desde mediados de enero, exigiendo la salida de Saleh como presidente.
Apoyo de Estados Unidos: Saleh podría parecer un insólito aliado estadounidense. Además de su estilo autocrático y tolerancia de la corrupción oficial, fue un estrecho aliado de Saddam Hussein y apoyó la invasión de Kuwait por parte de Irak en 1990. Pero el antiterrorismo hace extraños compañeros de cama, los grupos extremistas presentes en el interior de Yemen han sido la fuente de numerosos ataques anti americanos, desde el atentado contra el U.S.S. Cole en 2000 al complot de la bomba del día de Navidad de 2009 o al intento de atentado con una bomba escondida en una impresora en 2010. Además, es el hogar del renombrado terrorista Anwar al Awlaki y de Al Qaeda en la Península Arábiga. Dados los peligros que emanan de Yemen, los responsables de las políticas de EE UU han decidido que los esfuerzos del mandatario yemení por restaurar el orden en el país son la mejor apuesta para prevenir más ataques, y la ayuda miliar destinada a la región se ha, más que, doblado desde el complot de Navidad. Es probable que la ayuda de Washington a Yemen para el Ejército alcance los 250 millones de dólares en 2011, lo que se sumaría a un sustancial aumento en la asistencia al desarrollo.
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JORDANIA
Líder: Rey Abdalá II
Historial: Cuando Abdalá, que había disfrutado de una educación occidental, llegó al trono en 1993, despertó grandes esperanzas de que se produjeran reformas políticas. El Gobierno levantó 20 años de ley marcial en 1989, restaurando el Parlamento. Pero a esto no le siguió una democracia abierta. El sistema electoral del país sigue estando plagado de fallos, con los distritos electorales configurados de manera que favorezcan a los candidatos tribales y a aquellos que son leales al Estado. El mayor partido de la oposición, el Frente de Acción Islámica, vinculado a la Hermandad Musulmana, ha boicoteado las dos últimas elecciones parlamentarias alegando que el fraude y la compra de votos eran generalizados. La Administración jordana ha citado el éxito electoral de Hamás en los cercanos territorios palestinos para justificar el lento ritmo de las reformas políticas en el país.
El cambio en las medidas económicas de Abdalá han dado como resultado un crecimiento constante del PIB pero, como en Egipto, esto no se ha traducido en una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos más pobres. El desempleo puede llegar al 30% en el reino, y la tasa de pobreza es de alrededor del 25%. Miles de personas protestaron contra las políticas económicas del Gobierno con una sentada en el exterior del Parlamento el 16 de enero.
Apoyo de Estados Unidos: La Casa Blanca confía en Jordania para que le preste asistencia en la lucha contra el terrorismo, así como en su a menudo constructivo papel en el proceso de paz palestino-israelí. Bajo la familia real, Jordania ha seguido una de las políticas exteriores más sistemáticamente pro estadounidenses de Oriente Medio. Ésta se ha visto recompensada con más de 6.000 millones de dólares en ayuda al desarrollo desde 1952, es el segundo mayor receptor de ayuda exterior de EE UU per cápita. En 2010, Washington y Ammán firmaron un acuerdo de desarrollo por valor de 360 millones de dólares. El primero también ha proporcionado una significativa ayuda al Ejército jordano, incluyendo una nueva flota de cazas F-16 en 2007.
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ETIOPÍA
Líder: Meles Zenawi
Historial: Las elecciones de 2010, en las que el partido del primer ministro Meles Zenawi logró un sorprendente 99,6 % de los votos, fueron la culminación de lo que la organización Human Rights Watch llamó “la estrategia de cinco años de cierre sistemático del espacio para la disidencia política y la crítica independiente”. Ésta incluía ataques y arrestos de importantes figuras de la oposición, la clausura de periódicos y los ataques a periodistas críticos con el Gobierno, y el reparto de la ayuda alimentaria internacional como incentivo para hacer que los etíopes pobres se unieran al partido gobernante.
Además de los ataques a los medios de comunicación nacionales y las ONG, el Estado también interfirió las emisiones de Voice of America yDeutsche Welle en el periodo previo a las elecciones. La ONG estadounidense Freedom House rebajó la clasificación de Etiopía a No libre por primera vez este año en su estudio anual Libertad en el mundo.
Apoyo de Estados Unidos: Etiopía, que comparte fronteras con Sudán y Somalia, se beneficia de ser, al menos en teoría, un Gobierno pro estadounidense en un vecindario muy peligroso. En 1998, el presidente Bill Clinton describió a Zenawi como el líder de un “Renacimiento africano”. El fuerte apoyo de Washington a Addis Abeba continuó bajo el mandatario George W. Bush, que veía al Estado, fundamentalmente cristiano, de Zenawi como un baluarte contra el extremismo islámico en África Oriental, y proporcionó una lluvia de millones de dólares en ayuda militar. Bush se opuso a leyes que vinculaban la asistencia bélica para Etiopia con los derechos humanos y dio un apoyo tácito a su invasión de Somalia en 2007.
La retórica es algo menos entusiasta bajo la Administración Obama —el Departamento de Estado criticó con dureza las elecciones de 2010, por ejemplo— pero Estados Unidos continuará financiando a Etiopia con hasta 583,5 millones de dólares este año, a pesar de las evidencias de que el Gobierno está usando directamente esta ayuda para sofocar la disidencia.
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UGANDA
Líder: Yoweri Museveni
Historial: A Museveni se le llena la boca hablando de democracia, desarrollo económico y medidas anti corrupción. Para ser justos, sí que instituyó varias reformas prometedoras al comienzo de su presidencia, fomentando el desarrollo de la prensa libre y de elecciones tras décadas de gobiernos autoritarios. Pero ahora el presidente ha comenzado a parecerse a sus predecesores, aboliendo las limitaciones de duración de los mandatos tras casi tres décadas en el poder, lanzando ataques legales contra periodistas independientes, acosando a los partidos de oposición y volando en un jet privado de 50 millones de dólares mientras más de un tercio de su pueblo vive con menos de 1 dólar al día, habiendo criticado con anterioridad a otros líderes africanos por permitirse lujos similares. Las ONG han documentado también numerosos casos de detenciones ilegales y torturas por la Fuerza Conjunta Antiterrorista del país.
Uganda se ganó la condena internacional en 2010 por una propuesta de ley, todavía pendiente de aprobación, que castigaría la homosexualidad con duras condenas, incluyendo la pena de muerte. Museveni apoyó inicialmente la ley pero más tarde se echó para atrás, cuando varios países en Europa amenazaron con retener sus ayudas. El más destacado activista a favor de los derechos de los homosexuales, David Kato, murió tras recibir una paliza el 27 de enero, sólo semanas después de que un popular tabloide publicara su foto junto al pie Colgadles.
Apoyo de Estados Unidos: El estable Gobierno, el desarrollo económico y la efectiva respuesta al VIH/sida de Uganda han convertido al país en una especie de emblema del desarrollo africano, y es uno de los principales receptores de la ayuda estadounidense en el continente. Además, Museveni ha ayudado a sus amigos de Washington contribuyendo con casi 3.000 soldados de mantenimiento de la paz a la misión internacional en Somalia y llevado a cabo una gran ofensiva militar contra el Ejército de Resistencia del Señor, uno de los grupos rebeldes con peor reputación de África.
Obama en un principio pareció reticente a tratar de quedar bien con Museveni, negándose a varios intentos del líder ugandés de asegurarse un encuentro en la Casa Blanca y criticando en público la ley contra los homosexuales. Pero la Administración estadounidense permaneció prácticamente en silencio después de que el mandatario usara el atentado durante el Mundial de Fútbol de 2010 cometido por los militantes somalíes de Shabaab en Kampala, como pretexto para limitar aún más la cobertura de los medios de comunicación y a los partidos de la oposición. En lo que, muy probable, es un intento de equilibrar la preocupación por la democracia con la necesidad para el apoyo continuado de Uganda en Somalia. El secretario de Estado adjunto para Asuntos Africanos de Estados Unidos, Johnny Carson incluso manifestó a los periodistas que el país había celebrado “unas elecciones libres y limpias”, contradiciendo los propios informes del Departamento de Estado, que mencionaban numerosas irregularidades.
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UZBEKISTÁN
Líder: Islam Karímov
Historial: Karímov, el primer y único presidente del país tras su independencia, ha sofocado de forma sistemática cualquier disidencia política, proscribiendo a los grupos de oposición —especialmente islámicos—, oprimiendo a la prensa y encarcelando a miles de personas. Uzbekistán es citado como uno de los peores torturadores del mundo, y en sus abarrotadas cárceles se administran castigos que incluyen palizas, violaciones e incluso la práctica de hervir a los detenidos. Tashkent se enfrentó a la condena internacional en 2005 después de que cientos de manifestantes desarmados que protestaban para apoyar a un grupo de empresarios locales arrestados fueran disparados por las fuerzas de seguridad en la ciudad de Andiján. Karímov ha extendido en repetidas ocasiones su propia permanencia en el poder más allá del límite de dos mandatos impuesto por la Constitución y los observadores internacionales han rechazado las elecciones del país calificándolas de farsa.
Apoyo de Estados Unidos: Uzbekistán clausuró una base aérea estadounidense en el país en 2005, tras las críticas por parte de Estados Unidos a los sucesos de Andiján. Ésta sigue cerrada, pero las relaciones están mejorando. El general David Petraeus realizó una visita de perfil alto en 2009 para hablar de un posible papel de la región en la guerra en Afganistán liderada por Estados Unidos. En abril de ese año, Washington y Tashkent firmaron un acuerdo para permitir que los suministros para la actividad de la OTAN pudieran atravesar las fronteras uzbekas. En noviembre de 2010, el responsable del CENTCOM (Mando Central de Estados Unidos), el general James Mattis, visitó la zona para firmar un pacto de cooperación en materia de seguridad, incluyendo entrenamientos militares.
La Administración estadounidense ha continuado presionando a Uzbekistán para que haga mejoras en la situación de los derechos humanos, pero los terrenos del país, y su proximidad a la guerra en Afganistán, son demasiado valiosos para que a éste se le aísle en su totalidad.
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KAZAJSTÁN
Líder: Nursultán Nazarbáyev
Historial: Nazarbáyev, ex líder del Partido Comunista Kazajo, ha gobernado el país sin desafíos políticos serios desde su independencia en 1991. Las restrictivas leyes electorales hacen casi imposible que los partidos de oposición se presenten a las elecciones, a los periódicos que critican al Gobierno se les acosa sistemáticamente y son clausurados, y se dice que la corrupción —en especial relacionada con el sector de la energía— es generalizada en todo el Estado.
En enero, el sumiso Parlamento kazajo pidió a Nazarbáyev que convocara un referéndum que extendería su mandato hasta 2020, saltándose por completo las elecciones previstas para 2012 y 2017. La policía reprimió con mucha dureza las protestas de la oposición contra esta medida. Tras la condena internacional del plan, el mandatario lo descartó y en su lugar convocó unos repentinos comicios presidenciales que se celebrarían casi dos años antes de lo previsto.
Apoyo de Estados Unidos: Kazajstán y Estados Unidos han cooperado desde 1996 en un proyecto para garantizar la seguridad e irse deshaciendo del material nuclear de la era soviética que hay en el país. Kazajstán también ha proporcionado rutas de paso para la guerra en Afganistán liderada por EE UU. Los estimados 2.400 millones de metros cúbicos de gas natural de la región lo convierten además en un socio regional muy atractivo.
Para ser justos, Kazajstán no es ni de lejos tan represivo como sus vecinos de Asia Central, ha sido más efectivo logrando un desarrollo económico y es —junto a Ucrania— uno de los casos de no proliferación más exitosos desde el fin de la Guerra Fría. Pero los elogios de Estados Unidos hacia el régimen, que nunca ha celebrado unas elecciones disputadas, han sido a veces, de forma ridícula, efusivos. En una reunión en 2006 entre Bush y Nazarbayev, el presidente estadounidense describió Kazajstán como una “nación libre con un compromiso hacia las instituciones, que permitirá florecer a la libertad”.
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VIETNAM
Líder: Nguyen Tan Dung
Historial: El Partido Comunista de Vietnam es el único permitido por la ley y designa al líder del país de entre sus propias filas —Nguyen Tan Dung fue nombrado para un segundo mandato el 26 de enero—. Según Human Rights Watch, el país ha intensificado su represión de los derechos humanos durante el año pasado, encarcelando a defensores de los derechos humanos, blogueros, y activistas anti-corrupción. Los grupos religiosos, tanto cristianos como budistas, se han enfrentado a un acoso constante. La brutalidad policial y las muertes bajo custodia de las fuerzas de seguridad son habituales.
Como China, Vietnam filtra Internet dentro del país, bloqueando las websites molestas y exigiendo a los proveedores del servicio y a los cibercafés que instalen un software de seguimiento para poder rastrear la pista de los usuarios.
Apoyo de Estados Unidos: Treinta y cinco años después del final de la Guerra de Vietnam y quince después de que se restauraran las relaciones diplomáticas, la amistad entre ambos no ha sido nunca tan estrecha. Los dos países firmaron un acuerdo de libre comercio en 2006, un paso que acercaba más a Vietnam a la entrada como miembro en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Con un ojo puesto en la ascendente China, también han reforzado la cooperación en defensa, incluyendo ejercicios de instrucción militar y un potencial acuerdo nuclear civil. En 2010, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo que a pesar de las “profundas diferencias” en materia de derechos humanos, era el momento para que los dos llevaran su relación al “siguiente nivel”.
Esos impulsos pueden resultar más difíciles de conciliar de lo que Clinton hubiera esperado. En enero de 2011, Estados Unidos presentó una protesta al Gobierno vietnamita después de que un diplomático estadounidense fuera arrojado al suelo tras un forcejeo y luego arrestado por la policía mientras intentaba visitar la casa de un destacado disidente de Vietnam.
REVOLUCIÓN DE LA DIGNIDAD
John Bell
Para terminar con años de enfrentamiento entre Israel y Palestina, el Gobierno israelí debería crear un Estado palestino con unas fronteras justas y duraderas. Con la oleada de revoluciones en el mundo árabe, ahora el pueblo palestino también exige reconocimiento y respeto.
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Túnez ha caído, Egipto está a punto, Jordania, Yemen y Argelia sienten los temblores.
Muchos comentaristas han dicho que estas revoluciones se hacen por el pan, la libertad y la justicia, y también mencionan con frecuencia la "dignidad".
Como he utilizado esa palabra a menudo para referirme a las necesidades de Palestina en relación con la ocupación israelí, en una ocasión busqué una definición de este término y encontré: "cualidad de ser merecedor de estima o respeto".
Tener reconocimiento y legitimidad en una comunidad es básica y universal, y despreciarla sale caro. Es evidente que los Estados árabes no han ofrecido a sus ciudadanos esta palabra y ahora están sufriendo las consecuencias.
Además, muchos dirigentes en estos países no han contribuido tampoco a este respeto en otro sentido. Se les ve como cómplices, voluntarios o no, de la ocupación israelí y débiles ante sus acciones. Otro golpe más para la necesidad árabe de dignidad.
Esto explica la gran popularidad de Hassan Nasrallah, líder de Hezbolá, que, mediante sus palabras y su máquina de guerra contra Israel, satisface ese deseo de honor de sus conciudadanos como no lo hace ninguno de sus gobernantes. Este tipo de dignidad hacia afuera, frente a un enemigo, es más importante que la necesidad de una interna, porque, en el mundo árabe, las exigencias del grupo son más importantes que las del individuo.
Es curioso que esa pueda ser también la explicación de que Siria, un régimen represor más duro y totalitario que Egipto, vaya a ser tal vez más resistente a la revolución que otros países de la zona. Dejando al margen su crueldad, la política de dignidad árabe de Damasco y el apoyo que ofrece a la resistencia contra Israel, aunque no son más que una fachada, pueden darle cierta inmunidad frente a las revueltas populares. Su negativa a "ceder" a las exigencias de israelíes y estadounidenses hacen que sea mucho menos susceptible a las revoluciones de la dignidad que están barriendo el mundo árabe.
En los Estados árabes, el anhelo de respeto tendrá que compaginarse con el de pan y libertades
A la hora de la verdad, es posible que el pueblo sirio piense que en su país existe una falta suficiente de libertades para justificar una revuelta, pero, aún así, el sentimiento panárabe de falta de respeto debido a la opresión israelí, puede que no desaparezca del todo nunca. De hecho, cuanto más democráticos sean los gobiernos árabes, más exigirán a Israel que acabe con la ocupación.
Si el Gobierno israelí tuviera alguna capacidad de previsión sobre el futuro de la zona, se apresuraría a crear un Estado palestino según unas fronteras justas y duraderas, es decir, no provisionales, no parciales y que no nieguen la historia. De este modo, evitaría decenios de futuros enfrentamientos debidos a esta profunda necesidad de sus vecinos. Aunque nunca se puede asegurar que con eso se arreglasen los problemas, es la mejor solución posible. Mantener el statu quo es garantía de conflicto.
Las verdaderas preguntas son cuáles son los límites de este deseo lógico de dignidad y cómo se concreta. En los Estados árabes, el anhelo de reconocimiento y respeto tendrá que compaginarse con el de pan y libertades. Además del desarrollo de la cultura política y las estructuras necesarias, una tarea que llevará mucho tiempo. Respecto a Israel, la exigencia de honor está relacionada con dónde se encuentra el término del país y dónde comienza Palestina, las cuestión de las fronteras, el estatus de Jerusalén y los refugiados palestinos.
Hasta ahora, Israel se ha negado a responder estas preguntas básicas, y así ha permitido que radicales como Nasrallah reivindiquen la necesidad de dignidad de forma ilimitada, tanto en el espacio como en el tiempo. La tarea de países como EE UU será insistir en que esta obligación de restablecer el respeto palestino, y por tanto árabe, tenga una respuesta clara y justa lo antes posible, mediante una decisión sobre los límites del Estado israelí y el palestino y los demás aspectos fundamentales del conflicto.
Con eso se cortará de raíz una causa natural de rebelión árabe y del enfrentamiento con Israel para muchos años. Por más pan, estructuras políticas nuevas y proyectos de desarrollo que haya, esta necesidad esencial y universal de reconocimiento y consideración no va a desaparecer por sí sola. Con el tiempo, las revoluciones actuales empezarán a buscar también, de forma natural, cómo garantizar que los palestinos sean "merecedores de respeto".
POR QUÉ HAY LÍDERES MALOS?
Febrero 2011
Rut Diamint y Laura Tedesco
Cómo hacer frente a gobernantes autoritarios y decadentes.
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En política asistimos cada día al predominio del personalismo, que afecta a muchos de los gobiernos latinoamericanos. Por ello, la cuestión del liderazgo político adquiere una enorme relevancia. ¿Cómo puede definirse a un líder? Aquel que puede interpretar la situación de conjunto, juzgar escenarios complejos y proponer soluciones viables, afirman algunos autores. Debe ser capaz de establecer una agenda, motivar a sus seguidores a lograrla y cumplirla, y generar acciones y símbolos que proporcionan a los ciudadanos un sentimiento de pertenencia, creando los medios y fines para fortalecer la identidad de los grupos y su cohesión, con la intención de movilizarlos hacia un trabajo colectivo.
El politólogo Joseph Nye sostiene que un buen líder es difícil de definir, ya que la palabra bueno tiene dos acepciones distintas: moralmente bueno o eficiente. Un buen líder sería aquel que ayuda de modo eficaz a un grupo a lograr sus metas. En algunos casos, los objetivos pueden ser malos desde el punto de vista moral, pero eficientemente buenos. Así entendemos que el líder es considerado un elemento crucial y positivo del juego político. Pero, ¿por qué hay líderes malos? ¿Por qué los individuos se dejan seducir por gobernantes ineficientes, incompetentes, inmorales o corruptos? La literatura en ciencias sociales no aborda con profundidad esas cuestiones, a pesar de que en América Latina los gobernantes que fortalecen su posición individual, postergando el bienestar colectivo, son frecuentes.
Este tipo de liderazgo no surge de la nada. Un líder ruin germina dónde existen instituciones débiles, partidos políticos deslegitimados, corrupción, dosis de soberbia, falsificación del pasado y desmesurada sed de poder. Esta clase de líder cuenta en general con una oratoria brillante, que combina sentimentalismo con agresividad y firmeza militar con seducción indiscriminada. Con todos estos ingredientes es probable que el resultado sea un conductor interesado en obstaculizar los cambios y alimentar la permanencia de tradiciones como el clientelismo, el caudillismo y el autoritarismo.
Los líderes malos tienen, en general, brillantes capacidades para engañar a propios y ajenos y se crean una cobertura democrática plagada de referéndums, elecciones varias, movilizaciones sociales de apoyo, grupos de colaboradores vestidos del mismo color y esloganes de vida o muerte. Últimamente, el horizonte político se ha visto inundado de reformas constitucionales que reivindican derechos sociales, políticos, económicos, de minorías y de mayorías. Una vez abandonada la lucha armada, las revoluciones vienen de la mano de la Constitución. Así se va obteniendo una mezcla inclasificable, que obstruye los rótulos, pero también la razón práctica.
Autoritariamente democráticos, estos líderes rechazan la modernización de los partidos provocando una pobreza programática que influye en el diseño de políticas públicas. Los partidos se deterioran y devienen en meras maquinarias electorales, y los seguidores dejan de ser individuos críticos, dotados de principios e ideas para convertirse en números del marketing político.
En los últimos años, los líderes parecen estar en ascenso y los partidos en decadencia y, sin embargo, las democracias necesitan de ambos para funcionar adecuadamente. La ascensión de los líderes no amenaza necesariamente el funcionamiento democrático de los gobiernos, en tanto y en cuanto las formaciones políticas sigan actuando como maquinarias de producción de programas que aseguran su coherencia, su coordinación y supervisan su implementación. Para ello se requiere que las instituciones del Estado sean capaces de controlarse entre sí y controlar el ascenso del líder. Pero ésta es una de las debilidades de las democracias latinoamericanas, que junto con el deterioro de los partidos como semilleros de dirigentes y maquinarias ideológicas, provoca una baja calidad de la dirigencia.
Los líderes parecen estar en ascenso y los partidos en decadencia y, sin embargo, las democracias necesitan de ambos
En estos contextos, cuando un líder se arroga el poder omnímodo de regular los medios de comunicación, la financiación extranjera a las ONG y se blinda ante la acción de la oposición o se asigna el poder de gobernar por decretos, descalificar a los oponentes o reinventar el pasado, instala en la sociedad la incertidumbre, el cortoplacismo y el culto al personalismo. Gradualmente, la política se vuelve más informal y lo arbitrario se endiosa. La sociedad civil pierde el zenit y queda atrapada por egoísmos, intereses o miedos. Los sindicatos, las fuerzas armadas, la iglesia, las asociaciones empresarias y los medios de comunicación se van polarizando.
¿Qué puede hacerse frente a líderes autoritarios y decadentes? ¿Quién tiene la capacidad de educarlos? Un académico británico, Anthony Seldon, afirmó, frente a recientes actos de corrupción de los parlamentarios, que los ciudadanos tendrían que ser más activos y hacer más por mejorar y proteger los sistemas democráticos. Ciertamente, deberíamos sentirnos responsables y culpables de alimentarnos de movilizaciones desorganizadas que echan presidentes, pero que son incapaces de controlar a funcionarios corruptos e ineficientes anclados en todos los niveles de gobierno.
Una de las soluciones, o al menos un primer paso, es fomentar una sociedad civil que promueva el cambio a través de la condena legal, social y política. Hacer sentir que no todo vale y que una buena política social no puede obnubilar los comportamientos antidemocráticos. La ciudadanía tiene que estar en alerta permanente en lugar de dormitar y despertar cuando la crisis ya está garantizada. Vedar a los líderes corruptos y autoritarios no debería ser tan difícil, pero exige una participación democrática más activa, constante y responsable de la sociedad. No una reacción espontánea y desorganizada, sino una revisión analítica de sus logros reales y de sus mentiras, reproducidas por medios cooptados y por manifestaciones masivas manipuladas.
TWITTER: TERROR DE LOS AUTÓCRATAS
Febrero 2011
Walter Isaacson
De Polonia a China pasando por Egipto, el flujo libre de información es el oxígeno de la democracia.
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La incertidumbre sobre el futuro de Egipto es objeto de debate: ¿Lo que estamos presenciando es Teherán en 1979 o Praga en 1989? ¿Está Egipto en el umbral de una teocracia o una democracia? La verdad es que no hay forma de saberlo. En cualquier caso, la marea de mensajes SMS, correos electrónicos, comentarios de Facebook, tweets y vídeos de YouTube que sigue saliendo de Egipto me recuerda al samizdat, la literatura popular e ilegal que circulaba de forma clandestina por la antigua Unión Soviética durante la guerra fría.
La tecnología digital está teniendo una influencia en nuestra política sin igual desde que Gutenberg contribuyera, con su prensa de imprimir, al inicio de la Reforma protestante en Europa. Estamos ante una revolución que lleva 20 años fraguándose. En 1989, yo estaba en Europa del Este, informando sobre la desintegración del imperio soviético para Time. Cuando llegué a Bratislava, me pusieron en un hotel en el que se alojaban los extranjeros y que era uno de los pocos lugares con televisión por satélite. Una de las camareras me preguntó si no me importaba prestar mi habitación por las tardes para que la usaran chicos que, al salir del instituto, iban a ver MTV y los demás canales de vídeos musicales. Dije que por supuesto, y decidí volver pronto para conocer a los estudiantes. Sin embargo, cuando llegué, no estaban viendo MTV. Estaban viendo los informativos internacionales que mostraban los disturbios en los astilleros de Gdansk, en Polonia.
Vi algo semejante 10 años después en Kashgar, una ciudad oasis en el oeste de China. Al fondo de un pequeño café en una calle sin asfaltar, había tres jóvenes sentados ante un ordenador. Les pregunté qué hacían. Estaban en internet, dijeron. Teclee varias páginas de noticias. Estaban bloqueadas. Uno de los chicos me apartó con el codo y escribió algo que no pude ver. Las páginas de noticias aparecieron. Le pregunté cómo lo había hecho. Oh, respondió, sabemos cómo pasar a través de servidores proxy de los que los censores no tienen ni idea.
Internet no es más que la herramienta más reciente a disposición de aquellas personas a las que los autócratas han arrebatado sus derechos y que buscan lo que los habitantes de las sociedades libres toman por descontado: el acceso a la verdad. Los tunecinos emplearon las redes sociales para organizar sus protestas y mostrar pruebas de los abusos de poder del régimen de Ben Alí. En Egipto, los mensajes, fotos y vídeos de las calles de El Cairo recorren el mundo de forma instantánea gracias a la tecnología móvil. Los intentos del régimen de cortar la conexión a los servidores de internet, que no tuvieron más que un éxito parcial, recuerdan a la época en la que la Unión Soviética provocaba interferencias en la señal de la Voz de América y Radio Europa Libre durante la guerra fría. El intento de impedir la libre circulación de informaciones veraces y fiables -el "oxígeno de la democracia"- es un síntoma inequívoco de miedo.
Las emisiones en inglés de Al Yazira, el canal de 24 horas de noticias que emite desde Qatar, están recibiendo alabanzas de los especialistas en medios de comunicación por su amplia cobertura de los acontecimientos sobre el terreno. Alhurra TV, el canal internacional financiado por Estados Unidos, también ha alcanzado su madurez con esta crisis. Las visitas diarias a Alhurra.com se incrementaron un 540% entre el 23 y el 30 de enero. En los últimos días, los líderes de los partidos egipcios de oposición -Wafd, Ghad y el Movimiento para el Cambio (Kefaya)- han recurrido a la cadena para transmitir sus mensajes a los espectadores.
Estados Unidos financia Alhurra y otros canales internacionales con el fin de apoyar los mismos objetivos de democracia y respeto a la sociedad civil que constituyen el centro de las demandas de los manifestantes en todo Oriente Medio. Es lo que EE UU ha hecho durante los últimos 70 años y lo que necesita seguir haciendo. Hace dos años, un hombre preparado para ser terrorista suicida llamó a la popular emisora afgana de Radio Europa Libre y desertó de los talibanes en directo, en plena emisión. Dijo que el mérito de que hubiera cambiado de opinión era de la cadena de radio, por su respeto a la diversidad de opiniones.
Nuestros medios de comunicación han cambiado. En los 50, lanzábamos globos meteorológicos con panfletos que contenían noticias del mundo exterior al otro lado del Telón de Acero, sobre Polonia, Hungría y Checoslovaquia. Hoy, ayudamos a que la información circule libremente usando complejas herramientas anticensura como transmisiones por satélite, códigos encriptados y servidores proxy para eludir los cortafuegos de internet.
Independientemente del medio y de la época, la idea es la misma. Los medios de comunicación libres funcionan. La información veraz permite a los ciudadanos construir un mundo más democrático y lleno de esperanza.
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