El
poder real de Estados Unidos
La ‘era americana’ no ha
concluido, pero va a experimentar cambios importantes
JOSEPH S. NYE
13 MAR 2015 - 00:00 CET
En la historia moderna ningún
país ha tenido tanto poder militar mundial como los Estados Unidos y, sin embargo,
ahora algunos analistas sostienen que este país está siguiendo los pasos de
Reino Unido, el último país hegemónico en el mundo que terminó decayendo. Esa
analogía histórica, aunque resulta cada vez más popular, es engañosa.
Gran Bretaña nunca fue tan
predominante como los EE UU en la actualidad. Desde luego, mantuvo una armada
cuyo tamaño equivalía a las dos flotas siguientes combinadas y su imperio, en
el que nunca se ponía el sol, gobernó a una cuarta parte de la humanidad, pero
había muchas diferencias entre los recursos de poder relativos de la Gran
Bretaña imperial y la de los Estados Unidos contemporáneos. Al estallar la
Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña ocupaba sólo el cuarto puesto entre las
grandes potencias en cuanto a personal militar, el cuarto en PIB y el tercero
en gasto militar.
El Gobierno del imperio
británico dependía en gran parte de tropas locales. De los 8,6 millones de
soldados británicos en la Primera Guerra Mundial, casi una tercera parte
procedía del imperio de ultramar, por lo que, cuando empezaron a intensificarse
los sentimientos nacionalistas, al Gobierno de Londres le resultó cada vez más
difícil declarar la guerra en nombre de un imperio.
Cuando se produjo la Segunda
Guerra Mundial, la protección del imperio se había vuelto más una carga que un
activo. El hecho de que Reino Unido estuviera situado tan cerca de potencias
como Alemania y Rusia le resultó aún más grave.
Pese a lo mucho —y poco
rigurosamente— que se habla de un “imperio americano”, la realidad es que Estados
Unidos no tienen colonias que deban administrar y, por tanto, dispone de una
mayor libertad de maniobra que Reino Unido de entonces y, como está rodeado de
dos océanos y no tiene vecinos amenazadores, le resulta mucho más fácil
protegerse.
El Gobierno del imperio
británico dependía en gran parte de tropas locales
Esto último tiene relación con
otro problema que plantea la analogía con un país hegemónico mundial: la
confusión sobre lo que de verdad significa el término “hegemonía”. Algunos
observadores equiparan ese concepto con el de imperialismo, pero EE UU es una
prueba clara de que un país hegemónico no ha de tener necesariamente un imperio
propiamente dicho. Otros definen la hegemonía como la capacidad para establecer
las normas del sistema internacional, pero sigue sin estar claro cuánta
influencia en ese proceso debe ejercer el país hegemónico respecto de otras
potencias.
Otros más consideran que
“hegemonía” es sinónimo de control del mayor número de recursos de poder, pero,
conforme a esa definición, no se podía considerar hegemónica a la Gran Bretaña
del siglo XIX, que en el apogeo de su poder en 1870 ocupaba el tercer puesto
por su PIB (detrás de Estados Unidos y Rusia) y el tercero en gasto militar
(detrás de Rusia y Francia), pese a su predominio naval.
De forma similar, quienes
hablan de la hegemonía americana a partir de 1945 no tienen en cuenta que la
Unión Soviética tuvo un poder militar equiparable al de los EE UU durante más
de cuatro decenios. Aunque este último país tenía un poder económico
desproporcionado, su margen de maniobra político y militar estaba limitado por
el poder soviético.
Algunos analistas califican el
período posterior a 1945 de orden jerárquico encabezado por Estados Unidos con
características liberales, en el que los EE UU brindaban bienes públicos dentro
de un sistema poco rígido de normas e instituciones multilaterales que dejaba
voz y voto a otros Estados más débiles. Señalan que para muchos países puede
ser racional preservar el marco institucional, aun cuando los recursos de poder
de los Estados Unidos decaigan. En ese sentido, el orden internacional
encabezado por Estados Unidos podría sobrevivir a la primacía americana en
materia de recursos de poder, aunque muchos otros sostienen que el surgimiento
de nuevas potencias augura el fin de dicho orden.
Pero, por lo que se refiere a
la era de una supuesta hegemonía de los EE UU, siempre ha habido mucha ficción
mezclada con la realidad. Más que un orden mundial, fue un grupo de países con
una mentalidad similar, la mayoría de ellos situados en el continente americano
y en la Europa occidental, que comprendía menos de la mitad del mundo y sus
efectos para con los que no eran miembros de él —incluidas potencias
importantes como China, India, Indonesia y el bloque soviético— no siempre
fueron benignos. En vista de ello, sería más preciso llamar “semi hegemonía” la
posición de Estados Unidos en el mundo.
Está por ver que los cambios
aumenten o no la seguridad y la riqueza globales
Naturalmente, este país
mantuvo sin duda el predominio económico a partir de 1945: con la devastación
de la Segunda Guerra Mundial en muchos países, EE UU producía la mitad del PIB
mundial. Esa situación duró hasta 1970, cuando su participación en el PIB
mundial bajó hasta el nivel anterior a la guerra, es decir, la cuarta parte,
pero, desde un punto de vista político o militar, el mundo era bipolar, pues el
poder de la Unión Soviética era equiparable al de Estados Unidos. De hecho,
durante ese período hubo ocasiones en las que este último país no pudo defender
sus intereses: la Unión Soviética consiguió armas nucleares, los comunistas
conquistaron el poder en China, Cuba y la mitad del Vietnam, la guerra de Corea
acabó en punto muerto y las rebeliones de Hungría y Checoslovaquia fueron sofocadas.
Sobre ese telón de fondo, la
de primacía parece una descripción más precisa de la desproporcionada (y
mensurable) parte de poder correspondiente a un país en las tres clases de
recursos: el militar, el económico y el blando. Ahora la cuestión es la de si
la era de la supremacía de Estados Unidos está tocando a su fin.
Dada la imprevisibilidad de la
evolución de los acontecimientos mundiales, resulta imposible, naturalmente,
responder a esa cuestión de forma rotunda. El ascenso de fuerzas transnacionales
y actores no estatales, por no hablar de potencias en ascenso como China,
indica que se perfilan grandes cambios en el horizonte, pero sigue habiendo
razones para creer que, al menos en la primera mitad de este siglo, Estados
Unidos conservará su primacía en materia de recursos de poder y sigue
desempeñando un papel fundamental en el equilibrio mundial de poder.
En una palabra, si bien la era
de la primacía de EE UU no ha concluido, va a experimentar cambios importantes.
Lo que está por ver es si esos cambios aumentarán la seguridad y la prosperidad
mundial o no.
Joseph S. Nye es profesor en
la Universidad de Harvard, presidente del Consejo del Programa Mundial sobre el
Futuro de la Gobernación, del Foro Económico Mundial, y autor de Is the
American Century Over? (¿Se ha acabado el siglo americano?).
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