jueves, 26 de mayo de 2016

GEOPOLITICA DEL TERROR

BENIGNO BENAVIDES NIETO

En el contexto político y económico internacional, el siglo XXI está marcado desde su inicio por los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, que fue el punta pie para el inicio de la llamada «Guerra contra el terrorismo» iniciada por Estados Unidos.
Esta campaña militar, inició la Guerra de Afganistán en 2001 y fue la responsable de la invasión y posterior Guerra de Irak, en el año 2003 y la caída de Sadam Hussein. También este nuevo siglo marca lo que podría ser una nueva guerra fría entre la Federación Rusa y los EE.UU., dado que el sistema antimisiles de Estados Unidos desplegado en Europa Oriental está provocando un nuevo desarrollo de misiles balísticos de última generación en Rusia como respuesta. El nuevo siglo, también está marcado por la crisis económica de 2008, de alcance global, que continúa hasta nuestros días y el ascenso económico de China; y por la inestabilidad en oriente, llamada Primavera Árabe, una serie de protestas, conflictos e incluso intervenciones militares por el control mundial de los recursos energéticos en los países de Oriente Medio, destacando las Guerra de Libia de 2011 y la Guerra Civil Siria y la creación de un califato generando en el medio oriente el choque entre suníes y chiitas, el avance del proceso de integración de la Unión Europea (UE) consolidad a pesar de las grandes crisis de algunos de sus miembros, sin descartar la Crisis de Ucrania con intenciones de ingresar a la UE, con la secuela y respuesta de Rusia, jugando a la desintegración de Ucrania como Estado independiente.
El espiral de la historia, recapitula creándose condiciones muy parecidas a la que diera lugar al estallido de la Primera Guerra Mundial, con el asesinato del Archiduque Fernando en Sarajevo, parece ser que la historia se repite, pero con algunas variantes y otros actores.
También podemos decir que el relativismo cultural desafía la idea de que existen creencias verdaderas, comunes a varias sociedades. Es decir, afirma que todas las creencias son diferentes y pueden ser verdaderas dependiendo de la sociedad, como por ejemplo, la cultura árabe hay que analizar sus creencias bajo la concepción de su cultural y no bajo la concepción creencias de la cultura occidental, que es el grave error que se comete, o la creencia entre ellos con respecto al Islam, hay discrepancias suníes y chiitas y la gama variaciones de la creencia del Islam entre los musulmanes y lo diverso entre persas y árabes y ello, trasciende entre lo ideológico, religioso y lo político en una totalidad concreta, que es el fundamentalismo musulmán
La audaz decisión del presidente Obama de encabezar una coalición de países para degradar, contener y derrotar al grupo Estado Islámico en Siria e Irak mediante una combinación de instrumentos militares y políticos es, en principio, sensata, pero tiene muchas probabilidades de sufrir un grave problema que ya ha afectado a otras campañas de ese tipo.
La mezcla del poder militar de varios países de todo el mundo y el poder político de los Gobiernos árabes locales necesarios para apuntalar la intervención y lograr vencer al Estado Islámico (ISIS) es exactamente lo que engendró la aparición de Al Qaeda en los años ochenta del siglo pasado y sus derivados posteriores: el Estado Islámico de Irak y el Levante y el Estado Islámico (ISIS) actual. Estados Unidos y sus socios militares en Oriente Próximo y otros lugares se enfrentan a dos complejos dilemas que no tienen respuesta fácil.
Por una parte, la unión del militarismo estadounidense con los regímenes autocráticos de la región (en su mayoría, árabes) podrá contener y debilitar al EI a corto plazo, pero la historia reciente nos enseña que, a la larga, es muy probable que cree otros grupos nuevos, más dispersos y más peligrosos de combatientes y terroristas.
Por otra, no hay muchas otras opciones (y ninguna sencilla) para contener hoy al ISIS antes de que se extienda más y cause más daños en la región, por lo que parece que no queda más remedio que repetir las discutibles vías de acción de los últimos 20 años de guerra contra Al Qaeda y sus sucesores.

El punto más débil de la coalición de Obama lo constituyen sus miembros árabes, que son, todos ellos, Estados autocráticos y paternalistas, con una serie de bochornosas características en común: Se resisten a emplear sus formidables arsenales militares en la lucha contra el ISIS, ya sea por miedo a las consecuencias políticas o por inconvenientes técnicos.
Se arriesgan a graves problemas con la opinión pública de sus respectivos países, que tiene muchas dudas sobre una alianza con el Ejército de Estados Unidos. Los abusos que cometieron ellos contra algunos presos en sus cárceles incubaron el nacimiento de Al Qaeda en los años ochenta.
Su mala gestión constante del desarrollo social, económico y político durante los últimos 40 años ha sido el principal motivo de agravio que desencadenó la aparición del islamismo y la emigración masiva a partir de los años setenta, el retroceso del Estado en ciertos ámbitos sociales y el nacimiento de milicias, grupos tribales y bandas criminales como nuevos y peligrosos elementos de la sociedad. Los aviones de combate y las cárceles son el problema que ha hecho añicos el mundo árabe
El símbolo más preocupante de lo difícil que es para los regímenes árabes luchar contra el ISIS y otros fenómenos del mismo tipo es el hecho de que las cárceles árabes fueron, en los años ochenta y noventa, los semilleros de los que salieron muchos de los primeros militantes y líderes de Al Qaeda. Entre ellos están Ayman al Zawahiri en Egipto, que fue mano derecha de Osama bin Laden y le ha sustituido al frente de la organización, y Abu Musab Zarqaui en Jordania, que fue a Irak después de que la coalición dirigida por Estados Unidos derrocara a Sadam Husein y estableció Al Qaeda en Mesopotamia, de la que después surgieron el Estado Islámico de Irak y el Levante y el EI actual.
Las prisiones de los regímenes árabes de mayoría suní son una muestra importante de los malos tratos y las humillaciones que experimentan muchos presos, en especial los que están encarcelados por sus opiniones políticas, y no por sus delitos. Sus experiencias les empujan después a luchar para acabar con sus respectivos Gobiernos, como parte del objetivo de Al Qaeda de purificar las tierras islámicas y limpiarlas de gobernantes apóstatas y corruptos.
El hecho de que decenas de miles de egipcios, sirios, iraquíes, sudaneses y otros árabes se encuentren hoy en prisión, acusados muchas veces de delitos dudosos —por ejemplo, muchos en los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo que están en la cárcel por tuitear comentarios críticos sobre sus Gobiernos—, indica que la autocracia árabe sigue caracterizando a la región y la perjudica porque es un motor que alimenta el radicalismo y el terrorismo árabe.
La incompetencia y el sesgo dictatorial de las clases dirigentes familiares han creado durante decenios las condiciones perfectas para que se produjeran rebeliones internas como las que estallaron en 2011 en la primavera árabe y han dado pie involuntariamente a organizaciones islamistas como Al Qaeda.
Cuando eso se une a una intervención militar extranjera, el resultado es siempre la aparición de un caos en el que suceden tres cosas: Los Gobiernos centrales retroceden, se debilitan y se vuelven más corruptos e ineficaces. La identidad y la autoridad nacionales acaban sustituidas por unas fuerzas armadas subnacionales, definidas en función de la familia, la tribu, la secta o la etnia.
La protesta política civil y la construcción del Estado ceden terreno ante los choques armados entre milicias sectarias y tribales y grupos combatientes que acaban por crear sus propios feudos. La autocracia árabe perjudica a la región porque es un motor que alimenta el radicalismo. La expansión del EI en el último año y su proclamación como Estado y califato responden a este modelo y son el ejemplo más espectacular y el de mayor amplitud territorial (aunque no el único) desde los años ochenta.
Los aviones de combate y las cárceles son el problema que ha hecho añicos el mundo árabe moderno y no pueden ser la solución. No cabe duda de que una intervención rápida hará retroceder al EI en muchas zonas y seguramente eliminará el peligro inmediato. Pero si nos guiamos por los acontecimientos ocurridos desde la
invasión soviética de Afganistán en 1979 y la presencia de EE UU en el Golfo e Irak desde 1992, lo que se avecina es, de nuevo, un gran caos.
No existe más que un antídoto a largo plazo, que es un lento proceso de una construcción del Estado más coherente, participativa, equitativa y sostenible, cosas que no han sido los últimos 40 años de historia árabe.
Los intentos norteamericanos y europeos de promover este noble propósito en Afganistán, Irak, Yemen, Libia, Egipto y otros países han fracasado porque nunca han tenido verdaderamente en cuenta a los ciudadanos locales como partes interesadas en su propia identidad nacional y su bienestar socioeconómico.
Los ataques militares desde el exterior —incluidos los ataques actuales que lleva a cabo Estados Unidos con aviones no tripulados— han hecho que los grupos como Al Qaeda hayan pasado en los últimos 25 años de tener unos cuantos centenares de miembros en Afganistán a tener decenas de miles y estar presentes en una docena de países de toda la región.
Estos grupos, en especial su encarnación más reciente, el ISIS, siguen siendo unas bandas brutales con escasas raíces locales y que imponen su voluntad mediante la violencia y la intimidación. Las únicas que pueden eliminarlos son las fuerzas oficiales de cada Estado, con la ayuda táctica de otros países y, sobre todo, con unos Gobiernos árabes que no humillen a su pueblo, sino que lo respeten. Esa sí sería una coalición eficaz y magnífica.
Interdependencia compleja

En relaciones internacionales, la idea de interdependencia compleja es una teoría de Robert Keohane y Joseph Nye que los Estados y sus fortunas están inseparablemente unidos. El concepto de interdependencia económica fue popularizada por la obra de Richard Cooper. Con su constructo analítico de interdependencia compleja en su crítica del realismo político, «Robert Keohane y Joseph Nye van un paso más allá y analizan como la política internacional es transformada por la interdependencia» (Crane & Amawi 1997: 107-109). Los teóricos reconocen que las diversas y complejas conexiones transnacionales e interdependencias entre estados y las sociedades fueron en aumento, mientras que la fuerza militar y el equilibrio de poder decreciendo, pero manteniéndose en un nivel importante. Al hacer uso del concepto de interdependencia, Keohane y Nye (1997: 122-132) también hacen la diferencia entre interdependencia y dependencia al analizar el rol de poder en política y en las relaciones entre los actores internacionales.
A partir de tales postulados se elabora un modelo ideal de la política mundial opuesto al modelo característico del realismo político. Es el modelo que llaman de interdependencia compleja.[1] La realidad internacional en la mayoría de los casos responderá, según Nye y Keohane, a una situación intermedia entre ambos modelos, lo que no impide la necesidad del modelo de interdependencia compleja en orden a analizar adecuadamente esa realidad.

Este modelo tiene tres características principales:
1.       La existencia de múltiples canales conectando las sociedades. Estos canales serían las relaciones interestatales, transgubernamentales y transnacionales.
2.       La agenda de las relaciones interestatales consiste en múltiples problemas que no están ordenados en una jerarquía clara y consistente. Esta ausencia de jerarquía entre los problemas significa, entre otras cosas, que la seguridad militar no domina consistentemente la agenda. Muchos problemas surgen de lo que normalmente se considera política interior y la distinción entre problemas internos y externos se diluye.
3.       La fuerza militar no es utilizada por los gobiernos, respecto de otros gobiernos dentro de la región o respecto de los problemas, cuando prevalece la interdependencia compleja. Puede, sin embargo, ser importante en las relaciones de estos gobiernos con otros externos a la región o respecto de otros problemas. Nye y Keohane argumentan también el declinamiento del uso de la fuerza militar como una herramienta política para incrementar otras formas de interdependencia, lo que aumenta la probabilidad de cooperación entre estados.
Estas tres características de la interdependencia compleja originan procesos políticos distintos, que traducen los recursos de poder en poder como control de resultados. Los objetivos variarían también en función de las áreas de problemas al igual que la distribución de poder.


PODER E INTERDEPENDENCIA


Keohane y Nye :

Vivimos en la era de interdependencia en economía, comunicaciones y el campo de las  aspiraciones humanas. Asimismo la interdependencia militar siempre ha existido y todavía es importante.
Durante la guerra fría el slogan “seguridad nacional” empleaban todos los líderes políticos  norteamericanos con el fin de lograr apoyo para sus políticas. La seguridad nacional era el objetivo nacional primario dado que en el sistema internacional las amenazas eran  constantes. No obstante esta perspectiva fue declinando dado a otros factores como la  competencia económica externa y los conflictos distributivos.
La anarquía reina en el sistema internacional, pero no es la misma resultante (no siempre
igual como los realistas).
Dependencia significa un estado que está afectado por lo externo, más mercantilista. En  cambio Interdependencia significa dependencia mutua, donde hay efectos recíprocos  entre países o actores. Es decir costos mutuos y beneficios (todo relativo), igual no es  necesario que haya beneficios. Esto puede ser por el intercambio de flujos y la tendencia  de sobrepasar las fronteras. Algo importante es que la interdependencia implica costos,  sean directos o intencionalmente. Por eso hablamos de ganancias relativas. Uno modifica  su estado a expensas de otros, pero de manera relativa. Se pierde la noción de  autonomía total.
Poder: ya no es sólo militar, hoy es más complejo. Pasa tanto por lo político y lo  económico también. , además también desde los recursos como materias primas. De aquí la interdependencia asimétrica como fuente de poder en el control de los resultados o los  recursos. Igualmente para entender el término de poder hay que recabar en:
·         Sensibilidad: grado de respuesta dentro una estructura sin cambiar mi política. Es  decir que el marco se mantiene invariado. Por ejemplo con la crisis del petróleo,  Estados Unidos y Japón se vieron afectados. No obstante Estados Unidos resultó  menos sensible dado que no dependió tanto de la importación. Es decir, que si  estos dos países tuvieron un incremento en el precio, y uno puede recurrir a  fuentes internas, el otro país no sólo será más sensible sino más vulnerable.
·         Vulnerabilidad: se debe modificar las políticas pero aún mantiene desventaja por  los costos externos. Es más relevante que la sensibilidad. Hay que tener cuidado,  porque una vulnerabilidad de un país ejercida por otro, puede resultar una  contraestrategia.
Interdependencia compleja: un tipo ideal.
Dicen que la teoría realista podría refutarse: hay más actores que los Estados, lo militar  no tiene tanto peso y predomina la violencia. Bueno la interdependencia compleja dice:
Canales múltiples: conecta las sociedades. Ya sean nexos informales entre élites  gubernamentales, agencias, actores no gubernamentales. Además relaciones  interestatales (los realistas), relaciones transgubernamentales (Estados no tan  unidades) y relaciones trasnacionales (otros agentes). Por ejemplo los bancos y  las empresas. Actúan como correas de transmisión. En la era de la comunicación  esto ha multiplicado. ESTADOS DESAGREGADOS.
·         Agenda de las relaciones interestatales como múltiples temas: ausencia de  jerarquía de temas. La seguridad militar no es el principal. Son amplias y diversas.  Problemas energéticos, recursos, medio ambiente, población, entre otros.
·         Fuerza militar no es empleada por los gobiernos contra otros gobiernos cuando  hay interdependencia compleja. Por ejemplo Francia ha abandonado la estrategia  de defensa en todas las direcciones. Algunos países han proscripto la lucha  armada entre sí. Igualmente hoy puede también ser utilizado como amenaza. Procesos políticos en la interdependencia compleja: recursos de poder en control de  resultados, predictibilidad. Las metas entre los Estados variará según las áreas. Hay algo  que se llama estrategia de vinculación (instrumentos): a los Estados militarmente fuertes  se les hará difícil un dominio total para controlar los resultados, y los procesos varían  según la distribución de recursos (por ejemplo un país con mucho petróleo). Con el poder  económico pueden incidir, pero los Estados pobres pueden incidir, y van a intentar utilizar  la interdependencia asimétrica en donde sean fuertes y puedan vulnerar. Los organismos  internacionales funcionan como un elemento de vinculación gratuito a diferencia de lo militar.  El eslabonamiento en el proceso complejo, se puede dificultar y hacer que la agenda sea  más vaga en vez de jerarquizarla.


Geopolítica del Siglo XXI

EL ANÁLISIS GEOPOLÍTICO
.
Desde una perspectiva epistemológica, el análisis geopolítico opera mediante abstracciones, y las abstracciones científicas son generalizaciones que elaboran los individuos mediante el pensamiento, abstraídas del carácter concreto y directo de los fenómenos que son objeto de estudio. En otros términos, el punto de partida del análisis geopolítico, como el de todo conocimiento que se pretende científico, es la realidad objetiva.
En el proceso de abstracción, el análisis geopolítico no se aparta de la realidad, sino que penetra en su interior, partiendo del fenómeno observado para llegar a la esencia.
En el proceso del análisis geopolítico, el pensamiento arranca desde lo visible y concreto –es decir, desde los hechos políticos, sociales, económicos, culturales y estratégicos- para llegar a lo abstracto, desintegrando el fenómeno en estudio en sus partes y aspectos integrantes. Ello permite designar en sus características los elementos esenciales, al mismo tiempo que cada aspecto se examina por separado, para a continuación examinar esos distintos aspectos en su interacción. De este modo, en el proceso del análisis geopolítico se produce el desmembramiento del objeto de estudio, primer momento al que le sucede la explicación teórica de las particularidades del mismo, de manera de lograr las abstracciones más generales y útiles para el estudio del objeto de la investigación en su integralidad y en su dinámica evolutiva.
En el análisis geopolítico cabe distinguir a los factores permanentes o estructurales, tales como el territorio, el espacio y su interrelación; el espacio-tiempo; la posición, en términos de centralidad y periferia; la localización; las escalas del espacio-territorio; las redes, líneas y puntos dentro del espacio-territorio; el poder y la potencia insertos en los espacios y territorios; y las arenas del poder; de los factores dinámicos, tales como las tendencias centrífugas y centrípetas; la conciencia y representación del espacio-territorio; la apropiación del territorio y los espacios; las áreas de influencia; y la polaridad autonomía-dependencia.

En síntesis, lo geopolítico es relacional, es decir, está asociado al estudio de determinadas formas de relación espacio-hombre y hombre-hombre en el espacio, en términos que implican la apropiación (material, mental y virtual) de los territorios y espacios.